Un Granada ‘internacional’

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Última alineación 81-82, en Antequera. De pie: Puente, Blanco García, Lina, Gallego, Antonio y Alete; agachados: Terry, Juanito, Vitoria, Quiles y Róbert. | Fotos: Archivo José Luis Ramos
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Nuestro Granada acaba de completar una temporada histórica, superior incluso en algunos aspectos a las míticas 71-72 y 73-74. En las eternas mejores temporadas faltó un pelo para llegar a Europa, cosa que ahora sí se ha conseguido. A propósito de esto, uno oye por ahí que será la primera vez en su historia que el Granada salga al extranjero a jugar un partido oficial, y uno, en su condición de ‘enteraíllo’ de la historia rojiblanca tiene que salir al paso. Como a Unamuno (salvando, claro, distancias galácticas), me han tirado de la lengua y tengo que contestar.

No es ni mucho menos la primera vez que el Granada actuará en un estadio no español en partido oficial. Lo que ocurre es que todos los precedentes son modestos y se produjeron no como premio a una buena temporada futbolera, sino por el mero hecho de que eran partidos de su calendario liguero. En los años cuarenta y cincuenta el Granada viajó casi todas las temporadas al Marruecos bajo protectorado español, a las ciudades de Tánger y Tetuán, cuyos equipos jugaban en la liga española, todos partidos de segunda categoría. Incluso el filial, el Recreativo, de Tercera División, viajó también en esos años a esas ciudades y además a la de Larache, para disputar partidos de su calendario.

Pero quiero prestar especial atención a otro precedente -más moderno- de salida de nuestro equipo a un país extranjero para jugar un partido de liga, esto es, oficial, pero éste pertenece a la historia negra de los rojiblancos, por así decirlo. Tiene poco de heroicidad y mucho de poquedad, y se inscribe en la parte de la historia del club de nuestros amores que podemos denominar de horas bajas. Ocurrió en la temporada 1981-82, la primera en la que nuestro equipo militó en el tercer nivel del fútbol español, la Segunda B, por entonces formada por sólo dos grupos. El Granada quedó encuadrado en el segundo, que integraban andaluces, extremeños, murcianos, levantinos, baleares y catalanes, y además el Andorra.

El Granada compareció en tierras del Principado el 3 de enero de 1982 para disputar su partido de la jornada 18, penúltimo de la primera vuelta, pero cuando estaban dispuestos a salir al terreno los jugadores, el árbitro de la contienda decidió suspender el encuentro debido a la espesa capa de nieve y hielo que cubría el césped del Centre Esportiu de les Valls, así que nuevamente embarcaron los rojiblancos en el mismo autobús que hasta allí los había llevado y se volvieron por donde habían venido. Algún plumilla andorrano especuló con la posibilidad de que el Granada hubiera buscado de propósito el aplazamiento porque en su día se había negado a alterar el orden de los dos partidos, como se le había solicitado desde Andorra la Vella, ya que era muy previsible que en esas fechas la nieve cubriera abundantemente los valles pirenaicos; con esa estratagema, dice el cronista, habría buscado verse arropado por los muchísimos andaluces residentes en Andorra, sabiendo que a primeros de enero éstos estarían de vacaciones en su tierra.

El partido ‘internacional’ se pudo jugar por fin casi dos meses después, el martes 23 de febrero, aprovechando el desplazamiento de los rojiblancos dos días antes a Tarrasa de la jornada 25. No había nieve ya pero sí muchísimo barro y la temperatura apenas subía de los 0 grados en la noche andorrana. En las breves gradas del municipal se veían banderas rojiblancas y alguna pancarta y se escuchaban gritos de apoyo a los nuestros, pero Verdejo; Alete, Antonio, Lina, Heredia; Antonio Jorge (Gómez), Gallego, Vitoria; Jorgoso (Aragón), Juanito y Róbert, salieron derrotados 2-0 de su primera y por el momento única visita al mini país pirenaico, aunque, según las crónicas de periodistas locales puesto que ninguno de la tierra viajó con el equipo, los rojiblancos jugaron bastante bien y no merecieron la derrota. Por su parte, los expedicionarios a su vuelta, con el presidente Candi a la cabeza, le echaron la culpa al árbitro, que señaló un penal inexistente en el primer gol, cometido sobre el granadino de nacimiento Robi (hijo del rojiblanco de los cuarenta Valentín Jorge Sosa), quien después de su paso por el Atlético de Madrid jugaba esta temporada en el Andorra; además, el trencilla anuló un gol al Granada porque sí y no quiso ver un claro penalti en el área andorrana. Así lo declararon los esforzados del autobús a su vuelta y pudo leerse en Ideal, que acababa de empezar a salir también los lunes, lo que en breve provocará el cierre del semanario Hoja del Lunes, que llevaba publicándose más de cuarenta años.

