Indignación en las residencias de mayores: “Ver a jóvenes haciendo botellón te genera impotencia, esto no ha acabado”

Los responsables de estos centros en Granada lamentan las imágenes del fin de semana: "O no les ha tocado de cerca o les falta responsabilidad"

residencia mayores Dos residentes del Centro de Mayores. Foto de archivo - Eduardo Parra - Europa Press - Archivo
Dos personas mayores pasan el tiempo en una residencia durante la primera ola del Covid | Foto: Archivo
Miguel López Rivera
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Como en otros tantos indicadores relacionados con el coronavirus, Granada es la provincia de Andalucía en la que el Covid se ha llevado por delante más vidas en las residencias de mayores. Desde que se detectaran los primeros casos hace más de un año, 380 usuarios de estos centros han fallecido, en muchos casos sin poder despedirse de sus seres queridos. Ningún otro territorio de la comunidad ha tenido que lamentar tantos decesos y sólo Sevilla ha registrado más contagios tanto en lo referente a test PDIA (1.940 frente a los 1.734 de Granada) como en positivos totales (2.031 y 1.853, respectivamente).

La virulencia del SARS-CoV-2 fue especialmente cruda durante las primeras oleadas de la pandemia. En la provincia también se han registrado hasta la fecha los peores datos de fallecimientos (28), positivos PDIA (407) y contagios totales (435) de toda Andalucía en centros de discapacitados y albergues para sintecho. Pero los esfuerzos también han sido notables. Sin duda, la vacunación ha allanado el camino, mas conviene no olvidar la denodada labor de los trabajadores de estos centros para minimizar el impacto del Covid y, por ende, evitar muchas más pérdidas. A veces, completando maratonianas jornadas en las que se han doblado turnos o se han desempeñado durante 16 horas seguidas. Otras, sobre todo al principio, con escasa información sobre el virus, falta de planificación en los protocolos por parte de las autoridades sanitarias o equipos de protección insuficientes. Hándicaps que, en muy poco tiempo, se solventaron, pero que hasta entonces dificultaron en demasía la labor de estos profesionales.

Las imágenes de la madrugada del sábado al domingo, cuando oficialmente se produjo el levantamiento del estado de alarma, han abierto un profundo debate en la sociedad española. También en la granadina. Botellones, aglomeraciones en discotecas sin guardar la distancia social, contactos estrechos sin mascarilla y, en definitiva, un panorama con apariencia prepandémica sobre el que la realidad volvió a imponerse este mismo martes con 17 fallecidos más por coronavirus en la provincia. Un dato escalofriante que retrotrae a los de los peores momentos de las olas precedentes.

Con todos esos ingredientes, GranadaDigital ha contactado con algunos responsables de las residencias de mayores de la provincia. Esas que tan mal lo han pasado y que ahora observan perplejas cómo los jóvenes y no tan jóvenes parecen haberse olvidado de todo cuanto acontecía hace menos de un año. “Pena”, “cabreo”, “rabia” son algunas de las palabras que atinan a pronunciar a medio camino entre el asombro y la desazón. Aunque el sustantivo que más se repite es “impotencia”. Como la que sintieron en la Residencia Trinidad Montes Orientales de Iznalloz a finales de octubre del año pasado, cuando su directora, Cristina Navarrete, tuvo que lidiar junto a su equipo con medio centenar de contagios. Por eso, comenta, “no bajamos la guardia”. “Para nosotros esto no ha terminado. Incluso algunas medidas ahora son más rigurosas que antes, aunque es verdad que ahora podemos darle la mano a un ‘abuelillo’ si lo necesita porque no sentimos el mismo miedo ni la misma frustración”, explica con tono de cierto alivio.

“La vacuna es sólo efectiva en un 90 o 95% de los casos, el porcentaje de riesgo existe”

Sobre las imágenes protagonizadas por miles de personas en toda España tras el fin del estado de alarma, Navarrete se muestra tajante. “Ves eso y lo primero que se te viene a la cabeza es que hay gente a la que o no le ha tocado de cerca o le falta responsabilidad ante la sociedad en general”, lamenta antes de abundar en los protocolos de prevención que, un año después y con prácticamente el 100% de los usuarios de estos centros vacunados en el conjunto del país, aún mantienen: “Tenemos un control muy escrupuloso en cuanto al régimen de visitas. Es un trabajo de coordinación a tres bandas entre los trabajadores, los usuarios y también los familiares”. Batas, distancia social, evitar contactos estrechos, aumento de la ventilación… El objetivo, evidentemente, que el coronavirus no vuelva a hacer acto de presencia.

Y es que con casi toda esta población de riesgo inmunizada -aunque hay que decir que cada día entran nuevos usuarios y trabajadores en los centros de toda España- muchos adolescentes se han formado la idea no sólo ellos pueden escapar al virus, sino también de que ya no tienen que temer por contagiar a sus seres queridos más vulnerables. Un mantra que desmitifica la directora de la Residencia San Sebastián de Montefrío, Natividad Pimentel. “La vacuna sólo es efectiva en un 90 o 95% de los casos, así que ese porcentaje de riesgo existe”, recuerda. “Es verdad que los síntomas no serán tan graves, pero cogerlo lo puedes coger. Y a su vez esa persona puede contagiar a otros usuarios o trabajadores que tienen la segunda dosis. De verdad que es muy peligroso. Sentimos impotencia porque esto no ha acabado. Nosotros, por ejemplo, tenemos cerradas las visitas”, abunda antes de apostillar que “estamos ya cansados: los sanitarios están saturados y nosotros también”.

