Jueves, 18 Enero, 2018

            

Tiempo de Navidad, tiempo de…

Imagen Ilustrativa | Foto: Remitida
Marisa Chacón


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El otro día mi amiga María José, médico de urgencias del SAS, me sugirió que escribiese sobre un tema bastante profundo y dramático.

Según me comentaba, Nochebuena es una jornada de trabajo especialmente dura para los sanitarios de guardia. Y no solo porque no pueden pasar una buena noche con sus familias, sino porque Nochebuena es el momento del año en el que más intentos de suicidio se atienden.

La mayoría de estos intentos de suicidio, me explicó mi amiga, son solo llamadas de atención de personas desesperadas… SOLAS.

¡Feliz Navidad a todos! Y ¡feliz ducha fría!

Porque, aunque este dato lo intuyes, que te lo corrobore un médico te hace pensar, y mucho.

Y es que la soledad es uno de los peores males que pueden afectar al ser humano. Somos seres sociales. Necesitamos afecto y atención. Necesitamos saber que alguien nos echa de menos.

Sentir que no le importas a nadie debe ser el equivalente a sentir que no tienes un futuro. ¿Para qué te vas a levantar mañana? ¿Por quién luchar? La respuesta rápida, y sencilla, es decir: “Pues por ti”. Pero hablar es muy fácil y, a veces, hay que hacer un ejercicio de empatía.

Está claro que la felicidad y el bienestar son sentimientos que deben nacer del interior de la persona y no deben supeditarse a la existencia de terceros en nuestras vidas. Esto está muy bien en la teoría, pero en la práctica es muy distinto. La mayoría de nosotros somos personas afectivas y sociales, necesitamos de los demás. Luego está el afortunado pequeño grupo de personas, con un equilibrio interior envidiable, que realmente están igual de bien solas que acompañadas. Pero estos últimos son los menos.

La vida en soledad se debe hacer muy, muy dura; especialmente en fechas en las que se nos vende la exaltación del “amor” y la “familia”. En una época en la que todo el mundo exhibe su perfecta y feliz vida, llena de filtros de colores de Instagram y emoticonos sonrientes de Whatsapp.

No debe ser fácil sentarse solo a la mesa en Nochebuena, sabiendo que mañana estarás de nuevo en soledad.

¿Alguien se acordará de mí si desaparezco?

¿Alguien me echará de menos?

Sí, ya sé que me estoy poniendo en plan ‘Qué Bello es Vivir’, pero en la vida real no viene un Ángel para enseñarte lo terrible que sería el mundo sin ti. La realidad es que una persona que llega a ese punto, no tiene a nadie.

Es Navidad y es tiempo de lavado general de conciencias: llevamos comida al Banco de Alimentos, donamos juguetes, nos apuntamos a campañas solidarias de todo tipo. Y eso está genial, en serio, nos merecemos todos un ‘Gallifante’ por ser ciudadanos ejemplares, al menos una vez al año.

Pero no somos conscientes de que muchas veces la verdadera necesidad puede estar en la puerta de al lado. Y esto se debe, mis queridos amigos, a que vivimos en una sociedad extremadamente individualista, superficial y vacía, en la que los sentimientos de los demás directamente nos resbalan.

No queremos darnos cuenta de lo que el simple hecho de hablar con una persona y regalarle unos minutos de nuestro tiempo puede hacer por ella. Y no hace falta ser adivino ni psicólogo. Cuando una persona está necesitada de atención, triste o sola, se percibe.

Esto se ve claramente en las personas mayores. Os voy a confesar algo: me encanta ‘pegarme’ a los abuelitos en la cola del supermercado o en la parada del autobús. Lo admito, soy un poco rarilla, corro en dirección contraria de lo que la mayoría huye. Pero es que hablar con ellos me recuerda y me hace volver a sentir cerca de dos de las personas más importantes que han pasado por mi vida. Pues bien, no solo se les ve la necesidad de hablar, es que cuando te hablan la mayoría de ellos viven en una tremenda soledad; soledad que la mayoría acepta porque “sus hijos y sus nietos tienen que hacer sus vidas”.

Ya veis, podéis tener la soledad entre vuestros propios familiares y no haberos dado ni cuenta.

La verdad es que es para reflexionar. ¿Hasta qué punto nos hemos deshumanizado como para no darnos cuenta de que alguien que vive cerca de nosotros lo está pasando francamente mal?

Es tiempo de Navidad y, para muchos, es tiempo de tristeza y soledad.

Así que os invito a hacer un ejercicio muy sano para el alma: hablad con las personas que están a vuestro alrededor.

Conocidos y desconocidos.

Familiares, amigos y vecinos.

Regalad un poco de vosotros, dejad vuestra huella en las personas que os rodean. Porque solo somos lo que dejamos tras nosotros.

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