El Corpus de Granada: unión entre lo religioso y lo pagano con más de cinco siglos de historia

La tradicional procesión se ha celebrado con normalidad de 1939 a 2019 a excepción de estos últimos dos años, pero en 2021 se realizarán algunas de las actividades típicas de la festividad

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Juan José Montijano, experto en la historia del Corpus Christi granadino | Foto: Remitida
Laura Gálvez
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El Corpus Christi es la mayor festividad de la capital granadina. Durante una semana completa, feriantes, curiosos, visitantes y caseteros disfrutan de esta fiesta entre sevillanas, flamenco, rebujitos y tortillas de patatas con bocadillos de lomo y habas con salaíllas. La mayor eclosión de visitantes se produce a partir del miércoles, ya que el jueves es el día festivo por excelencia y el viernes también figura como no lectivo en los calendarios de centros educativos y de algunas empresas. Una feria que, por lo general, suele celebrarse a primeros de junio, pero la fecha va cambiando cada año dependiendo de cuándo se celebre la Semana Santa. La fecha exacta del jueves de Corpus Christi se puede conocer contando 60 días a partir del Lunes de Pascua. Este año 2021 el jueves de Corpus será el 3 de junio, y en Granada se celebrará la feria desde el 29 de mayo hasta el 5 de junio, sin embargo, debido a la pandemia tendrá que vivirse de una manera distinta. Pero se llevarán a cabo una serie de actividades y espectáculos anexos a los días festivos.

Además, los feriantes podrán instalar los tradicionales columpios y el Ayuntamiento de Granada ha organizado una procesión claustral del Corpus con el objetivo de evitar aglomeraciones, y en la Plaza de Toros también se llevará a cabo la feria taurina respetando las medidas de seguridad.

Juan José Montijano es especialista en teatro de humor contemporáneo, profesor en el aula de mayores de la UGR. Por las mañanas imparte bachillerato en un instituto y en los ratos libres que le deja la enseñanza es conferenciante, escritor y amante de Granada. Dedica gran parte de su tiempo a historiar las tradiciones de la ciudad, entre ellas, el Corpus y la Tarasca, hasta tal punto que incluso ha escrito tres libro sobre ello.

Libros escritos por el experto Juan José Montijano | Foto: Juan José Montijano

Montijano explica que actualmente el Corpus se celebra en el Recinto Ferial de Almanjáyar, pero tradicionalmente se ubicaba en el mismo lugar donde se realizaba la feria de ganado, en la zona de la biblioteca del Paseo del Salón y el Paseo de la Bomba. Asimismo, cuenta que el 2020 y el 2021 son unos años atípicos para esta festividad, puesto que la procesión de Corpus Christi ha salido siempre, excepto durante la Guerra Civil española; los tres años que abarcan desde 1936 a 1938 se llevó a cabo dentro de la Catedral y desde 1939 hasta 2019 ha salido siempre en la calle, sin embargo, la Tarasca ha procesionado durante la guerra también.

“Para hablar del Corpus tenemos que remontarnos al siglo XIII, cuando fue instituida la festividad en el orden católico gracias a una monja llamada Juliana de Cornillón, la cual impulsó su creación. Debemos saber que existe una leyenda .pues no quedó plasmada en ninguna cédula o documento., que dice que la Reina Católica firmo que ‘ha de ser tan grande y tal la alegría que parezcamos como locos'”, explica Juan José.

“En el siglo XVI la fiesta del Corpus decae por un privilegio que le concedieron a Santa María de la Alhambra para que celebrara su propia procesión de Corpus Christi, y acto seguido, algunas de las hermandades de la ciudad quisieron tomar ejemplo. Este hecho, acompañado de las discrepancias entre el Clero y el Consistorio de Granada, además del elemento profano, que cada vez estaba más presente, fue clave en el detrimento de la festividad en esta época”, añade.

