En junio, la hoz en puño

1) Piris, Becerril, Pellejero, José Jiménez Blanco (directivo delegado), Ramoní, Larrabeiti y Mesa_ Vicente, Vázquez, Carranza, Loren, Benavídez, Arsenio y Antonio Bombillar (masajista).
Piris, Becerril, Pellejero, José Jiménez Blanco (directivo delegado), Ramoní, Larrabeiti y Mesa_ Vicente, Vázquez, Carranza, Loren, Benavídez, Arsenio y Antonio Bombillar (masajista)
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Los éxitos y los fracasos futbolísticos de un club se cocinan a lo largo de toda una temporada pero suelen servirse en junio, sobre todo desde que en las competiciones participa un mayor número de clubes. Es en junio cuando se siega el cereal y se recogen las cosechas, los frutos de una buena o una mala planificación que, por eso mismo, pueden ser dulces o amargos (si junio viene solano, se va el fruto de las manos).

Por ser junio el mes en el que todo acaba futbolísticamente hablando, suele venir muy cargado de efemérides y conmemoraciones hinchísticas. El Granada CF sin ir más lejos tiene en su historia varios acontecimientos que ocurrieron en un día de junio y que son dignos de recordarse, aunque, como el club modesto que es y siempre fue, abundan en esa historia también los muy olvidables, verbi gratia, un 17 de junio de 1945 probó el amargo trago de su primer descenso, en Madrid frente al Celta en la promoción, y otro 17 de junio pero de treinta y cuatro años después, 1979, en una tarde infernal (de calor y también de alguna conducta diablesca que no se puede contar ni demostrar, sólo se puede sospechar) perdió en Sevilla en el último choque liguero un ascenso a primera que sólo cuatro partidos antes se daba por hecho. En junio también sucedieron los distintos fracasos en sucesivas liguillas de ascenso –hasta cuatro- con las que intentar salir del negrísimo pozo de la 2ªB en los años noventa. También de junio son dos chascos más en sendas fases de ascenso, ya en la primera década del siglo actual, cuando el club rojiblanco había tocado fondo y andaba más hundido que nunca, en la cuarta categoría del fútbol patrio.

En la particular historia del club de nuestros amores hay hasta una fecha en sus anales escrita en negro negrísimo y que simboliza el que quizás sea el mayor batacazo de su historia. Es la del 25-J, o sea, el 25 de junio del año 2000, también conocido como “el murcianazo”. Esa calurosísima y gris tarde se puede decir que marcó un antes y un después en la historia del club y, para el granadinismo, 25-J es sinónimo de tragedia futbolera, pero lo cierto es que hay en la historia rojiblanca tres veinticincojotas más. Y todos eran cruciales por lo que estaba en juego. De los cuatro hay dos muy malos: el susodicho murcianazo, de 2000, y otro muy anterior, de 1967, cuando en Los Cármenes en el partido de vuelta de promoción el Betis ganó 0-1 (2-0 en la ida) y mandó al Granada a segunda. Pero hay otros dos 25-J que fueron positivos; el primero es de 1989, cuando en la última jornada de una liga desastrosa el Granada ganó en Marbella 2-5 (ustedes disimulen) y se salvó de caer a tercera; el otro también se puede decir que marcó un antes y un después y está todavía muy fresco en la memoria de la hinchada, en 2006, con victoria en la prórroga 3-0 frente al Guadalajara con el que por fin pudo el Granada escapar del pozo airón de tercera en el segundo de los dos únicos ascensos (de trece) logrados ante su hinchada (el otro ocurrió en una fecha tan remota como noviembre de 1934).

La otra cara de la moneda, ésta la buena, la proporcionan los triunfos alcanzados algún día de junio de distintos años, como el ascenso a primera de Almendralejo, un 9 de junio de 1957; o como el ascenso a segunda en Zaragoza de treinta años justos menos dos días después, el 7 de junio de 1987. Muy recientes están los dos ascensos a primera de la década en curso, el de Elche, el 18 de junio de 2011, y el de hace unos días en Mallorca.

Y es también en junio cuando ocurrió la que sigue siendo la mayor gesta futbolera del Granada, el subcampeonato de España, esto es, finalista de Copa el 21 de junio de 1959. Se cumplen ahora 60 años redondos.

Aquel 21 de junio de 1959 en el Bernabéu el Granada fue el comensal pobre que se presenta en una cena de postín a la que en principio no había sido invitado y no va lo suficientemente emperifollado para la ocasión porque le faltan las galas y la costumbre, y tampoco pensaba él mismo verse en otra igual. Ya lo decía una pancarta paseada por los madriles por algunos de los varios miles de granadinos que viajaron a la capital: «Pese a todo, nos veremos en el No-do». El equipo que tenían los rojiblancos enfrente acomplejaba nada más oír su nombre y ver sus caras, era el muy poderoso Barcelona de HH plagado de internacionales, que acababa de ganar la liga y no tuvo rival en el Granada, al que derrotó con facilidad 4-1 y sin tener apenas que esforzarse, como destacan todas las crónicas catalanas. A los diez minutos ya perdían los nuestros 2-0. Un gol de Arsenio dio esperanzas al comenzar la segunda parte, pero duraron lo poco que tardó el Barcelona en marcar dos goles más. Segarra recogió el trofeo de manos del mismísimo Franco mientras a los rojiblancos sólo les quedó mirar y aplaudir. Bueno, aplaudir y también la inmensa satisfacción de, futbolistas modestos como eran todos ellos, verse aquel día en aquel escenario. Y ahí queda para la historia de este club pequeño la proeza de haber llegado a toda una final de Copa del Generalísimo, lo mejor de todo su palmarés, cercano a cumplir los noventa años.

