Un demoledor informe sobre la pobreza en España, pero estamos debatiendo sobre Venezuela

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Congreso de los Diputados | Foto: Archivo GD
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Un demoledor informe del Relator de Naciones Unidas (ONU) avisa sobre los estremecedores datos que la pobreza presenta en España, un “país rico”, dicen las conclusiones, pero con una desigualdad galopante a rienda suelta. Ante la gravedad del informe, uno en su ingenuidad pensaba que la totalidad de la clase política, a izquierda y derecha, ya fuese en las administraciones local, regional o nacional, aparcarían cualquier otra cuestión para centrarse de lleno en un problema que amenaza a un porcentaje considerable de ciudadanos y sobre el que no se atisba solución a corto plazo. Pero no. Había cosas más importantes en la agenda…
Estábamos tan enfrascados en el debate sobre Venezuela y otros temas que tanto inciden en nuestro vivir cotidiano que se nos pasó por alto alguna cuestión menor, naturalmente de escasa importancia, por la que no debemos perder ni un minuto ni preocuparnos en exceso. Se trata, por ejemplo, de ese informe que ha elaborado el Relator Especial de Naciones Unidas para la Pobreza Extrema y los Derechos Humanos. Pero que, vaya, si tienen ustedes cualquier cosa que hacer dejen de leer esta recóndita columna, que los párrafos que vienen a continuación versan sobre cuestiones fútiles que en nada deben de romper nuestra acomodaticia vida.
Cuestiones banales, digo, a cargo de una institución mundial sin ningún prestigio ni fundamento para elaborar estos informes y llegar a esas conclusiones, bienintencionadas sin duda, pero que no deberían distraer a nuestros políticos en sus altos afanes por las cuestiones que de verdad preocupan a los ciudadanos. ¿Qué importa que mister Phllip Alston -que así se llama este hombre que viene a molestar- diga haber visto “barrios pobres con condiciones mucho peores que un campamento de refugiados”, sin luz, agua corriente ni saneamiento? ¿Qué importa -digo- si estamos debatiendo sobre Venezuela y la actuación del ministro Ábalos? Por favor, mister Alston, déjenos debatir que esto de Venezuela es mucho más importante que esa “pobreza generalizada” que dice haber visto, ese “alto nivel desempleo” que -como todo el mundo sabe- es vagancia de gente que no quiere trabajar, ese sistema de protección social “completamente inadecuado” que “arrastra deliberadamente a un gran número de personas a la pobreza”, un sistema educativo “segregado y anacrónico” y un sistema fiscal que “brinda muchos más beneficios a los ricos que a los pobres”. ¿Y qué? Deje que resolvamos si Ábalos hizo bien o hizo mal y ya veremos luego de qué hablamos o de qué nos preocupamos.
Mira que venir a molestar con lo de una crisis de vivienda “de proporciones inquietantes”. ¡Venga, hombre! ¿Usted ha visto alguna vez a los monseñores Rouco o Cañizares denunciar esa situación de las familias y las viviendas? No, ¿verdad? Luego, no será para tanto…. Si los más activos ministros de Dios en España, que tanto velan y han velado en defensa de las familias, contra el matrimonio homosexual, el aborto y el dinero que creyentes y ateos, todos por igual, debemos entregar a la Iglesia, no han dicho esta boca es mía ni siquiera en lo más duro de la crisis y los desahucios es porque todo era un invento de los ‘rojos’ y sus aliados podemitas. Además, no podrá decir que existe falta de sensibilidad. Ahí tiene a los actuales gobernantes de la Junta, que en el periodo anterior criticaban el alto número de pisos que la Junta paga a sus altos cargos en Sevilla y han llegado ellos ahora -PP y Cs- y han aumentado las viviendas gratis a disposición de los políticos. Si es que hasta el mismo informe lo dice: un 2 por ciento del Presupuesto se destina a vivienda social. ¿Qué más quiere? Que sí, que en Europa es del 20 por ciento, pero por lo visto usted no se ha enterado de cuando dijo Aznar que desde la guerra de Irak España “ha salido del rincón de la Historia”. No nos compare con la ‘vieja Europa’, después del mucho esfuerzo dedicado por nuestro otrora presidente para desligarnos de ella.
¿Cómo se atreve usted, por muy Relator que sea, a denunciar que España “le está fallando por completo”a buena parte de su sociedad “que vive en la pobreza”, esa que dice sentirse “abandonada”, mientras asegura usted que la situación ahora “se encuentra entre las peores de la Unión Europea”? Vamos a ver: por poner un ejemplo cercano, como es el de la hostelería en Granada. Por si no lo sabe, fue el primero en salir de la crisis y llevamos un periodo sostenido en que cada año superamos el número de visitantes del año anterior. ¡Pues claro que -como usted dice- “los grandes beneficiados son los ricos y las empresas que, pese a sus beneficios, pagan menos impuestos que antes de la recesión”, mientras coexisten “dos Españas”, esa próspera del comentario anterior y otra que “tiene un porcentaje elevado de personas que están en el margen, tratando de sobrevivir”.  A ver, ¿se le ocurre otra forma de que suba el PIB que esos mismo que usted dice: que las empresas están pagando la mitad de los impuestos que antes de la crisis a pesar de registrar fuertes beneficios”?
Lo que pasa es que usted, como todos los extranjeros, nos tienen envidia por esas ciudades que estamos construyendo, en las que cada calle es un bar en continuo. Que sí, que los camareros trabajan diez horas con contratos de media jornada, pero ¿qué quiere que hagamos? ¿Que dejemos de tomar las cañas de mediodía y las copas de la noche? ¿Es que la ONU y su Relator pretenden amargarles el ‘botellón’ a esa juventud que soporta las tasas de desempleo más altas de Europa? Con esos niveles insostenibles de paro juvenil ¿no les va a dejar usted que se dispersen y desahoguen siquiera una noche a la semana? ¡Usted, mister Alston, es un aguafiestas!
Podría extenderme mucho más, pero comprenda usted que ya he perdido demasiado tiempo en estas minucias que ha venido usted a presentarnos en su informe. Tengo que continuar analizando cómo evoluciona el ‘caso Delcy’, el de Venezuela, que eso sí que incide en nuestra vida cotidiana y absorbe nuestras preocupaciones. En lugar de venir a España a molestar, mire usted a nuestra clase política, que se desvive en esas cuestiones importantes. Vea, si no, a esa sin par alcaldesa de Vic, supremacista entre supremacistas, que ha alertado a sus conciudadanos para distingan por su aspecto físico entre catalanes y quienes no lo son. ¿Se da usted cuenta de la altura de nuestro debate político y por qué no perdemos tiempo en tontucias? Vea otro ejemplo: el de los diputados abandonando el hemiciclo de estampida en cuanto terminó el debate sobre Venezuela. Claro, es que empezaban a hablar del campo, ese sector agrario que se hunde, que vende por debajo de los costes de producción, que es vital para evitar la España vacía…. Minucias, hombre, minucias.






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