Layla, Rocío y Jeniffer, tres historias que representan el valor del 8-M

Una policía, una enfermera y una gerente de supermercado aportan su visión en la lucha hacia la igualdad en el Día Mundial de la Mujer

COLLAGE REPORTAJE 8M GD
María García BermejoMaría García Bermejo
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El 8-M de 2021 tendrá una apariencia distinta, pero un objetivo idéntico al de otras ocasiones. La lucha por una igualdad real se hace si cabe aún más necesaria en un año en el que muchas mujeres han visto en riesgo sus puestos de trabajo o negocios, mientras que otras directamente han sido despedidas como consecuencia de la crisis económica derivada de la pandemia, lo que acentúa aún más la brecha de género. Un 8 de marzo más, el feminismo eleva la voz para dar visibilidad a la mujer trabajadora y, sobre todo, a las historias que hay detrás, así como para identificar las de otras muchas más que se encuentran en la misma situación o que sienten que día a día les cuesta acceder a puestos de trabajo por culpa del denominado ‘techo de cristal’.

En esta fecha crucial para la lucha feminista, las mujeres reivindicarán nuevamente su papel en la sociedad. Un papel imprescindible e incuestionable recortado a lo largo de siglos de relegación respecto a la figura masculina. La desigualdad se hace más palpable que nunca en el ámbito laboral, una parte fundamental a la hora de definir el desarrollo evolutivo y personal del individuo.

Tres mujeres, tres historias. Con esa premisa, GranadaDigital ha querido recabar los testimonios de Layla Dris Hach-Mohamed, inspectora jefe de la Comisaría de Policía Nacional Sur del Zaidín; Rocío Lara, enfermera y matrona en el Hospital Virgen de las Nieves, y Jeniffer Curto Cardozo, gerente de Supermercados Santa Rita, en Armilla, tienda perteneciente a la cadena granadina Covirán. Tres perfiles que han estado en la primera fila durante un año marcado por la pandemia y con algo importante que decir en este Día Internacional de la Mujer.

Ser mujer en el mundo laboral

El pan de cada día. Históricamente, en según qué trabajos, las mujeres han tenido más difícil el acceso a sus respectivos puestos que los hombres, algo que se ha acentuado aún más con la pandemia, acrecentando de esta manera, todavía más la brecha salarial. España cerró 2020 con más de tres millones y medio de parados, de los cuales casi dos fueron mujeres. El testimonio de estas tres protagonistas quizás sirva de esperanza para una sociedad que no puede olvidar que el reto de la igualdad sigue siendo una asignatura pendiente.

“La sociedad actual ya ha asimilado que la mujer puede ejercer puestos de mando”, señala Layla Dris Hach-Mohamed, relatando cuál ha sido su experiencia como parte del Cuerpo Nacional de Policía desde cada uno de los peldaños que definen la totalidad de su recorrido profesional. “Desde 1979 que entró la primera policía en España hasta ahora han pasado muchos años, y si ahora todavía no está normalizado del todo, no quiero imaginar cómo lo pudieron pasar aquellas primeras compañeras”, comenta sobre la normalización de la mujer policía como un puesto visto desde fuera de forma masculinizada y donde ha sido dificultoso poder acceder desde un principio.

Históricamente, otro de los acantilados que han tenido que escalar las mujeres una vez han ganado derechos tiene que ver con la gestión de los mismos desde su propia realidad social. El problema también radicaba en la incapacidad de visualizar a una semejante como modelo a seguir. Layla es una mujer que, sin duda, ha sido capaz de romper barreras y alcanzar puestos de notable relevancia, sirviendo de ejemplo a otras muchas que desean formar parte del Cuerpo de Policía. “No tuve referentes femeninos hasta que entré en la Policía”, apunta. “En la primera promoción donde se le permitía a la mujer presentarse a la Policía, se las llamaba aspirantes femeninos o candidatos femeninos, hasta 2009 que empezaron a llamarlas inspectoras”. Lo que desde fuera puede parecer sorprendente, desde su punto de vista se convierte en un claro golpe de esperanza para futuras policías que sienten que se encontrarán en un trabajo que desde fuera se percibe plenamente masculino, aunque la realidad evidencia que sí hay mujeres y que es posible ascender con esfuerzo y vocación.

Su experiencia la avala. En sus 25 años trabajando en la Policía, Layla Dris Hach-Mohamed ha ejercido muchas funciones hasta conseguir asentarse en su actual cargo, siendo “la más gratificante” para ella la atención ciudadana, por cuanto supone estar cerca de mujeres que sufrieron violencia y también por conocer la perspectiva de la inmigración. Layla ha tenido la suerte de haberse encontrado en un ambiente laboral positivo, donde se la ha tratado de manera no discriminatoria, y señala que muchos compañeros incluso “prefieren a una mujer como jefa”. Lo cierto es que toda mujer que sueña con un trabajo como el de policía puede ver en Layla un referente directo y, de esta manera, apostar por el trabajo que día a día le haga sentir “realizada” como persona.

En esta fecha tan señalada, otra cuestión que también es necesario reivindicar es la de la maternidad impuesta a la mujer como una obligación exclusiva e inevitable desde que es niña. Rocío Lara, enfermera y matrona del Hospital Virgen de las Nieves, traslada el concepto de maternidad como elección libre para la mujer, reivindicación histórica para adquirir una autonomía real y completa. “La mujer durante toda la historia se ha sentido presionada para ser madre”, explica esta sanitaria. Su oficio cercano al respeto y al cuidado va desde su edad fértil hasta el embarazo y la menopausia. Rocío apunta que “no hay que ser madre a la fuerza, cada una decide su propia elección y todas deben ser libres de decidir lo que quieren en sus vidas”.