Segarra y Vicente, capitanes de Barcelona y Granada, intercambian obsequios ante la mirada del árbitro Asensi en la previa de la final

La clave de tan brillante trayectoria copera estuvo en el banquillo, donde Jeno Kalmar supo dar a un equipo bastante veterano un aire completamente distinto desde su incorporación para sustituir a Scopelli a falta de un tercio de calendario para terminar la liga. Fundamental resultó también el fichaje del ariete Carranza para la recta final. Con el húngaro dirigiendo y el argentino en punta, unidos a que hubo suerte y las tres primeras eliminatorias fueron frente a equipos de segunda, en los diez partidos de copa que jugó el Granada marcó más goles que en las treinta jornadas que duraba por entonces la liga en Primera División, una liga rojiblanca mediocre tirando a mala en la que después de la hazaña de llegar a la final de copa todavía tuvo nuestro equipo que salvar la máxima categoría superando en la promoción al Sabadell, que había tenido que esperar dos meses para ver como un Granada en plena progresión le pasaba por encima con un 5-0 inapelable en Los Cármenes y un empate a un gol en la vuelta.

Van a venir hasta los gitanos del Sacromonte, comentó los días previos Gilera en el diario madrileño Pueblo. «Todo lo que tiene ruedas quiere ir a Madrid» fue un titular de la prensa granadina, cuenta Ramón Ramos en “Los finalistas del 59”. Y así fue. A Madrid viajó todo aquel que pudo, unos diez mil granadinos entre los que no faltó el hincha rojiblanco número uno por excelencia: Antoñico. Unos en tren botijo, otros, los más, en autobús, y otros en coches particulares, pero los hubo también -y no pocos- que se metieron entre pechos y espaldas los 430 kilómetros (otros tantos a la vuelta) que hay hasta la capital a lomos de una Vespa, y hasta algunos se animaron a completar el trayecto en bicicleta, sin que conste si llegaron o no. Singular resultó la odisea de tres paisanos que quisieron viajar a Madrid en un Biscúter prestado; y el caso es que no eran futboleros y lo que pretendían era ir a la Feria del Campo, que se celebraba por aquellos días en la Casa de Campo, y a ver el Valle de los caídos, inaugurado sólo dos meses antes, pero no pasaron de Manzanares y tuvieron que ser rescatados casi una semana después por la Benemérita junto a la chatarra en que se había convertido su vehículo, demacrados y en lamentable estado después de sufrir mil averías y calamidades sin cuento.

El selecto (Ideal de 21/06/1959) y numeroso público asistente a las dos sesiones inaugurales del VIII Festival Internacional de Música y Danza que salía de madrugada de presenciar en el Palacio de Carlos V la actuación de la Orquesta Nacional dirigida por Igor Markevitch, el sábado de la víspera y el mismo domingo, se encontró con que no le habían dejado para volver a sus domicilios más coche que el de San Fernando, y así, a pata, tuvieron que bajar a la ciudad, enjoyadas y con sus tiros largos por las cuestas, porque todos los taxis y autobuses estaban en esos momentos en Madrid.

Chiste de Miranda en Ideal de 23-06-59

En Granada una semana antes habían terminado las fiestas del Corpus y no hacía mucho que habían sido suprimidos los tranvías urbanos, sustituidos por autobuses de color rojo. También estaba muy reciente el traslado de la columna con la Inmaculada en su remate desde su emplazamiento anterior, actual plaza de la Libertad, hasta el lugar que ocupa ahora, aunque los jardines del Triunfo todavía no habían sido trazados. Y mientras, la ciudad, de 150.000 habitantes, empezaba a desparramarse por la Vega, trocando el frescor y los inigualables paisajes de antaño por la asfixia, la fealdad y el adocenamiento de ogaño.



Comentarios

3 comentarios en “En junio, la hoz en puño

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    José Luis Entrala

    Tienes el acierto y la virtud de hacerme recordar cosas que tenia medio olvidadas y otras que no conocía. Y aqui lo haces por medio de un ejercicio de cronología rojiblanca que merece un máster de investigación futbolera. ¡Esos 25J y esa final de la Copa! En mi ya débil memoria mezclo la desilusión del segundo tanto del Barsa al cuarto de hora de juego, y que era la historia de una derrota anunciada, con lo que me contó muchos años después el presidente Luis Rivas que había preparado algunas informaciones sobre Granada y el Granada por si Franco le preguntaba en el palco de honor de Chamartin y que no tuvo ocasión de contarle porque el jefe del Estado no se dignó preguntarle nada.

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      JL Ramos Torres

      Muchas gracias, José Luis.

    • Enorme, Alli estuve y es uno de los recuerdos mas maravillosos de mi vida. Mi padre francisco, natural de santa fé me llevo a Chamartín a mí un niño de 9 años junto a mis tios. Increible, y todo despues de haber estado semanas antes en el mismo escenario viendo la victoria sobre el Valencia en tercer partido de desempate para abrirnos paso a la final.
      Grande Granada. ENORMES Y HERMOSOS recuerdos.

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