La Ruta Bajañí, turismo flamenco para el Puente de Todos los Santos

El itinerario que transita por Jerez de la Frontera, Algeciras y Sanlúcar de Barrameda reúne la esencia más pura del cante jondo andaluz

FOTOS Ruta Bajañí (5)
El barrio de Santiago, epicentro del flamenco en el corazón mismo de este arte, Jerez | Fotos y vídeo: Javi Gea
Miguel López RiveraMiguel López Rivera
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Desde Sanlúcar de Barrameda hasta Algeciras, pasando por el manantial del que brota el flamenco, Jerez de la Frontera, la Ruta Bajañí se extiende a lo largo de una franja que engloba gran parte del litoral gaditano y la Campiña. Un paraíso para los amantes del cante jondo en el que cualquier conversación cotidiana intrascendente en cualquier otro lugar, allí acaba desembocando en tertulias de cenáculos sobre cantaores, guitarristas, bailaores o palos.

Una historia de amor entre el duende flamenco y la tierra que le vio nacer y que ha dejado para la posteridad nombres como el de Lola Flores, La Paquera, José Mercé, Moraíto Chico, Manolo Sanlúcar o Paco de Lucía. Sólo seis ejemplos entre las docenas de artistas que han trufado de arte un itinerario marcado por el talento, y en el que el pueblo llano convirtió un ‘quejío’ de amargura por la tierra perdida en la manifestación cultural más internacional que Andalucía, y probablemente España, le haya ofrecido nunca a la humanidad, así como una opción familiar y enriquecedora para olvidar la rutina del día a día y los inconvenientes del coronavirus durante este Puente de Todos los Santos.

La palabra ‘bajañí’ significa ‘guitarra’ en caló, la lengua del pueblo gitano. Ese instrumento es, valga la redundancia, instrumental para entender el folclore andaluz. Y la ruta comienza en Jerez de la Frontera. Una ciudad cuyo nombre siempre va acompañado de tres conceptos: el vino, el caballo y, cómo no, el flamenco. Desde el barrio de Santiago hasta el de San Miguel, de norte a sur, este u oeste, sin discriminación, Jerez ejemplifica a las mil maravillas en torno a su compás el perfecto mestizaje andaluz entre el pueblo gitano y el payo.

Conviene dar un primer sorbo de historia y teoría, en un tono más académico, antes de la borrachera de arte y duende. Por eso, la primera parada debe hacerse en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco. Cerca de 18.000 documentos jalonan los estantes de este espacio situado en el Palacio de Pemartín que, entre otras cosas es la sede de la Cátedra de Flamencología más antigua que existe. Unos 8.000 libros, 4.000 discos de pizarra (una joya antecesora de los discos ‘actuales’), 17.000 vinilos, 10.000 CD, casetes, miles de postales, grabados, fotos, partituras o cilindros de cera; que fueron testigos de las primeras grabaciones.

Santiago, epicentro del flamenco de Jerez de la Frontera

De todo ello da buena cuenta su directora de Documentación, Ana Tenorio. “Tenemos una sala con tres o cuatro exposiciones al año que pueden ser de fotografía, escultura, guitarra, grabados o carteles. Hay litografías, grabados y demás escenas costumbristas. Nos sirven para explicar el funcionamiento del primer invento de grabación del sonido. A los visitantes también les enseñamos un disco de cera para que vean cómo evolucionó la industria del disco y cómo el flamenco estuvo presente en ella desde el minuto uno que llegó a España”, relata.

Tras salir de este santuario donde tiene cabida todo aquello que, de una forma u otra, pueda sonar -y no ya tanto en el sentido literal del verbo- a flamenco, es momento de coger fuerzas. Un desayuno de media mañana y a remangarse en el corazón mismo del cante jondo: Santiago. Agustín Vega conoce la zona de ‘pe’ a ‘pa’. Regentó durante 31 años el que fue el bar más importante del barrio, que es lo mismo que decir que se trata de uno de los escenarios más significativos de todo el mundo para entender el flamenco: el bar Arco de Santiago. Su cartel sigue recibiendo al visitante, pese a estar ya cerrado, en la calle Moraíto Chico, que no es sino una sencilla alegoría que resume todo lo escrito líneas atrás.

“Cogí el bar en el año 1983. Y a partir de ahí, he estado 31 años allí. En la flor del flamenco, cuando estaba fuerte, tuve la suerte de vivir yo en el barrio de Santiago. El bar estaba en todo el centro del barrio. Todo el ‘artisteo’ ha nacido allí. A 500 metros estaba la calle Nueva y allí nació Terremoto; el Sernita, en la calle Marqués de Cádiz; Fernando de la Morena, en la calle Cantarería; Luis de la Pica, en la calle de la Sangre; Diamante Negro…”, enumera hasta el fin Agustín señalando los tres viales en forma de ‘U’ que han alumbrado a los más grandes.

