El ‘please’ siempre por delante

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Exterior de un bonito y típico pub inglés | Foto: Wikipedia
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Nací en Jaén, residí y trabajé en Algeciras, estudié en Málaga, viví en Granada y ahora por circunstancias de la vida estoy en Inglaterra. Ese sería mi resumen de vida por lugares. Mi amigo y excompañero de redacción de periódico Guillermo Ortega, ahora redactor jefe en GranadaDigital, me propuso hace unas semanas que podía tener su punto compartir experiencias y comparar las costumbres «de tu Andalucía natal y tu Inglaterra adoptiva». Después mi editora -mi mujer- fue la primera en animarme. Y casualidades o no, hace tiempo que llevaba dándole vueltas a la cabeza a hacer algo así e incluso alguna idea estaba por ahí anotada, pero nunca encontré el tiempo y el lugar.

Ahí estaría el interés de escribir estos artículos. Faltaría la objetividad y la actualidad para completar el ciclo de una pieza periodística de rigor, pero aquí voy a fallar. No voy a ser objetivo porque voy a hablar desde la realidad, pero también inventaré y exageraré. Tampoco va a ser actual, básicamente porque tras más de una década trabajando en medios de comunicación, me declaro felizmente desinformado, o mejor dicho, informado de lo que me apetece. Me perdí, como la mayoría de los ingleses, en la temporada sexta del Brexit, cuando la exprimera ministra de Inglaterra dijo «Brexit means Brexit». No albergo demasiadas esperanzas en el actual primer mandatario, Boris Johnson, porque no creo que un tipo con problemas para administrarse su pelo pueda gestionar una movida como la de salir de Europa.

Eso serían los principios, aunque ya saben lo de Groucho Marx: que «también tengo otros», que me planteo para escribir del país, posiblemente, más políticamente correcto del mundo y en el que me encuentro feliz. Sé que me meto en arenas movedizas porque los oriundos tienen/tenemos una especial sensibilidad con nuestra tierra. Vamos, que podemos haber nacido en el pueblo más horroroso del mundo y decir «sí, pero y el encanto que tiene..». Por eso, queridos ingleses, granadinos, algecireños andaluces, ciudadanos: apologies in advance.

Decía que los británicos llevan en su ADN el sorry, el thank you y el excuse me. Imaginemos un metro en Londres a Oxford Street hasta la bandera y por eso de las apreturas un codazo se escapa, la persona «agredida» se girará y en un 80% de posibilidades te soltará: «Oh, sorry».

Ahora llevemos esa misma situación a la línea 33 de la Rober Carretera de la Sierra-Granada en hora punta. Rozando la probabilidad ahora del 60% podríamos recibir comentarios tipo: «Más cuidadito…», «Vamos como borregos», «No veas con esos empujones»… Ojo, tambien algún «lo siento».

Lo mismo pasa con el Thank you. Yo he llegado a contar, pagando unos zapatos, hasta nueve entre cliente y cajero. Cuando te comprueba la talla, cuando lo mete en la caja, cuando lo introduce en la bolsa, cuando se inserta la tarjeta, cuando la transacción es correcta, cuando te entrega el producto y cuando te despides. Son máquinas de dar las gracias. Claro, luego regresas a España y te pides una tapa en Las Titas y te despiden con un único gracias y te parece poco.

Pasa de igual manera con el please. Vivido en tercera persona. Festival de música en cualquier high street de cualquier pueblo inglés. Puesto de hamburguesas y español recién aterrizado que pide como si estuviera en la barra del bar de su pueblo. «Quiero una hamburguesa». La inglesa prototípica del puesto se la prepara y antes de dársela le dice algo como: «¿Y no se le olvida algo?» Ah sí, un poco de ketchup». ¿Y algo más? «Tome, 5 libras». ¿Y alguna otra cosa? El españolito ya no sabe que más puede faltar en esa mera transacción. Y en esas, la mujer le suelta: Pleaseeeeeeeeeeee…«. Y alarga esa mágica palabra hasta el infinito con esa sorna de ellos tan inimitable.

Porque hay un protocolo para pedir. Volvamos a Las Titas. El camarero se acercaría y diría «Buenas, ¿qué va a ser?» «Pues yo quiero una cerveza, un vino y una coca-cola», podría contestar el granadino. En Inglaterra, no. Decir «I want a beer…» podría ser rudo. ¿Entonces? O se pide preguntando o deseando en condicional y siempre, siempre con la coletilla del please. Por ejemplo: Could I have a capuccino, please? (preguntando) o I would like to have a capuccino, please (deseando). Traducido literalmente no dejar de ser algo absurdo. «Podría tener yo un capuccino, por favor?» o «Me gustaría tener un capuccino, por favor». Hombre, si estás en una cafetería, te apetece y lo pagas tampoco, tampoco es que sea muy difícil que tus deseos se hagan realidad.

En este contexto es fácil entender que los conductores den las gracias hasta cuando tienen el ceda el paso a su favor. Y ¿qué dicen de nosotros? Pues que les parecemos algo directos, dicho políticamente correcto. Estuve enseñando español a un compañero de trabajo basándonos en un libro tipo ‘Aprenda español en 17 semanas’. Y en cada tema había como consejos «útiles» si nos visitaban, como lo típico es el gazpacho y la tortilla de patatas, le gustan los toros y el fútbol… y en el tema 5, ‘Artículos’, había uno que me llamó especialmente la atención. Más bien era un aviso, que traducido sería algo así como que no se extrañen porque decimos las cosas sin rodeos y que a veces éramos algo ruidosos en los bares. ¿Qué es lo mejor? Pues juzguen ustedes, pero sepan que un gracias sincero allí equivale a nueve thank you aquí y que el nivel de disculpas es más profundo añadiendo la palabra so. No es lo mismo un simple sorry, que un so, so, sorry. Por Dios, que se me olvidaba, ¡Gracias!



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