La alumna de la UGR que denunció a su profesor por acoso: «Si algunas iban acompañadas a tutoría, echaba al acompañante»

Asegura que estos casos llevan dándose "diez años por lo menos" y que ya son cerca de treinta las afectadas que han contactado con ella

Alumna de la Universidad de Granada denuncia a su profesor por acoso sexual
Imagen de la joven que destapó el caso | Foto: Antonio L. Juárez | Vídeo: Daniel Bayona
Nacho SantanaNacho Santana
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«Me preguntó cosas como que si yo me masturbaba, que si necesitaba ayuda con eso y que si disfrutaba con el sexo», relata una alumna de la Universidad de Granada que ha denunciado a su profesor por acoso sexual. Ha sido la primera, pero no la única, pues asegura que a raíz de su valentía «han contactado conmigo cerca de treinta chicas, que lo hayan contado ya creo que fueron cinco, y creo que quieren contactar bastantes más, unas quince o dieciséis», y es que aseguran tener constancia de que esto lleva pasando «diez años por lo menos».

Su caso, unido a otros seis, han hecho que el profesor figure ya en calidad de investigado, lo que ha dado fuerzas a la joven para contar su experiencia. «Yo voy a una tutoría porque me puse mala y, como a todos los profesores, le mandé un correo diciéndole de entregarle un justificante y, que si era necesario, iba a tutoría sin problema», comienza, «fui a verle y estuvimos hablando, en ningún momento de la asignatura, me dijo que lo único que quería en ese momento era que yo confiara en él, que no perdíamos nada confiando el uno en el otro». Dado que había más alumnos haciendo cola para entrar a tutoría, la estudiante indica que «dijo que no había dado tiempo a hablar lo suficiente y me pidió mi número de teléfono para decirme si iba a estar en tutoría después y cuándo me podría pasar».

Fue en ese momento cuando los hechos comenzaron a tomar un giro extraño. Tras pedirle el teléfono, la joven descubrió que el profesor tenía siempre tutoría a la misma hora, «¿por qué le iba a tener que dar mi número de teléfono si iba a estar ya allí?», se pregunta antes de contar que, al asistir a la hora que habían concretado «me ofreció ir a comer con él, me preguntó cosas como que si yo me masturbaba, que si necesitaba ayuda con eso y que si disfrutaba con el sexo». «Como tenía mi número, me dijo que mi foto de perfil era muy provocativa, sacó el móvil y la acercó refiriéndose hacia la zona del pecho», rememora, «me ofreció hacerme una asignatura diferente». Además, afirma que se le el profesor le pidió hacerle una fotografía con su propio móvil tras una tutoría en la que «me dijo que me sentara a su lado en lugar de delante suya con una mesa por delante como con cualquier otro profesor, se acercaba mucho, me tocaba las manos, las ponía sobre las mías… estaba muy cerca, fue superincómodo».

Este tipo de acciones se produjeron hasta que, a la semana siguiente, la estudiante de la Universidad de Granada pidió una segunda audición, esta vez con el propósito de grabar lo que pasase para «tener una prueba de que eso había pasado». «Quise grabarlo por poder defenderme», explica, «si no hubiera tenido ninguna prueba lo mismo nadie me creería».

Durante esta segunda tutoría consiguió que el profesor admitiese todo lo sucedido en la segunda, a excepción del ofrecimiento a hacerle una asignatura diferente, aunque apunta que «cuando lo digo no reacciona como cualquier otro profesor, él ya sabe a qué me estoy refiriendo». «Lo demás sí conseguí que lo admitiera, siempre intentando justificarlo», cuenta, «me preguntó si me había sentido incómoda en algún momento, le dije que cuando me preguntó si me masturbaba, y me dijo que si fue una pregunta muy atrevida, pero lo admite aunque intente justificarlo».

Sin embargo, la alumna asegura que se trata de «una situación muy incómoda en la que la gente que va a llevar la investigación me preguntó que por qué no salía de ahí, que los animales cuando se sienten amenazados salen corriendo, nosotras no somos animales». «En esa situación, él tiene poder sobre mí porque es profesor. No eres consciente de que eso está pasando, no sabes reaccionar. Si van a llevar la investigación desde esa perspectiva, nos sentimos bastante decepcionadas», reivindica en su nombre y en el de las compañeras que se han puesto en contacto con ella.

Dentro de este abanico de personas afectadas, destaca el caso de una a la que tendría que haber tutelado en su trabajo final de grado (TFG). «Le dijo desde el primer momento que le iba a suspender porque decía que era mejor hablar las cosas en verano en su piscina», cuenta la alumna que ha destapado el caso y que tiene además el permiso de la afectada en cuestión, «tuvo que hacer el TFG sola, le decía de recogerla en su casa, ella dice que conocía a otras chicas que habían dejado de estudiar por su culpa». También llama la atención que, si las alumnas acudían a la tutoría acompañadas, el profesor echaba a sus acompañantes. «Al novio de una de ellas le echó y él escuchó cómo echaba el pestillo por dentro», cuenta la alumna que ha recopilado información de sus compañeros.

Con respecto al profesor, que por edad debería estar ya jubilado, la joven lamenta que, de no haberse dado de baja, «seguiría dando clase perfectamente». Por ello, consideran que, pese a que «está muy bien el hecho de que haya un protocolo», es «insuficiente». Apoyan esta idea en que «El hecho de que haya un año de investigación y que ese profesor pueda seguir dando clase mientras no se demuestre nada y, que como mucho, le puedan expulsar 12 meses si todo va bien, me parece insuficiente«, por lo que han convocado una concentración en la facultad de Ciencias de la Educación este jueves 4 de abril a las 13 horas en señal de protesta y apoyo a sus compañeras. Mientras tanto, la investigación continúa su curso con el añadido de lo grabado por la alumna y unas capturas de pantalla de conversaciones de una de las afectadas con el profesor y de afectadas entre sí, entre las que se mencionan datos como el miedo a sentarse en primera fila porque el docente grababa todo lo que ocurría en el aula.

Este es el testimonio completo de la joven

 



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