Oliver, la escuela de danza de Granada 'convertida' en un referente de sororidad y empoderamiento femenino

En poco más de tres años, ha conseguido aglutinar a casi 150 mujeres y niñas que encuentran en el baile un elemento para escapar de la rutina bajo un clima de seguridad y confianza

Baile La Escuela de Danza Oliver, lugar de empoderamiento para la mujer en Granada- - celiaperez-4
Alumnas bailando en la Escuela de Danza Oliver | Fotos y vídeo: Celia Pérez
Mariona Gallardo I Bergés
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En los últimos tiempos, y de forma necesaria, el empoderamiento de las mujeres es un fenómeno que se agranda, impulsa y reproduce. Está ocurriendo en muchos rincones del planeta y con formas muy diversas y particulares. Y este es el aire que se respira también en el ambiente de la Escuela de Danza Oliver, en Granada.

Tiene poco más de tres años de experiencia, pero su corta vida ha sido más que suficiente para crear un espacio de referencia para la danza en Granada. Desde sus inicios se ha caracterizado por ser un espacio abierto, moderno y lleno de libertad creativa. Su directora, Charo Oliver, quien se incorporó al mundo del baile después de trabajar en el de la abogacía durante muchos años, cuenta que quería abrir un negocio donde la gente entrara sonriendo, y añade emocionada "por fin hago algo en lo que soy feliz".

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Cuenta que desde sus inicios siempre ha habido más mujeres que hombres apuntadas, y que esto es tristemente algo que ocurre en el mundo de la danza en general. "Hay 150 alumnos matriculados en la escuela y solo cuatro son chicos". Comenta que hay un prejuicio muy establecido en la sociedad y que muchos niños piensan que "tienen que hacer fútbol, no ballet o flamenco". Agrega que con los hombres adultos ocurre lo mismo.

De esta forma y de manera inintencionada, la escuela se ha convertido en un lugar de encuentro para muchas niñas y mujeres residentes en Granada que buscan bailar para escapar de la rutina y hacerlo sintiéndose seguras y en confianza. "Nos hemos convertido en una pequeña familia" explica Charo, "quedamos fuera de la escuela y nos lo contamos todo" añade, "siempre nos intentamos ayudar". Dice que esta no era la intención principal de la escuela pero que "al final te vas haciendo amiga de tus compañeras de baile" y se crea esta unión tan especial.

GranadaDigital ha tenido la oportunidad de acudir a una clase de danza urbana, una de las disciplinas que se imparten en el centro, donde las alumnas han contado sus experiencias y sensaciones personales. Fátima cuenta que llegó a la escuela nada más abrir y que "ahora da igual si trabajo seis horas, ocho o tengo que salir corriendo del trabajo", "es el imprescindible de la semana". Añade que "venir a hacer deporte fue siempre algo secundario" y que aunque la razón por la cual ella se apuntó fue para mejorar su autoestima, se ha creado "un grupo maravilloso" y que siempre sale de la mejor de como llega.

Gabi, como le gusta que la llamen, es la profesora de esta clase y ya lleva casi tres años enseñando en la Escuela Oliver. Explica que el ambiente "es súper tranquilo y seguro" y que se siente muy cómoda dentro y fuera del aula. Sobre el ratio de mujeres piensa que "en las clases genera que se cree un entorno más seguro donde las mujeres se sienten iguales" pero añade que le gustaría que "hubiera más clases con más identidades de género" para favorecer a la diversidad y pluralidad.

También que intenta enfocar las clases de una forma alejada de la competitividad, con métodos para "divertirse, expresarse y encontrarse con una misma" ya que "cada una tiene su camino en la danza". Asimismo, comenta que ella percibe la danza como "una forma de liberación" y que en las clases que ella imparte se acaba generando "un espacio de socialización muy positivo".

En la misma línea y hablando sobre la competitividad, Charo comenta que en la escuela hay "nada, cero competitividad" y que "estamos para ayudarnos unas a las otras", unas palabras que cualquiera puede ver reflejadas en la atmósfera tranquila y segura de la academia.

Carla, otra alumna, relata que empezó a bailar este año y que ha encontrado un espacio seguro donde "liberarse y expresarse con el cuerpo". Cuenta que para ella bailar es "sentirme fuerte y ver que soy yo sola la que lo está haciendo", "mirarme al espejo y ver que bailo con toda mi presencia".

Diversos estudios afirman que hay una alta relación entre la danza y su potencial de favorecer la autoestima y la autoconfianza, y así lo confirman las alumnas de la Escuela Oliver. Raquel expone que viene a danza "para desconectar de la rutina" y que además bailar es algo que sin duda la ayuda a "sentirse mejor". "Igual que la gente va al gimnasio, yo bailo, y encima me lo paso muy bien".

En el número 23 de la calle San José Baja la energía que se respira es de disciplina y esfuerzo pero sobre todo de sororidad y empatía. Las paredes de la escuela no parecen entender de competitividad. Sara, una alumna italiana que llegó a Granada en setiembre, se apuntó a la escuela ya que "el baile me ha acompañado toda la vida y me da estabilidad". Incide en que bailar le proporciona una cierta coherencia en su vida, y que lo ve indispensable. Explica que en el aula se siente muy bien ya que "hay una atmosfera de amistad y comprensión", "podemos hablar de todo". Sobre la feminización de la danza Sara comenta que "es una realidad que poco a poco se está abriendo más a los chicos, pero que se queda en el mundo femenino". Agrega que le gustaría que más chicos se animaran a probar el mundo del baile.

Observando la atmósfera y las dinámicas de la clase, se pueden ver fácilmente sonrisas y miradas de complicidad entre las alumnas. Paloma dice que de hecho, aunque haga solamente tres semanas que llegó a la academia, se ha sentido "muy a gusto y muy querida" y que en las clases todo el mundo se ayuda mutuamente. Define el bailar como "libertad", y comenta que cuando baila "los problemas se van". Asimismo, Noelia cuenta que el hecho de que sea una clase de mujeres la hace "estar más segura y con menos presión" aunque considera que los hombres "también deberían tener la oportunidad de expresarse con la danza, aunque debido a los prejuicios muchos no se permiten esa oportunidad".

Al final de la clase las alumnas han contado entusiasmadas que la escuela organizará un festival de fin de curso en junio, el cual preparan con mucha ilusión y entusiasmo para poder mostrar todo el trabajo que han hecho durante el curso con mucho esfuerzo y constancia. "Cada año que lo hacemos sale mejor que el anterior", añade Charo. Y comenta que "no es solo el día de la actuación, es todo lo que tiene detrás". "Este año nos faltará teatro", comenta entre risas.

Son las diez y se ha hecho de noche, lo cual indica que ya es hora de bajar la persiana de la Escuela Oliver. En este rato, GranadaDigital ha podido ser partícipe de que la danza va mucho más allá de la expresión artística, y de que tal y como puede servir para hacer deporte y moverse, también cuenta con una importante faceta de empoderamiento, sororidad y confianza, sobre todo entre mujeres. Muchas de las alumnas han definido la danza como libertad, una propiedad que hemos visto que acaba trascendiendo los límites del aula y se llevan puesta en forma de autoestima o seguridad todas las personas que pisan la pista de baile.

De la misma forma, recuerdan que la danza no es una disciplina exclusiva para mujeres y que todas las personas de todos los géneros están invitadas a formar parte de esta experiencia tan enriquecedora y personal. Gracias a espacios como la Escuela de Danza Oliver, la danza puede convertirse en una herramienta transformadora, y sobre todo, liberadora.







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