Escribir cura, alivia, acompaña, reconforta

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Escribir libera las emociones, al ser una verdadera herramienta terapéutica | Fotos: Remitidas
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Hace unos años, en el primer congreso de la escuela de pacientes, estuve conversando con poetas hablando de palabras que curan. Estaban Fernando Valverde, Javier Bozalongo y Luis García Montero. Fue una de esas mesas para dejar siempre en el recuerdo. Hablaron, buscaron palabras y recitaron poemas. Luis, gran poeta granadino, escritor, catedrático, director del Instituto Cervantes, además de Premio Federico García Lorca, Premio Loewe, Premio Adonais, Premio nacional de poesía, Premio nacional de la crítica o Premio poetas del mundo latino a su trayectoria entre otros muchos premios, me decía al preguntarle hace unos días sobre porqué escribía y me dijo: “Es la manera que tengo de explicarme a mí mismo las cosas que siento para entenderme con el mundo. Y siento emociones que van desde la incertidumbre a la alegría”.

También hablé con Alex Rovira, el gran escritor y autor, (ha vendido más de 8 millones de libros), conferenciante, articulista, consultor, profesor y amigo me decía a la pregunta que le hice de por qué escribía y me contestó: “Depende. Depende del momento. Depende del contexto. Yo de hecho no me defino como escritor: mi oficio no es escribir. Yo no me levanto y me pongo a escribir. Yo los libros los he escrito porque han surgido diría. No tengo sentido de autoría personal. A veces han surgido y me pregunto, de dónde ha salido esto?. No te diré que han sido dictados y canalizados, no he tenido esa sensación. A veces han sido para ayudar a optimizar  un sufrimiento, otras veces quería trasladar unos mensajes a mis hijos ya que pensaba que de una forma metafórica les sería más fácil de llegar que desde un punto de vista más racional; en otros las ganas de investigar sobre un tema que como la alegría o el amor desde una mirada propia. Depende. No hay una norma. A mi escribir me gusta mucho. También a veces el hecho de haber tenido la suerte de encontrar algún coautor como Francesc Miralles o Fernando Trías de Bés, un coautor con el que conectas fácilmente, lo cual es muy difícil, es como un juego, como un toma y daca. Depende. Depende. No te sabría decir. Quizás el factor común es la alegría de compartir eso que tú juzgas que puede ser útil porque para ti lo ha sido. Básicamente, a mi me gusta decir que escribo para abrir el regalo juntos”.

Llevo tres meses, mas o menos, conversando cada semana con pacientes con fibromialgia, con dolor, con ostomía, con esclerosis múltiple,… en los podcasts que estamos haciendo en la escuela de pacientes y una de las cosas que ha ido saliendo en muchas de las entrevistas, ha sido el hecho de que escribir en un blog o en redes sociales, alivia, acompaña, reconforta e incluso podría decirse que cura. Eso me han comentado Agna, Ana, Arantxa, Maite, Nuria, Celia, Paula, Verónica, Antonio, …..

Escribir, tal como me decían, libera las emociones, al ser una verdadera herramienta terapéutica. Es la sensación que he recibido. Escribir sueños, secretos, pensamientos y acontecimientos de la vida cotidiana, como hacían (hacen?) los jóvenes con sus diarios, puede ser recomendado como un beneficio para la salud. La realidad de lo oído es que refuerza no solo nuestra autoestima, sino también nuestro sistema inmunológico, al aportar felicidad y tranquilidad, dejando a un lado el estrés y la ansiedad. Redactar sobre nuestros pensamientos nos permite ventilar emociones, sentimientos y pensamientos. La escritura posee cierto efecto apaciguador, liberador. Leía que escribir es un modo de ayudarnos a descubrir un modo diferente de nuestra realidad. Hasta ese momento todo aquello que pensamos y sentimos no hace sino retroalimentarse mutuamente en nuestra cabeza, acrecentándose, enredándose, confundiéndose, con las consecuencias que ello tiene para nosotros: darle vueltas y más vueltas a lo mismo una y otra vez, revivir ese acontecimiento negativo y doloroso, sentir que estamos atrapados y no hay salida a nuestra situación. Incluso hay quien me decía que: “escribir me cura, me ayuda a reflexionar, a estar en silencio y pensar, porque me hace mejor persona y profesional”.

Un gran escritor, al que cerca de doscientos críticos de más de cien universidades (Harvard, Columbia o Princeton, entre ellas) lo eligieron el poeta más relevante en lengua española de entre los nacidos después de 1970, como Fernando Valverde comentaba al preguntarle por qué escribe: “No lo sé, no sabría decirte si es por necesidad comunicativa, si es la búsqueda de cierto placer estético, si es una celebración de mi vanidad o de mi debilidad. Ninguna respuesta es buena ni consoladora”. El gran bloguero de Salud con Cosas Miguel Ángel Máñez decía que “Empecé por el motivo de compartir lo que iba leyendo sobre los temas que me interesan. Pero después se añadió otro gran motivo: aprender”. Abel Novoa, presidente de la plataforma No gracias afirmaba: “Me divierte. Estudio y profundizo. Si sirve además pues genial”. Alberto González, hombre de la gestión enfermera y buen bloguero, hablaba de 3 motivos: “Primero porque me sirve para canalizar y ordenar mis ideas acerca de los temas que me gustan. Segundo, por el pensamiento de que siempre habrá alguien a quién sea de utilidad. Y tercero. porque es una forma de transmitir el conocimiento adquirido bajo el prisma de la reflexión. Escribir me genera la idea de que estoy compartiendo y aportando, un pequeño grano de arena al resto de los profesionales a los que pueda interesar en este caso la gestión enfermera.