Perderse entre las callejuelas de este vecindario permite llegar al corazón mismo del flamenco. Éste se respira en cada rincón. Desde la calle, plagada de estatuas que rinden homenaje a sus genios, hasta la misma Iglesia de Santiago. Muchos templos tienen la consideración de ‘catedral’ con menos envergadura que este. Pero Jerez también tiene la suya y, además, en la Iglesia de Santiago descansa ‘El Prendi’. Es el Cristo del Prendimiento, un símbolo de la amalgama de sentimientos que rodean al flamenco, pues muchos devotos de este género musical también lo son de la imagen que corona la imponente iglesia.

Sala de exposiciones del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco, en el Palacio de Pemartín.

No es difícil sentarse en cualquier rincón de la ciudad y, rápidamente, conocer a alguien que tenga una estrecha relación con algún personaje significativo del flamenco. Más bien es una consecuencia lógica del carácter abierto y afable de los jerezanos. Jerezanos que como Agustín Vega tiran de agenda para traer a escena, por ejemplo, a Francisco Ruiz. Su nombre quizás no les suene tanto a bote pronto, pero si les decimos que es sobrino de La Paquera y padre del cantaor Jesús Méndez la cosa cambia. “Este pueblo bendito que tenemos, tiene la grandeza de tener dos barrios en los que en menos de un kilómetro se canta de diferente manera allí (en San Miguel) y aquí (en Santiago)”, sintetiza, antes de apuntar que “el mejor disco que se ha hecho en el flamenco lo han hecho los gitanos de Santiago, que es ‘Canta Jerez’. No se puede superar, nadie lo va a superar. La soleá o la seguiriya se canta con más pena o alegría en un barrio o en otro”. Y zanja su alegato con la frase “Jerez, ciudad de los gitanos”, atribuida a Federico García Lorca.

A la tertulia se suma Diego Vargas, cantaor y ex representante, entre otros, de Lola Flores. “De un sitio a otro, vayas donde vayas, el flamenco mana de la tierra. Vienen señores de muy alto ‘standing’ a la Feria del Caballo y alucinan cuando van a las casetas de los gitanos y los ven con esa preparación e integración, pero a la vez con esa gitanería”. La Taberna Flamenca, por donde han parado El Torta y Los Mijita, o el Lagar del Tío Parrilla son otros puntos de interés entre los tantos repartidos por toda la ciudad, particularmente por las peñas de los dos barrios antes mencionados.

Algeciras, la tierra del guitarrista más grande

La provincia de Cádiz es tierra de variedades. Dos ciudades, además de la capital, superan los 100.000 habitantes. Una de ellas, la única por encima de los 200.000 es la propia Jerez. La otra, Algeciras, que también rebasa en población a la mismísima ‘Tacita de Plata’. Cada una de las tres es centro neurálgico de tres realidades muy cercanas pero distintas. Cádiz, la de la Bahía. Jerez de la Frontera, la de la Campiña. Y Algeciras, la del Campo de Gibraltar, una comarca con identidad propia que se extiende alrededor de la ‘otra’ bahía, la que lleva el nombre de la ciudad, y cuenta con una figura que fue trascendental en la internacionalización del flamenco. Y ese no es otro que Francisco Sánchez Gómez, al que todo el mundo conoció en vida y sigue conociendo después de su muerte como Paco de Lucía.

En el número 8 de la calle San Francisco figura una placa que recuerda que esa fue su casa natal. Lo que nadie sabe es que aprendió a tocar la guitarra en el 38 de la calle Barcelona, en pleno centro del barrio de La Bajadilla. Allí nos espera el periodista Juan Miguel León Moriche, que explica el porqué de la importancia de este enclave que hace esquina con la avenida La Caña. “Esta casa es fundamental en la historia de Paco de Lucía. En esta casa tan pequeña, que era una sola habitación con comedor de día y dormitorio de noche, Paco de Lucía aprendió a tocar la guitarra. Absorbió todo el flamenco de su hermana María y el de su padre. También el de su hermano Ramón, que fue guitarrista en la compañía de Juanito Valderrama”, desgrana apasionadamente Moriche.

La figura de Paco de Lucía está presente en cada rincón de Algeciras.