Vitoria, con sus ‘petardazos’, fue el máximo goleador de aquel Granada 81-82.

Como queda dicho, el Granada de aquella temporada era un club en horas muy bajas, iniciando el larguísimo periodo que lo va a tener casi tres décadas fuera del llamado fútbol profesional. La temporada había empezado con el sillón de Recogidas vacante al haber dimitido de la presidencia Manuel Anel. El club en esos momentos es una ruina. El riego del césped de Los Cármenes hay que hacerlo manualmente porque el suministro eléctrico lo han cortado por falta de pago, son varios millones de deuda a Sevillana a los que se suman otros varios millones de pesetas a Hacienda y a la Seguridad Social desde hace por lo menos tres ejercicios, y además está lo que se debe a la entidad crediticia Bancreco (110 millones) y a los futbolistas, todos con sus contratos denunciados. Hasta las pírricas ganancias del bingo del Granada CF están embargadas por los directivos dimisionarios. En la temporada recién terminada, para poder desplazarse el equipo a Ceuta en la jornada 36 hubo que vender por chatarra la escalera que se ponía últimamente para acceder a la grada de General en los llenos asegurados y que fue invento de Gerardo Cuerva y vino a sustituir a la rampa que años atrás colocaban los soldados del cercano cuartel de Ingenieros. En Ceuta fue precisamente donde, ante un equipo ya descendido como el local, un Granada de turismo hizo el ridículo perdiendo 3-0 y casi certificó su descenso. Encima, durante el desarrollo de la temporada 81-82, Los Cármenes, de prácticamente vendido para sufragar todo lo adeudado, pasó a estar amenazado de salir a subasta por las deudas mantenidas con el ex presidente Salvador Muñoz. También los trofeos fueron embargados y recuperados tiempo después mediante pago en subasta pública por el directivo Mariano Sánchez Osorio. Fue tanta la ruina del club que ni siquiera hubo fondos para tener el detalle con los equipos que visitaban Los Cármenes de regalarles un recuerdo, aunque fuera un banderín, puesto que la mayoría era la primera vez que pisaban el estadio.

Se estimaba (en la economía del Granada de antaño es una constante no saber nunca la cifra exacta de sus trampas) que la deuda global iba por los 300 kilos y para colmo el club había tocado fondo en lo deportivo, recién descendido al tercer nivel del fútbol nacional, una categoría que no pisaba nuestro equipo desde 1934. A pesar de que peor no podía ir la cosa y de que se sugiriera la posible desaparición del club, que acababa de cumplir 50 años redondos, hubo cierta lucha electoral por la presidencia. Ángel Fernández Oliveros hizo campaña y de no ser por la decisión de Cándido Gómez de presentarse a presidente muy al final y casi por sorpresa, seguramente sería quien finalmente habría ocupado el sillón de Recogidas, pero tuvo que rendirse ante el gran carisma de su oponente, que arrasó en las votaciones y se hizo cargo de la situación iniciando así la segunda época de la era Candi. Carlos Marsá, con un proyecto muy de cantera, también fue candidato, pero se retiró en el último momento, cuando supo que Candi se presentaba.

El Granada conmemoró al revés sus bodas de oro en 1981, con un descenso, el primero de su historia al tercer nivel del fútbol español. En su nueva categoría, Segunda B, empezó mal y llegó a estar amenazado de un nuevo descenso. Antonio Ruiz sustituyó pronto a Lalo y enderezó algo la cosa pero el equipo nunca tuvo opciones de volver a segunda y acabó en medio de la clasificación, y así esta temporada terminó entre bostezos y con entradas en las gradas del viejo Los Cármenes de menos de mil personas y broncas a los futbolistas y el palco. A la temporada siguiente Candi, con más tiempo para actuar, armará un buen equipo y se recuperará la segunda división, aunque no mejorará mucho la situación económica y pronto volverá nuestro Granada a los sótanos del balompié y a estar muy amenazado en su existencia. Y así hasta 2009, que se dice pronto.

