Licencia para dudar

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El otro leía una frase de Lucía Miralles en Facebook que decía: “Demasiada gente con «opiniones» claras que tratan de imponer. Muy pocas personas con dudas y preguntas, con afán de aprender….” y me generó escribir sobre las dudas, sobre las mias, sobre decirlo o no, sobre hacerlo o no, sobre ir o no ir, sobre entrar o no,…..
Luego vi en Instagram dos personas que hablaban de dudas. Una, Loreto Sesma que hablaba sobre “los que estáis perdidos en un mar de dudas” y afirmaba: tranquilos, los demás estamos igual. Y luego la mamá pediatra en una dedicatoria a nuestra amiga común Taite Cortés que está a punto de partir a su niña Guadalupe le educaba su libro que tuve el honor de presentar yo en Granada Diario de una mamá pediatra y le decía que “el camino que esperas está lleno de dudas, incertidumbre, noches sin dormir, pero será la aventura más maravillosa y llena de amor de tu vida”.
Por tanto, «¿Lo hago o no lo hago? ¿Voy o no voy?» «Me gusta pero es muy caro, y no estoy segura ¿me lo compro o mejor ahorro el dinero?», «Me duele, ¿Tendré algo malo o son solo cosas mías?» «¿Le gusto o no le gusto?», «¿Cojo el metro o mejor voy andando?» Seguramente, estas preguntas nos han abordado alguna vez provocándonos una serie de dudas que no son difíciles de esquivar, poniéndonos entre dos o varias opciones, sintiendo que estamos, en algunas ocasiones, como en una encrucijada. A diario tenemos que estar tomando decisiones, de forma constante y a veces imperceptible pero, hay personas para las que resulta una tarea completamente difícil. Es verdad que para otras personas, tomar decisiones es más fácil.
En ocasiones, estas dudas son totalmente normales. Ante una decisión importante las dudas nos abordan porque vamos a escoger algo que, sin duda, provocará un cambio en nuestra vida y puede conllevar una gran responsabilidad.
Pero, a veces, dudar tanto implica que nos infravaloramos, que nos bloqueamos cuando debemos tomar una decisión, que quizás tengamos miedo a la responsabilidad… Detrás de la duda pueden esconderse muchas cosas. Esta sensación de inseguridad, de no saber qué hacer, puede dejar a una persona en la sensación de estar en un limbo permanente, hasta que el exterior ha decidido por él o alguien le dice que hacer o se ve en la obligación de hacer lo que sea. Concretamente, algunas personas se ven incapaces de tomar decisiones que afectan a su trabajo, estudios o vida amorosa….
Las personas que a veces tienen muchas dudas cuando tienen que tomar una decisión intentan evitar tomarlas. Cuando alguien tiene muchas dudas, existen varias opciones que uno puede escoger para no tener que enfrentarse al miedo de tomar esa decisión. Entre ellas se encuentra la más importante: dejarle esta responsabilidad a los demás.
Para alguien a quien tomar decisiones le asuste lo mejor que sabe hacer es dejar que otros decidan por él o hacer lo mismo que han hecho otras personas. Esto deja patente la inseguridad que reside en ellos mismos, algo que les incapacita para tomar decisiones. Por eso las dejan en manos de otras personas que consideran más adecuadas.
Cuando evitamos tomar decisiones podemos convertirnos en dos tipos de personas que se pueden complementar a la perfección:
  • La persona indecisa evita tomar decisiones y correr riesgos, por eso no sale de su zona de confort. Es una persona muy tímida, desconfiada y que se aísla de los demás.
  • La persona dubitativa duda sobre todo y casi todo. Esto le genera un estado de ansiedad por no saber escoger la opción correcta.
El estado al que se someten las personas con estas características son el miedo y la ansiedad. Muchas son las razones que se esconden tras este miedo y evitación: el propio miedo al rechazo, haber sido víctimas de críticas. En general, una baja autoestima en la mayoría de los casos. Cuando no les queda otra que tomar una decisión, lo que puede generar es frustración y sentimientos de culpa por no haber elegido la otra opción que considerarían mejor.

¿Cómo tomar decisiones?