El periodista subraya cómo en la infancia del genio de Algeciras todo son pequeñas grandes coincidencias que terminaron por convertirle en el guitarrista más grande. Primero, la de su hermana, que renunció a una exitosa carrera para quedarse con su novio en el pueblo. Fruto de aquello, inoculó desde muy pequeña a Paco el flamenco, tanto como para terminar afirmando lo siguiente: “Cuando cogí la guitarra por primera vez, con cinco años, yo ya tenía todo el flamenco en mi cabeza, sólo me faltaba aprender la técnica”. Más tarde llegaría el empeño de su padre, que vio en el arte jondo una gran oportunidad para que su hijo se ganase la vida.

“Le preguntó si sabía sumar, restar, dividir, multiplicar, leer y escribir. Cuando Paco le contestó que sí, lo sacó de la escuela y lo puso a estudiar guitarra ocho horas diarias. Paco de Lucía representa el valor del esfuerzo. Cuando yo era chico y le dije a mi padre que no quería estudiar porque había sacado un cero en un examen, me contestó que Paco de Lucía no aprendió a tocar la guitarra con una varita mágica”, prosigue Moriche, quien recuerda que el artista ha liderado las tres grandes revoluciones del flamenco actual: “Desproveyó a la guitarra del cantaor, se acercó a otras músicas para iniciar lo que hoy conocemos como flamenco fusión y convirtió el flamenco en algo universal”.

Sanlúcar de Barrameda, sus peñas y sus palos

Dejamos Algeciras para llegar a la Costa Noroeste de Cádiz. Concretamente a su cabecera comarcal: Sanlúcar de Barrameda. Allí se puede conocer la tercera pata de esta propuesta turística, que no es otra que el flamenco visto desde el fervor de quienes lo practican abordando todas sus vertientes por afición. En la Semana Santa están las hermandades y cofradías, en la feria las casetas y en el fútbol y el cante jondo las peñas. Peñas como la Puerto Lucero, cuyo presidente, Servando Repetto, además de ser un socio más en el que es el principal referente del cante, el toque y el baile de Sanlúcar, es un estudioso del folclore musical andaluz.

Repetto conoce a la perfección los palos del flamenco y, desde la peña, trabajan incansablemente por acercarlo a todo el mundo. Como Jerez y Algeciras, Sanlúcar también tiene sus referentes. Uno de ellos, claro está, es Manolo Sanlúcar, que recoge la tradición flamenca de llevar por apellido artístico el municipio que le vio nacer. Pero no es el único ‘Sanlúcar’ importante. También lo fue Esteban de Sanlúcar, a quien se homenajeó en una de las últimas ediciones de las Noches de Bajo de Guía, un certamen que durante más de tres décadas marcó la agenda cultural de la ciudad.

“Un año antes de aquel homenaje se cantó un tema de Esteban de Sanlúcar. Al terminar la actuación, Manolo, que estaba entre el público, se levantó ante la estupefacción de la gente y dijo que los presentes eran unos privilegiados por haber escuchado una canción de Esteban. Nadie lo esperaba. Tampoco el que, acto seguido, yo tomara el testigo para anunciar que el próximo certamen de las Noches de Bajo de Guía iba a rendir homenaje a Esteban”, recuerda Repetto.

La Peña Cultural Flamenca Puerto Lucero de Sanlúcar.

Aquellas Noches de Bajo de Guía terminaron. En la actualidad, la pandemia hace más difícil programar cualquier acontecimiento, aunque en la Peña Puerto Lucero no hay virus que pueda con su afán por reunirse y cantar. Eso sí, con todas las medidas sanitarias. “Los miércoles tenemos clases de guitarra para los cantaores aficionados de la peña que quieran acudir. Son totalmente gratuitas. Es la alternativa a los miércoles flamencos, que eran nuestra nueva propuesta, pero que ha paralizado el Covid“, asevera el presidente de este club de amantes del flamenco, quien también explica las particularidades del cante, el toque y el baile sanluqueños. En resumidas cuentas, los palos.

“Nosotros entramos dentro de la zona cantaora de Cádiz y los Puertos. El mirabrás, la romera, la rosa, los caracoles; o incluso cantiñas menos conocidas como los torrijos o la contrabandista son nuestros palos. Son variaciones de las cantiñas o alegrías. A todos los andaluces y turistas les invito a que se pasen por la peña y los descubran. Que miren el calendario para que su visita coincida con uno de nuestros recitales”, convida el presidente de esta asociación cultural a la que le contemplan más de 42 años por haber nacido en mayo de 1978. El Niño Manuel, Paquito Vidal, Laura Vital o María Mezcle son los nombres más destacados del flamenco sanluqueño actual, que sigue marcado por el influjo del ya mencionado Manolo Sanlúcar, un infatigable colaborador de la Peña Puerto Lucero. La misma que le toma el pulso al flamenco sanluqueño.

Contenido promocionado por la Empresa Pública para la Gestión del Turismo y del Deporte de Andalucía S.A.
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