Quiero ser objetiva

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Imagen ilustrativa de un periodista y un cámara de televisión | Foto: Archivo

Es una afirmación bastante complicada. Todos estamos bajo la influencia de gente, de ideologías, de que simplemente hayas pasado una buena o mala noche…Resulta bastante fácil dar consejos porque los recuerdas de tu familia, de tus amigos, de la gente que aprecias, es decir, estamos al amparo de nuestros recuerdos, y somos lo que somos, como diría Ortega Gasset, también por nuestras circunstancias.

Intentamos ser objetivos y hacer juicios de valor sin dejarnos llevar, de ahí, mi más sentida admiración hacia todo el poder judicial que no se haya engrilletado. Un gesto, una sonrisa o una lágrima pueden cambiar en un segundo nuestra valoración y que se incline la balanza hacia la derecha o la izquierda. Es muy difícil el equilibrio, sobre todo cuando estamos sometidos a un ritmo en la sociedad que marcha mucho más rápido de lo debido.

No nos da tiempo a detenernos en todo lo bonito que nos rodea y vivimos bajo una sobreinformación descontrolada y nada objetiva. Somos capaces de destruir palabras o titulares, ponemos en los demás frases que no han dicho y que lo tergiversan todo. Gran papel el de los periodistas que consiguen ser objetivos, o valientes, según se mire. Quedan pocos, porque, repito, todos estamos bajo la influencia de alguna corriente y, ¡ojo!, no pretendo decir que solo una tenga la posesión de la verdad absoluta, pero, amigos, esto es a veces como lo de hacer dieta o intentar dejar de fumar. Todos sabemos que dejar de fumar es de las mejores decisiones que se pueden tomar, igual que sabemos lo que engorda y lo que no. Pero tanto una opción como la otra son difíciles, hay que tener fuerza de voluntad y seguir unas pautas adecuadas, pero no es nada sencillo, las tentaciones están ahí y hay que saber resistirse a ellas.

No vemos muchas veces que las palabras pueden ser capaces de destruir ilusiones o de levantarlas, el infinito poder de la comunicación bien o mal usada. Quien maneja la información, maneja el poder, y el poder no puede estar en manos de cualquiera.

Cada vez que empieza un año nos proponemos grandes retos y no nos damos cuenta de que el gran reto que tenemos en esta vida es el de intentar ser buenas personas, ayudar. Coger el camino más fácil no quiere decir que sea el correcto, por lo general, muchas veces esos caminos son mucho más complejos. Pero son solo aptos para valientes.

Ser objetivos y ser sinceros, aplicable para todo. O, por lo menos, intentarlo. Ser conscientes de que la transmisión de información puede pasar por ese traicionero juego del “teléfono escacharrado” y que una noticia que empezaba siendo toda una declaración de intenciones queda totalmente fuera de contexto por muy verdadera que fuese.

Ese es nuestro fin. Transmitir con veracidad y objetividad. Y, señores, sí, las verdades duelen, pero las mentiras más. Tengamos la personalidad que otros no tienen y no seamos borregos de modas, ni de ideologías, ni de personas, seamos honestos con nosotros mismos, y lo seremos también con los demás.

“Llegar a ser conscientes de quiénes somos realmente exigiría salir fuera de nosotros mismos y vernos objetivamente” – Paul Watzlawick.







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