Una coalición en extrema debilidad parlamentaria

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (1i), se reúne con el secretario general de Unidas Podemos, Pablo Iglesias (2i), de cara a la sesión de investidura que comienza el 22 de julio.
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias | Foto: Archivo EP
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La investidura de Pedro Sánchez tiene esta vez visos de fructificar, una vez que al apoyo cerrado de Podemos, con acuerdo de coalición incluido, se suma la abstención de ERC. Y sin embargo, pese a lo sustancial de estos anuncios, para que sea realidad práctica el inicio de la legislatura y la constitución de un gobierno que deje atrás el ‘en funciones’ en el que ha venido actuando la política española de los últimos años, aún son necesarios otros mínimos respaldos, como son los minoritarios grupos gallego y canario.

Después de ese agitado calendario electoral de repeticiones en el que hemos vivido, la investidura del presidente y la constitución de un gobierno son en sí mismas dos buenas noticias. Sánchez e Iglesias, PSOE y Podemos, ensayan el primer ejecutivo de coalición en el Gobierno central, una experiencia transitada en multitud de ayuntamientos y autonomías pero que no tiene precedente en Moncloa desde la restauración democrática de 1977.

En Europa, en cambio, es moneda corriente, por lo que si a la ‘normalización’ parlamentaria de la vida política añadimos la experiencia del continente esa investidura debería tranquilizar la temperatura al menos en los cien días primeros, tregua de cortesía que se suele conceder a los ejecutivos para medir su voluntad y capacidad de iniciativa, así como los rumbos que tomará durante la legislatura de su mandato. Solo que… En primer lugar, las experiencias europeas en cuanto a gobiernos de coalición nos hablan de una suma de partidos que alcanza la mayoría parlamentaria para afrontar con garantías las iniciativas de la legislatura. Es obvio que en este caso en España no se da tal condición.

Que a escasos días de la votación todavía aparezcan algunas dudas en el horizonte desliza suficiente sospecha sobre lo heterogéneo de los apoyos, una auténtica ‘sopa de letras’ en la centrífuga España autonómica, una cadena con tantos eslabones que impulsan a dudar sobre lo incierto de su fortaleza. Presiones internas entre las que no es la menor las contradicciones y ‘tirones’ que aflorarán y ejercerán esos eternos adolescentes de Podemos y sus concurrencias, confluencias y demás, enfrascadas todas en el juego de a ver quién es más izquierdoso y quien es más ‘plurinacionalista’. Será dificultoso, además, contentar a todos cuando todos empiecen a pasar factura: ¿qué hay de lo mío? Y ‘lo mío’, en el caso de ERC, es -por lo pronto- una consulta sobre cuyo alcance nada sabemos. Es más, probablemente no lo saben ni los socialistas ni los republicanos catalanes firmantes del pacto. Da la impresión de que hubiesen incluido tal condición ‘sine qua non’ de la consulta de una forma genérica, de superación del actual trance de la investidura y después… pues ya veremos.

El papel, así, lo aguanta todo. Pero a día de hoy es evidente, porque así lo han dejado claro, que los de ERC no renuncian a nada. Es decir, que mantienen íntegras las actitudes supremacistas que han llevado a Cataluña al actual conflicto, en una pirueta que se define muy bien cuando evocan el malhadado 1-O: “Lo volveríamos a hacer”. ERC forma parte del gobierno catalán que preside Torra, del partido de Puigdemont. Primera trampa a la que se exponen: que estos socios de gobierno, en la tradicional pugna por la hegemonía en Cataluña, disuelva el Parlamento catalán y convoque elecciones anticipadas. A ver cómo se presenta ERC -partido independentista desde siempre- ante su electorado sin elementos tangibles que acerquen a sus objetivos de independencia.

Y conste que esta recóndita columna sabe que, al punto que han llegado las cosas, antes o después habrá que establecer un diálogo que supere la actual desafección a la que nos ha llevado la parte supremacista de Cataluña. Eso lo saben hasta en el PP. Lo que ocurre es que en el actual contexto todo el espectro de la derecha se ha lanzado a sonar las trompetas del Apocalipsis. Porque sobre ese acuerdo PSOE-ERC existen dudas legítimas no solo entre la derecha sino en un amplio sector del PSOE y sus barones y -aun más- sus votantes. A todos ellos les basta, para reforzar sus dudas, recordar las afirmaciones del propio Sánchez y su falta de sueño hasta el día después de las últimas elecciones.

En definitiva, una extrema debilidad parlamentaria del gobierno que constituyan PSOE-Podemos, en un escenario político nada propicio. En ese escenario de incertidumbre esta recóndita columna vuelve a manifestarse, sin embargo, en contra de los juicios negativos preventivos: por sus obras los conoceréis, dice el pasaje evangélico de Mateo. España y los españoles están necesitados de medidas sociales, por ejemplo la derogación de la reforma laboral que tanto sufrimiento ha traído entre la clase trabajadora, en forma de precariedad y bajos salarios. Diremos si un gobierno es o fue malo o bueno una vez gobierne o haya gobernado bien o mal, con perdón por el simplismo de la formulación. Démosle el beneficio de la duda y el deseo de que la suerte acompañe en su actuación. Que ya habrá tiempo para sentar juicios.



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