El contraste entre el Granada de hace casi cuarenta años con el actual es enorme. Afortunadamente para sus fieles. Pero que conste que no es la primera vez que va a viajar al extranjero.

El Granada por primera vez en su historia tuvo que actuar en el exilio por estar su estadio clausurado. En La Rosaleda: Izcoa (en el último partido de su carrera), Blanco García, Lina, Alete, Polo y Gerardo; con Rincón Rus, Mauri, Antonio, Gómez y Terry, empataron a dos con el Ceuta. El partido no valió y hubo de repetirse.

Precisamente la devolución de visita del equipo andorrano, ya a mediados de mayo y en la penúltima jornada de liga, coincidió con uno de esos sucesos locales que centran durante unos días todas las conversaciones. Naranjito y el Mundial español, a un mes de echar a andar, copaban las primeras planas de los diarios junto a la recién empezada guerra de las Malvinas, pero, en medio, una noticia de andar por casa se hizo un hueco en los medios de Granada y de España: una talla de vestir (sólo tiene cara y manos, el resto es canastilla) de la Virgen de las Lágrimas, en la iglesia de San Juan de Dios, haciendo honor a su nombre apareció de un día para otro con cuatro regueros de lagrimones de color sangre en su rostro policromado, se lee en la prensa, que cuenta en Granada con una nueva cabecera al sumarse a Ideal y Patria el Diario de Granada, puesto en circulación apenas hace una semana. Este pretendido fenómeno sobrenatural fue la comidilla de todos los corrillos penibéticos y al día siguiente de conocerse decenas de miles de personas que querían ver de cerca el “milagro”, muchas de ellas venidas expresamente en autobús chárter desde la provincia y desde las vecinas, colapsaron la basílica y obligaron a cerrar al tráfico rodado la calle de San Juan de Dios. Las enormes colas que llegaban hasta el Triunfo continuaron los días siguientes y enseguida florecieron puestos ambulantes para la venta de estampitas de la virgen y otros objetos milagreros.

Mil hipótesis se plantearon acerca de la causa del ‘prodigio’. La Iglesia por voz del arzobispo Méndez Asensio y sin esperar al resultado de los estudios y análisis científicos (cuyas conclusiones nunca se conocieron) de las supuestas lágrimas de sangre, pronto hizo público un comunicado según el cual no existía indicio alguno de intervención sobrenatural sino que más bien parecía tratarse de una manipulación obra de un fanático, procediendo a continuación a retirar la imagen de donde estaba expuesta y trasladarla a otro lugar, con lo que desaparecieron las aglomeraciones ante la basílica de San Juan de Dios.

Mientras, en Granada como en el resto de Andalucía, se sucedían los macro mítines en plazas públicas de primeros espadas de la política (Felipe González, Manuel Fraga, Soledad Becerril, Blas Piñar y otros) de cara a las elecciones al Parlamento Andaluz, las primeras después de la aprobación del Estatuto de Autonomía y aperitivo y anticipo de las generales que estaban en el horizonte, en octubre. Algunos quisieron ver en la presunta llantina virginal un intento de manipulación de la voluntad popular, un llamado al voto conservador, algo así como: si votáis a los socialistas (estaba cantado su triunfo por mayoría absoluta) y seguís camino al libertinaje que ha traído la democracia, el cielo se enfadará y nada bueno puede ocurrir. No iban nada descaminados los que eso sospechaban.

El tiempo pasó y de la cuestión de las lágrimas apenas se volvió a hablar. Hoy se sabe que todo fue un montaje ideado y ejecutado por la misma persona que descubrió el supuesto milagro, un religioso, y que con su acción sólo quería “invitar a los fieles a la penitencia y a la oración por los peligros que esperaban a España al tomar el poder el Partido Socialista”, según Melchor Sáiz-Pardo en su artículo ‘La Virgen llora sangre’. En ese mismo escrito también revela el que fue director de Ideal, quien vivió de cerca todo el asunto, que ese dato lo conoció confidencialmente tiempo después. Pronto se olvidó todo lo sucedido. Se echó tierra sobre la superchería y ni siquiera llegó a conocerse públicamente el dictamen de la comisión que para estudiar el caso nombró en su día el Arzobispado.

Recorte de ‘Ideal’ en el que se puede ver el aspecto que presentaba la calle San Juan de Dios el 13 de mayo de 1982.





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