Un mentor eclesiástico solía escoger la temática en la que se iba a basar la celebración -podían ser los siete pecados capitales, el bautismo…- y en torno a todo ello giraba la construcción de la empalizada y los cuadros ornamentales que se ponían alrededor de la plaza Bib-Rambla y la Tarasca

Montijano narra que no solo se llevaba a cabo la tradicional procesión, sino que una hora antes se hacía el Paseo de la Ciudad. Este espectáculo consistía en la aparición de un conjunto de característicos personajes en las calles granadinas. En primer lugar, se encuentra la Tarasca, la cual siempre se ha representado como una figura profana que encarnaba al pecado, al mal, la encarnación de la presunción, una prostituta con una copa en la mano, etc. Junto a ella procesionaban una especie de enanos que eran los antecedentes a los cabezudos actuales, cuya labor era pegar y asustar a la gente para librarlos del pecado; de ahí la tradición granadina de coger las vejigas de marrano y pegar a la gente como una forma alegórica de sanarlos de ese mal.

Además, el origen de los cabezudos reside en las antiguas zambras moriscas y gitanas que procesionaban mientras bailaban y saltaban y que también iban acompañados de siete gigantes que se construían cada año dependiendo del tema eucarístico propuesto y encarnaban, por ejemplo, a siete romanos a caballo, los siete montes donde se asentaba Roma, los siete padres de las matemáticas, entre otros. A estos elementos se le añadían unas danzas denominadas “de sarao” y “de cascabel”, junto a unos carros alegóricos donde se presentaban autos sacramentales que desvirtuaban el sentido de religiosidad propio del Corpus.

La Reina Isabel la Católica afirmó que la festividad del Corpus Christi “ha de ser tan grande y tal la alegría que parezcamos como locos”

A mediados del siglo XVI, Juan José Montijano pudo concluir que existía en Granada una feria de ganado en la cual se compraban y vendían animales de todo tipo. Este fue un factor clave que influyó en el aumento del turismo y la mejora de la economía de la ciudad, pero esta situación de bonanza no duró mucho pues el Paseo de la Ciudad iría menguando ya que en 1780 Carlos III emite una real cédula donde prohíbe esa desvirtuación del sentido religioso que había sido opacado por la cantidad de elementos profanos, por lo que no permitió que la Tarasca y sus acompañantes salieran a la calle. Esta ley solo duró dos o tres años.

Procesión del Corpus en los años 60 | Foto: Archivo de Juan José Montijano

En Granada, durante el siglo XIX estaba en auge el Romanticismo, representado por Bécquer y Larra, entre otros, periodo en el cual se pretendía rescatar el pasado, romantizarlo y plasmarlo en sus obras. El escritor granadino aclara que “el Corpus se salvó gracias a un grupo de periodistas comandados, sobre todo, por Luis Seco de Lucena, que se habían dado cuenta de que la festividad había decaído mucho, por lo que se reúnen y presentan un proyecto al Ayuntamiento en 1883 que se aprobó y que marcaría un antes y un después en la fiesta tal y como la conocemos”.

Montijano argumenta que las fiestas actuales son un claro testimonio de las del año 1883, aunque con añadidos de los siglos de oro, pero fundamentalmente de mediados del siglo XIX, puesto que algunos autores e investigadores intentaron rescatar escritos del antiguo Corpus granadino y los plasmaron en libros que ayudaron a que recuperara el esplendor que poseía en la antigüedad. Ese año, además, hubo fuegos artificiales, reducción en el precio de los medios de transporte para fomentar el desplazamiento a la ciudad, ferias de ganado en el paseo del Salón y la Bomba, los primeros cacharritos -columpios-, tenderetes -antecesores de las carpas- y un nuevo concepto de Tarasca.

Juan José Montijano finaliza comentando que el actual Corpus Christi de Granada ha estado muy influenciado por Sevilla. “En los años 60 existían unos tenderetes cubiertos por lonas en los cuales se ponían rumbas y la gente se ponía a beber y a comer. Era muy raro ver al público que asistía a esas casetas bailando, y si alguien lo hacía eran las mujeres”, explica. Por ello, Granada imitó la formación de las casetas de la capital andaluza y su baile, las sevillanas, y no fue hasta finales de los 60 cuando comienzan los grandes módulos de casetas y se normaliza el baile en parejas.

“El Corpus de Granada ha tenido una idiosincrasia muy especial porque venían los mejores y más grandes teatros y circos españoles y se trata una dicotomía religiosa y profana a la vez, religiosa por ensalzar mediante la procesión ese misterio de la transustanciación de Cristo paseando por las calles de Granada e incluso los elementos del Paseo de la Ciudad encarnan momentos o figuras de la religión donde lo masculino -el gigante- es el bien y lo femenino -la Tarasca- es el mal”, concluye Montijano.







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