Viernes, 14 de Diciembre de 2018

            

Si no puedes evitar cometer un sincericidio…

Marisa Chacón


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Últimamente se ha puesto de moda una palabreja que me encanta… Y me encanta porque se ajusta perfectamente a algo que hago muy (tal vez demasiado) a menudo.

Me refiero al sincericidio, esa maravillosa forma de libertad de expresión en la que sabes perfectamente que por decir verdades como puños al final te vas a meter en un gran lío.

Y es que tengo la boca como una metralleta. No tengo filtros y no lo puedo evitar. Si lo veo, te lo digo. ¿Resultado? SINCERICIDIO

Es cierto que trato de decir las cosas de forma que no hieran, pero mi lema es ir siempre con la verdad por delante. Y eso, por mucho cariño y empeño que pongas, a la mayoría de las personas no les gusta.

He llegado a esa conclusión después de haber perdido buenas amistades solo por decirles lo que veo, sin otro afán mayor que el de cuidar a una persona a la que quiero y por tanto respeto… Eso me ha hecho plantearme si eran verdaderos amigos o, por el contrario, eran solo personas que buscan una aprobación constante y una cohorte de palmeros. No sé…

¿Por qué duele tanto escuchar la verdad?

Lo cierto es que, aunque seas consciente de ciertas realidades, el autoengaño es una forma ‘feliz’ de vivir la vida… y que otra persona se haya percatado de lo mismo y te lo diga (repito, con todo el cariño y el tacto posibles), es una verdadera bofetada.

Es duro que te hagan ver tu propia estupidez, no hay más.

Desgraciadamente, el miedo a las consecuencias frena a la mayoría a la hora de decir las cosas a la cara. Y digo a la cara porque luego todos somos muy valientes para hacer comentarios a las espaldas del interesado. El resultado es evidente: todo el mundo está hablando de ti pero, como no eres consciente, puedes seguir viviendo en tu maravillosa burbujilla de ignorancia… En otras palabras, ojos que no ven corazón que no siente.

Pero, si no te gusta que hablen de ti a tus espaldas ¿por qué lo haces tú con los demás? ¿Por qué no le echas valor? La máxima en esta vida no debería ser otra que “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti”, así el mundo sería mucho, muchísimo mejor.

Decir la verdad se está convirtiendo en un valor a la baja y es lamentable. Vivimos para regalar el oído de quienes nos rodean y eso no beneficia a nadie en la mayoría de las ocasiones. Si no eres capaz de decir lo que realmente piensas, mejor cállate, pero no adules, no adornes… no mientas.

Las consecuencias de ser sincero no siempre son agradables, pero hay que asumirlas si realmente quieres aportar tu punto de verdad a este mundo de máscaras, si realmente quieres ayudar y ser leal.

Soy una sincericida nata. No lo puedo evitar.

Tal vez no encaje, tal vez no se entienda… Pero prefiero decir lo que pienso o siento, aunque pique, antes que quedarme con la cabeza bajo tierra cuán avestruz y dejar que una situación negativa se prolongue… No puedo, simplemente va contra mi naturaleza.

Así que si eres sincericida ¡bienvenido al Club!

Puede que tu lealtad te meta en líos de vez en cuando, pero lo que está claro es que siempre tendrás la conciencia muy, muy tranquila.


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