Por otra parte, la gran enfermera en redes sociales y con su blog, Teresa Pérez contaba: “Escribo para compartir conocimiento, para aprender, porque para escribir un post primero tienes que leer, buscar artículos, informarte, etc y esto te hace aprender. Escribo para compartir reflexiones, ideas e inquietudes tanto personales como profesionales. Es formación continuada informal el tener un blog y escribir sobre cualquier tema. En las redes pasa igual, misma filosofía de aprendizaje compartido”. Mi compañero Jose Luis Bimbela, que escribe en prensa además de libros, me decía: “Escribo para pensar y para decidir. Escribo para sentirme útil. Escribo para que mi vida tenga un sentido. Escribo para sanarme y para ayudar a sanar”. Y mi otro compañero Sergio Minué, gran bloguero con su gerente de mediado me comentaba que: “Principalmente escribo para mi. Como metodo de dar expresión y modelar mis ideas que, de no hacerlo asi, quedarian perdidas y olvidadas dentro de mi cabeza. Pero al escribir y compartir lo que escribo lo escrito adquiere vida propia, y gracias a la conversación que se establece con los que leen lo que escribo esa idea inicialmente expuesta se enriquece y modula permitiéndome volver a reflexionar sobre ello desde un nuevo enfoque”.

Escribir es la cosa más maravillosa y el ejercicio mental más completo que existe. Escribir ayuda a conocernos. Sirve para trabajar nuestras emociones, porque es evidente que es muy importante trabajar la inteligencia y la educación emocionales. Saber identificar que es lo que sentimos, saber ponerle nombre, y a partir de esta autoconsciencia, poder actuar en consecuencia es un trabajo que es preciso entrenar y educar de manera adecuada. La autoconsciencia emocional es una base fundamental que es necesario trabajar para después poder facilitar la empatía y las habilidades sociales necesarias para identificar lo que sienten los otros. Y si todo ello somos capaces de ponerlo negro sobre blanco, nuestra vida mejora ampliamente. Escribir es transformar el dolor en su cura como decía alguien.

Escribiendo se piensa, se siente, se cura, se goza y se descansa. Cinco en uno. Para alguna gente, le cura del todo. El sistema emocional es automático. Una parte del automatismo emocional nos viene dado de manera innata como resultado de la evolución adaptativa de la especie y otra parte la adquirimos a través de un aprendizaje individual. La educación emocional que somos capaces de reflejar en un escrito, trabaja entre dos extremos: la represión y el descontrol. Cuando nosotros acumulamos una determinada represión emocional en forma de tristeza o ira, llegará un momento en que se producirá una implosión o explosión emocional, según la formación y el carácter de la persona. El exceso emocional se acabará compensando y volverá al equilibrio. La educación emocional nos enseña a evitar la represión y el descontrol. Escribir sobre ello nos ayuda a hacerlo.

Y es que, a veces, escribir cura o es un buen bálsamo, aunque sin duda, el efecto maravilloso lo encontramos también en la lectura de lo que escriben otras personas. La autoconsciencia emocional empieza a construirse a través de la alfabetización emocional, favoreciendo la capacidad de identificar lo que sentimos y si es posible, expresándolo. El autoconocimiento es una manera de facilitar el conocimiento de la propia personalidad y al mismo tiempo es un fin en si mismo, en el sentido que el autoconocimiento es una condición para el desarrollo integral de la persona.

Por tanto, escribir es un buen activo para la salud. Es un medicamento que cura. Es una especie de ayuda que facilita la unión entre mente y cerebro. Para algunos media hora de escribir al día, le cura de todos los males. Es evidente que escribir cura a mucha gente de muchas cosas. Y quien dude que escribir cura, que lo pruebe, por favor.

La educación emocional es más que una materia y un contenido, es una actitud y una manera de hacer. Y escribir es un acto de empatía, es dar voz a quien no lo tiene. Y es que escribir cura el alma. Por eso escribimos para la salud de nuestra h-alma.



Comentarios

2 comentarios en “Escribir cura, alivia, acompaña, reconforta

  1. Hermoso artículo…
    A muchos nos ayudará…
    Gracias por compartir.

    José Correa
    Anestesiólogo Unidad del Dolor
    Hospital Universitario Virgen de las Nieves, Granada.

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      Joan Carles March

      Muchas gracias Jose. Lo que más m’en gusta que me dices es que a muchos nos ayudará. Te lo agradezco. Buen día y buen verano

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