 
Las personas inseguras, a las que les cuesta tomar decisiones, no pueden vivir eternamente en esta situación de miedo y ansiedad. Una situación que marca sus vidas diariamente y que les hace actuar de las siguientes maneras:
  • Evitan los conflictos
  • Evitan ser los protagonistas
  • No toleran los sentimientos negativos
  • Evitan la intimidad
Pero, para salir de esta situación, es importante arriesgarse, confiar en nosotros mismos y saber que nos podemos equivocar, pero que la decisión que tomemos será la que verdaderamente queríamos.
Es importante que impliquemos a otra gente en la toma de decisiones, pero no para que ellos decidan por uno, sino para que brinden su propio punto de vista, para que puedan apoyar o no. No es cuestión de llevarles la contraria o hacerles caso, es cuestión de hacerles partícipes de la decisión sin que interfieran en ella.
Si tomamos la decisión y nos equivocamos, no pasa nada. Podemos escoger otro camino, podemos cambiar lo que hemos elegido. Todos cometemos errores y eso es algo que debemos asumir y aceptar. La perfección no existe.
Asimismo, ponerle fecha límite a la decisión a tomar, aunque ella misma ya la tenga, nos ayudará y por favor no lo dejemos para el final. Una buena decisión será cualquier opción que elijamos con seguridad, pensando bien las cosas, pensando en el futuro, en lo que queremos lograr, en algo realista, algo que se puede alcanzar… Esa decisión será buena incluso cuando veamos que fracasamos. Porque la habremos escogido con seguridad, pensándola bien; si no funciona, no pasa nada, nos ayudará a orientar nuestro camino otra vez.

En definitiva, los 5 pasos que se consideran efectivos y necesarios para salir de la duda son:

1.- Aceptar que uno se encuentra dudoso sobre algo, que es normal dudar, que no por dudar se es menos capaz o inteligente o sano, y que es momento de encaminarse a tomar una decisión, identificar el miedo detrás de esa duda, preguntándonos “¿qué es lo peor que podría pasar?” identificar lo irracional de ese miedo, y dedicarse a averiguar si es cierto que eso que tememos puede pasar.
2.- Hacer una lista de ventajas y desventajas de las opciones que tenemos en mente o de lo que estamos dudando, pues si tenemos que optar por algo, seguramente estaremos recibiendo ciertas ventajas pero de la misma manera, encontraremos desventajas, lo importante es que las ventajas sean mayores o más importantes para uno que las desventajas.
3.- Intentar bajar la racionalización excesiva, y contactar con nuestras emociones y con nuestro sentir. Para hacer esto, visualizar las diferentes situaciones u opciones que están pasando por nuestra mente, ubicarse ahí, e intentar sentir cuál nos da más paz, en cuál nos sentimos más tranquilos.
4.- Armarse de valor. Acudir a nuestra fuerza interior, a nuestro poder como persona, y ACTÚAR esa decisión que deseamos. CONFIAR en que decidamos lo que decidamos, todo estará bien.
5.- Darnos la oportunidad de vivir bajo esa decisión, y no culparnos o castigarnos si no fue lo que queríamos, siempre podemos regresar a tomar una nueva decisión, o a retomar el camino.
Por tanto, es importante recordar que ninguna decisión es “buena o mala”, tampoco ninguna decisión es “la correcta”, lo importante es que ante cada decisión que tomemos en nuestra vida, lo hagamos desde nuestra sabiduría personal, la cual está directamente contactada con el amor a uno mismo.  Cuando dudemos, es importante ponerse en los zapatos de alguien que nos quiere y que desea nuestro bien y nuestra felicidad, y qué mejor que esa persona fuéramos nosotros mismos.
Tomar una decisión tras otra, así es la vida. Equivocarse y aprender. Dudar, también. Y para ello: MEJORAR EL CONTACTO CON NOSOTROS MISMOS. DEJAR DE EVITAR Y CONFRONTAR EL MIEDO. VENCER LA DUDA PATOLÓGICA. Dar SALIDAS A LA DUDA PATOLÓGICA y SIEMPRE APRENDIENDO A PARAR NUESTRAS DUDAS. PERDER EL MIEDO A EQUIVOCARSE.
Y es que en todo aprendizaje hay una base de experimentación, sino, no se da aprendizaje.


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