“Ver todo esto te produce cabreo, rabia y te hace rememorar el esfuerzo que hemos estado haciendo”

La Residencia San Sebastián de este municipio del Poniente granadino, cuyo cierre perimetral se ha encontrado con el ‘portazo’ del TSJA, fue una de las primeras en confinarse prematuramente antes de registrar contagios. También la de San Antonio, en la misma localidad. Fue en marzo de 2020, nada más declararse la pandemia: “Lo llevábamos pensando un tiempo y decidimos hablarlo con el centro de salud del pueblo, que nos lo recomendó. Eso fue un viernes y el lunes ya estábamos encerrados con dos grupos de diez personas”. Aquellos meses de “incertidumbre y angustia” por no saber “lo que iba a pasar cada semana” han tornado en “impotencia y pena”. “Esto no acaba nunca y nosotros seguimos teniendo mucho cuidado. En nuestras instalaciones nada ni nadie pasa de la cochera”, pone como ejemplo.

Alicia Carillo, directora de Operaciones de Macrosad -cooperativa del sector con una residencia en Las Gabias y dos centros de día en Albolote y el Zaidín-, incide sobre todo lo anterior. “En nuestras residencias llegamos a tener cuatro fallecimientos y un 80% de contagio. Ver esto ahora te produce cabreo, rabia y el pensar: ‘¡Madre mía! Con el esfuerzo que hemos estado haciendo’. Hay muchos usuarios que ven a sus familias por fascículos, con dos visitas por residente”, trae a la memoria colectiva. Carrillo prefiere apelar a la “empatía” por encima de la riña. “Creo que el mejor mensaje que podemos enviar tiene que partir desde esa empatía que tenemos que mostrar también. Así que a quienes están saliendo a la calle como si esto ya hubiera pasado hay que decirles que estamos muy cerca de salir, mucho más que hace un año y medio. Si hacemos las cosas bien lo conseguiremos. De lo contrario, perpetuaremos y prolongaremos esa situación en el tiempo”, zanja antes de pedir “ser conscientes desde el corazón”.

“Da la sensación de que no somos representativos para esos jóvenes, pero así no salimos”

Echando la vista atrás, Carillo califica aquellos días no tan lejanos como “desoladores”. “Se me saltan las lágrimas, hubo momentos de terror absoluto porque nuestra única obsesión era pararlo. No sabíamos lo que ahora mismo sabemos. Tuvimos que aislar con los medios que teníamos: bolsas de basura, mascarillas fabricadas, donaciones, materiales fabricados o de nuestra propia cosecha”, recuerda. “Por suerte, nosotros no tuvimos muchas pérdidas, aunque nuestros trabajadores llegaron a echar turnos de 12, 14 o 16 horas. Fue una situación dramática y esperemos que después de todo lo vivido no se tire por tierra. Se ha hecho mucho esfuerzo de dotación en EPI, planes de gestorización, de contingencia o de vacunación”, destaca previa advertencia de que “las vacunas no tienen un 100% de eficacia” y la irresponsabilidad de una persona que se expone en una noche de fiesta y luego visita a un familiar residente, en el peor de los casos hará que vuelva a ser positivo y en el mejor “que esté diez días aislado”, con lo que ello supone para este colectivo que lo que necesita, precisamente, es compañía y distracción en su día a día.

Macrosad forma parte de Cecua, la patronal de los centros de cuidados a personas de Andalucía, que a su vez está bajo el paraguas de CEAP (Círculo Empresarial de Atención a Personas) a escala nacional. En Granada, la portavoz de los directores de estos espacios es Isabel Garrido, quien a su vez es la máxima responsable de Geriatric XXI, cuyas dependencias se encuentran en Cúllar Vega. Desde una perspectiva analítica, Garrido explica toda esta presunta falta de concienciación colectiva de los jóvenes en la ausencia de identificación con los límites que se pretende imponer. Como psicóloga, la portavoz explica que “si me ponen márgenes con los que no me identifico, no reacciono”.

“Pienso que nosotros no somos representativos para esos jóvenes, quienes tienen hasta un límite de locura”, lo que haría que algunos de ellos vean todo esto como algo más propio de la edad que de la pandemia”. Pese a todo, admite que “es muy triste ir a una residencia, que es el entorno más seguro, y sin embargo ver cómo sus trabajadores están pendientes de cualquier detalle porque en realidad la situación sí que es insegura”. Y como todos sus antecesores repite la palabra mágica, “impotencia”. Y añade: “Así no salimos”.







Comentarios

Un comentario en “Indignación en las residencias de mayores: “Ver a jóvenes haciendo botellón te genera impotencia, esto no ha acabado”

  1. Les importa un comino que se puedan morir los ancianos, no actuarian asi si fuera un virus que afectase principalmente a ellos, esta personalidad de los jóvenes yo ya la conocía, y lo peor es que ahora que ya se sabe cómo son de asquerosos (y por no decir palabras aún peores), a los 4 días a sus abuelos y padres se les habrá olvidado totalmente, encima el dia de mañana tendrán su herencia porque pensaran que sus nietos no eran de los que se reunían.

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