Otro hándicap a la hora para las mujeres en el mundo laboral es el de la complejidad a la hora de compatibilizar el trabajo con el cuidado materno. “Hay muchas mujeres que temen quedarse embarazadas por perder su trabajo y otras muchas que ya lo han perdido. Aún queda mucha lucha”, indica antes de aclarar que “tengo compañeras que lo han pasado realmente mal”. No deja de ser una obviedad que muchas mujeres sienten miedo cuando comunican en la empresa que están embarazas por una hipotética situación de incertidumbre laboral.

Jeniffer Curto, gerente de Supermercados Santa Rita SL proviene de una familia de mujeres trabajadoras y creativas, y desde pequeña quiso tener un negocio de alimentación. Sueño que no pudo hacer realidad en Venezuela, su país natal. Por eso, llegó a España con su padre con la intención de abrir un negocio hasta “enamorarse” de la cadena de supermercados granadina Covirán. “Las mujeres somos súper capaces y valientes, pero a veces nos llenamos de miedo porque pensamos que por ser mujeres tenemos menos posibilidades”, recalca esta trabajadora mientras lanza un mensaje de esperanza para todas aquellas mujeres que aspiran a poder montar su propio negocio. Afirma formar parte de una empresa rodeada de buenas personas que hacen posible el día a día.

Son tres historias muy diferentes entre sí pero que reivindican una misma voluntad de lograr los objetivos que cada una se proponga a título individual, siendo conscientes de las dificultades que se pueden encontrar por el camino.

Mujeres en pandemia

Toda profesión ha sufrido en mayor o menor medida las consecuencias del Covid-19, pero lo que ha podido unir a todas las personas es el sentimiento de miedo e incertidumbre por su futuro laboral a raíz de un año de confinamiento, ERTE y mascarillas.

Layla comenta la dificultad tanto ella como el resto de sus compañeros están teniendo debido al rechazo por parte de la sociedad a la hora de cumplir las normas sanitarias vigentes. “Hay algunos que han entendido que esto es una crisis, una pandemia, y que hay que cumplir las normas, y otros que no. Y nosotros estamos aquí para intentar que se cumplan”.

Desde una perspectiva sanitaria, las declaraciones de Rocío Lara confirman la dificultad que ha supuesto para todos los sanitarios y enfermeros afrontar el día a día teniendo que reabrir hospitales a causa del colapso y atender a personas de cualquier edad con sus historias, miedos y superaciones diarias. “Mi hermana, que también es enfermera, y yo nos fuimos de casa. No queríamos contagiar a nuestros padres y estuvimos sin ver a nuestra familia”, revela. “Hay más días tristes que antes”, asegura sobre la presión constante y la ansiedad que supuso este año que dejamos atrás.

Finalmente, es importante destacar que los supermercados también han sido uno de esos sectores que han funcionado en todo el periodo de la pandemia ininterrumpidamente de cara al público, con todo lo que ello conlleva. Sin embargo, no se contempla como grupo de riesgo prioritario a la hora de ser vacunados. A esta reflexión, Jeniffer Curto cuenta la dificultad que supuso permanecer abiertos y con protocolos para evitar contagios. “Siempre estamos al servicio de las personas, al igual que el personal sanitario, la policía o las farmacias, por lo que habría sido bueno que nos considerasen dentro de este publico prioritario”, argumenta.

Un 8-M diferente, pero con el objetivo de siempre

Unidas en la calle o desde casa o redes sociales, de lo que no hay duda es de que la reivindicación estará presente al igual que otros años en este 8-M. Sobre todo, tras la polémica surgida alrededor de la manifestación en marzo del año pasado. Algo que también ha sucedido en esta ocasión y es por ello por lo que se necesita más que nunca la unión feminista para gritar el derecho de igualdades entre hombres y mujeres.

“Me gustaría reivindicar que un día no tengamos que celebrar este día, que no haga falta porque la mujer esté en la sociedad aceptada”, señala Layla, quien exige que “no haya barreras salariales”, indistintamente de ser o no funcionaria.

Rocío Lara piensa que falta mucha lucha e igualdad por conquistar a día de hoy y, además, pide “que no solo sea este día en el que se reivindiquen los derechos de las mujeres”, sino que “aprovechemos esta fecha tan marcada en el calendario como invitación a la reflexión y concienciación humana”.

Con una visión de emprendimiento y el salto a una piscina que nunca se sabe del todo si está llena o no, Jeniffer parte con una actitud optimista y orgullosa de su trayectoria. Ha sido capaz de dejar atrás las dificultades y no abandonar sus sueños, lo que le habilita para afirmar que “la magia comienza cuando cada una despierta y es ejemplo y reflejo de lo que queremos ver en las demás mujeres que nos rodean”.

Estas tres mujeres son un claro ejemplo para amplios sectores de la población de mujeres que han sentido inseguridades, pero que a su vez han conseguido logros. No se sienten discriminadas, pero no abandona la lucha de derechos por todas las que sí lo están. Es tan importante destacar a las que lo han logrado como mantener la sororidad una vez se ha conseguido.







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