Por qué los logopedas no somos maestros, aunque a veces lo parezca

LOGOPEDA-MAESTRO
Alumno y maestro | Foto: Remitida
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Vamos a empezar por el quid de la cuestión ¿Por qué los logopedas no somos maestros?

Si atendemos a lo que el Diccionario de la Real Academia nos dice, ‘maestro’ se define como:

  1. m. y f. Persona que enseña una ciencia, arte u oficio, o tiene título para hacerlo.
  2. m. y f. maestro de primera enseñanza.
  3. m. y f. Persona que es práctica en una materia y la maneja con desenvoltura.

Bien, en base a estas definiciones, un logopeda no enseña ningún arte, oficio o ciencia y por lo tanto no tiene el título para hacerlo. Si bien, un logopeda sí puede ser un maestro. Un logopeda puede ser un maestro en su campo si los años de experiencia y los conocimientos le avalan. Puede ser un maestro en aquellas áreas en las que se haya formado y especializado.

¿Por qué? porque un logopeda no es un maestro sino un rehabilitador.

¿Y qué es ser un rehabilitador? Volvemos al Diccionario de la Real Academia para que nos saque de la duda:

‘Rehabilitador’: adj. Que rehabilita. U. t. c. s.

Vaya, como suele pasar en estos casos de búsqueda no nos ha sacado de la duda. Busquemos pues ‘rehabilitar’ y dice así:

tr, Habilitar de nuevo o restituir a alguien o algo a su antiguo estado. U. t. c. prnl.

¡Exacto! Un logopeda no enseña. Enseñar es hacer que una persona, niño o adulto adquiera unos conocimientos que no tiene. El maestro enseña y el alumno aprende.

La diferencia entre un maestro y un logopeda es que el maestro enseña para adquirir conocimientos para el aprendizaje ya sea personal, académico o social, etc, y por el contrario el logopeda no parte de una base de tipismo.

Lo explicaremos con un sencillo ejemplo; yo misma puedo ir a aprender baile de salsa o hiphop  y tendré un maestro para este fin (con mayor o menor suerte en función de las habilidades innatas que ya os digo que son pocas),  pero ¿Qué ocurriría si yo tuviera un esguince, un pie cavo, una luxación de rótula o una artritis crónica? ¿Tendría que ser igual la enseñanza por parte de mi maestro o bien su didáctica debiera ser adaptada a mis circunstancias físicas? ¿Podría acabar siendo profesional del hip hop? ¿Necesitaría el mismo tiempo para adquirir conocimientos?

Cuando hablamos de salud hablamos de equilibrio. Todo el cuerpo es equilibrio. Todo nuestro cuerpo funciona como una complejísima y equilibrada maquinaria de relojería. Si una piececita falla, se cambia de sitio o le afecta el óxido, el reloj ya no funciona igual y es ahí dónde empieza el trabajo del logopeda.

La función de un logopeda no es trabajar enseñando, es trabajar rehabilitando. Un logopeda habilita o restituye funciones perdidas o no adquiridas por alguna causa de fallo de nuestra maquinaria. Y para poder rehabilitar la maquinaria tienes que conocerla. Tienes que conocer el equilibrio y los patrones, causas y síntomas fuera de él.

Así funciona el cuerpo humano y así cualquier ciencia sanitaria. Los logopedas somos sanitarios, conviene recordarlo.

El logopeda actuaría de maestro si atendiese a personas sin ningún tipo de dificultad y así también lo hacemos cuando nos convertimos en docentes impartiendo cursos o ayudando a cualquier persona a mejorar su dicción, por ejemplo. Por desgracia, actuar desde la prevención no es nuestro mayor quorum.

Cuando hay una dificultad o lesión de base, la cosa se complica un poco porque nuestro trabajo no es enseñar sino conocer cuáles son las causas de ese trastorno, diagnosticarlo y saber qué ‘medicina’ he de suministrar y en qué ‘posología’, que en este caso nuestra medicina es trabajo duro, así de sencillo.

Hay una palabra en psicología que me encanta y es la palabra ‘constructo’. Un constructo es algo de lo que se sabe que existe, pero cuya definición es difícil o controvertida. Un ejemplo de constructo sería la inteligencia, la personalidad o la creatividad.

En logopedia también trabajamos con constructos. Cromosopatías, síndromes, conceptos o diagnósticos, muchos cuadros clínicos que vemos son constructos, porque a pesar de tener un nombre (si tenemos suerte), en la gran mayoría de diagnósticos no conocemos la causa pero sabemos que existen: autismo, tartamudez, trastorno del lenguaje, secuelas tras ictus, etc, y nuestro trabajo consiste en rehabilitar las funciones perdidas o no adquiridas. Funciones tan básicas y necesarias como mantenernos vivos mediante la deglución o poder pensar, hablar y relacionarnos con los demás.

Pero yo no enseño, los logopedas no enseñamos.

Cuando voy al pediatra con mi hija tiene una sala llena de juguetes pero eso no le hace dejar de ser médico.

Dar a conocer esto se hace necesario porque, como nuevamente volvemos a reivindicar, el logopeda no es un profesional con el que cuente el Ministerio de Educación ni el de Sanidad, por no hablar del de Empleo.

El Ministerio de Educación considera que con tener la titulación de maestro es necesario para poder intervenir y rehabilitar trastornos de salud crónicos en los niños, por lo que logopedas alzamos la voz de alarma a los padres

¡No te dejes engañar, tu hijo está siendo rehabilitado por un maestro y no por un rehabilitador!

El Ministerio de Sanidad considera que haber (en el caso de Andalucía) 22 logopedas para un total de 8,4 millones de andaluces es dar un servicio.

Antes de seguir, me vais a permitir sacar la ratio porque yo no me quedo con las ganas saberlo. Ratio de logopedas para la población andaluza: 1/385.818 habitantes. Señoras, señores, si necesitan un logopeda tendrán que ir a uno privado porque tienen 385.818 personas delante suya para ser atendidos.

Si cada 6 minutos en España se produce un Ictus los números no me cuadran.

Si no somos capaces de formar un gobierno cómo vamos a ser capaces de detectar las necesidades de la población. Ni unos, ni otros.

Muy estimados señores míos del gobierno, sea de la índole que sea, ideología que sea, color que sea: necesitamos logopedas dentro del sistema sanitario y educativo español. Así de simple y así de sencillo.

Y sólo el día que le toque a usted de cerca, por desgracia sólo ese día, empezarán a hacer caso a nuestros Colegios Profesionales que se matan cada día porque se les oiga.

¡Feliz Semana!

 



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