Formas de ganarse la vida en Granada: boxeador

Abde Nechchad y Felipe Castro, dos de los boxeadores profesionales de Granada, cuentan sus trayectorias a GranadaDigital

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Los dos púgiles posan con el cinturón que acredita a Abde como campeón del WBC Mediterráneo | Fotos y vídeo: Dani Bayona
Guillermo OrtegaGuillermo Ortega
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«No, ni de broma da para vivir. A día de hoy tendrías que hacer uno o dos combates al mes para eso y cada combate requiere de más de un mes de preparación. Sí pueden vivir de esto los jornaleros, pero duran en el boxeo muy pocos años, dos o tres, cuatro como mucho. En España hay poquísimos profesionales que vivan de esto. En Estados Unidos sí, y también en Inglaterra o Alemania».

Abdessamad Nechchad, Abde para todos, contesta así a la pregunta de si el boxeo es una forma de ganarse la vida en Granada. Aclaración: un jornalero del ring es un boxeador profesional que no tiene por qué ser un paquete (de hecho algunos son bastante buenos), pero que se presta casi a cualquier cosa, fundamentalmente a enfrentarse a un púgil que por circunstancias varias está mejor preparado que él y que encima lo tiene todo a su favor, especialmente jugar en casa. El jornalero casi siempre sube al cuadrilátero para perder.

En Granada hay cuatro boxeadores profesionales en activo. Abde y Felipe Castro accedieron amablemente a acudir a la redacción de GranadaDigital. John Carter no pudo porque está en Bilbao preparando una pelea que tendrá en noviembre para disputar el Campeonato de la Unión Europea del peso superpluma. José Clavero no pudo ser localizado por un error únicamente achacable a este periódico y por el que le pedimos disculpas.

Tanto Abde como Felipe Castro tienen muy claro que el boxeo es un deporte noble (no en vano lo llaman ‘el noble arte’) que, muy lejos de convertirlos en pendencieros, los ha sacado de la calle e inculcado valores como la disciplina, el respeto al rival o el compañerismo. Porque, aunque la gente con lo que se queda es con las bravuconadas que se sueltan los boxeadores en el pesaje, cuando se dedican a insultar y a desafiar a su adversario, lo cierto es que eso pasa muy pocas veces y que lo más normal es que el ring sirva para hacer amistades. «Casi todos mis amigos son personas con las que he combatido. A veces hasta me he quedado en sus casas a dormir», cuenta Abde.

Castro le da la razón. Es menos locuaz (la verdad es que Abde tiene un piquito de oro) y cuenta que se inició en el boxeo a los 25 años. Ahora tiene 33 y se prepara para su segundo intento de proclamarse campeón de España del peso gallo. Todavía no sabe cuándo ni contra quién, sólo que es el aspirante oficial a un trono que se le escapó de las manos por una decisión por lo menos controvertida. «Me sentí campeón, iba muy bien preparado, tiré a mi rival dos veces a la lona y estoy seguro de que gané seis de los diez asaltos, pero al final los jueces no me dieron por ganador».

Felipe Castro Jr. en un momento de la entrevista en la redacción de GranadaDigital.

Esa sí que es una cara muy triste del boxeo. Triste y frustrante. Si combates en Madrid contra un boxeador de Madrid, con público de Madrid y jueces de Madrid, o tiras a tu rival tres veces o lo más seguro es que vuelvas de vacío. «Yo lo tiré dos veces, me faltó una», bromea el granadino, que no quiere darle más vueltas. «Son cosas que pasan y me quedo con lo mejor, con que ese combate me puso en el mapa».

Un mapa en el que irrumpió en el año 2016 tras cinco años en el mundo amateur. Desde entonces ha logrado siete victorias y ha perdido en cuatro ocasiones. Felipe Castro Jr (ese es su nombre de batalla en honor a su padre, que fue ocho veces campeón de España de esquí de fondo) se define como un boxeador «escurridizo y que trata de hacer las cosas bonitas» que tiene por ídolo al gran Sugar Ray Leonard y al que todavía le pica el gusanillo que le entró cuando uno de sus mejores amigos y ahora entrenador, Víctor Segura, le animó a que se calzara unos guantes. «El boxeo me sacó de la calle, de una serie de problemas que tuve en mi infancia y que me llevaban a pelearme mucho. Ahora no lo hago, he aprendido a comportarme», añade.

Además, asegura que es una disciplina mucho menos violenta que otras, porque el contacto no lo es todo. «Hay dos personas ahí arriba pegándose, sí, pero yo no escucho al público insultando ni pidiendo que nos matemos, como sí pasa en el fútbol. Peleamos, terminamos, nos damos un abrazo y ahí se ha acabado todo», señala.

Tampoco le fue muy bien a Abde cuando era niño. Nacido en Marruecos pero residente en Granada desde que tenía cuatro años, lo que le hace sentirse «mucho más granadino que marroquí», admite que era propenso a meterse en problemas. En 2012 empezó a entrenarse en el gimnasio M&S de Francisco Martos («el hombre que más sabe de boxeo en Granada», subraya, y en eso le secunda Felipe Castro sin dudarlo) y tras una corta y muy exitosa etapa como aficionado, se pasó al mundo profesional y continuó su excelente progresión.

A sus 25 años, acumula 11 victorias, dos derrotas y un combate nulo. Nunca ha sido noqueado, acaba de hacerse con el título WBC Mediterráneo, tras derrotar al griego Dennis Dauti en Alemania y si no ha optado aún a ser campeón de España del peso superligero es porque todavía no tiene la nacionalidad española. «Llevo año y medio de papeleos; el problema es que algunos documentos he tenido que ir a recogerlos a Marruecos y eso ha retrasado los trámites. Ahora que ya los tengo, estoy intentando agilizar lo que queda para que pueda ser español a principios de 2020. En cuanto eso ocurra, iré a por el título», anuncia.

Abde Nechchad, durante la entrevista.No se quiere quedar ahí porque su objetivo es ser campeón del mundo. «Es a lo que aspiramos todos los que estamos en el mundo profesional y sé que es un sueño, algo casi imposible, pero con dedicación y esfuerzo, todo es posible», resalta.

Boxeador «estilista y contragolpeador» y admirador de Arturo Gatti, Abde es un ejemplo de persona nacida para boxear. Su primer combate como amateur lo disputó cuando sólo llevaba mes y medio entrenando. Francisco Martos vio en él madera y no lo dudó. Él tampoco ha tenido dudas desde ese momento. «Sabes que, cuando estás ahí arriba, algún golpe te va a caer, pero la adrenalina que te da el boxeo, la sensación que te produce una victoria… eso te crea adicción. De hecho, algunos púgiles que se han tenido que retirar pronto por alguna lesión han caído en la depresión», explica.

Niega rotundamente todos los tópicos que relacionan el boxeo con un mundo sórdido, lleno de apuestas ilegales y de corrupción. «El cine le ha dado esa imagen, pero yo invitaría a quienes creen que este es un deporte violento que se pasen un día por un gimnasio y prueben. Van a ver que es un deporte noble, en el que impera el respeto; que el boxeador es disciplinado, lleva una vida muy sana y se le inculca desde el principio el sentido del compañerismo. En un gimnasio de boxeo hay un ambiente muy familiar», agrega.

Incide, además, en algo que mucha gente no sabe: los boxeadores pasan por unos controles muy exhaustivos. Cada año tienen que someterse a una revisión que incluye un TAC craneal o pruebas de sangre para no transmitir alguna enfermedad durante la pelea. «Son pruebas muy estrictas», concluye.

 

 

 



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