La presencia del líder

Mandela
Mandela y el liderazgo | Foto: remitida
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Hace unas semanas coincidí en el Lazareto de Mahón con Concha Zaforteza, Miguel Ángel Mañez y Sole Gallardo, hablando de equipos, emociones, líderes… Y Concha habló de la importancia de la presencia. Y me gustó oír esta palabra ligada al liderazgo.

Se dice que la presencia tiene que ver con la apariencia, con el desplante y la seguridad que se muestra y con la forma de comunicar. Es decir, se asocia en gran medida con una cualidad que se le asigna a las personas que proyectan cierta autoridad y seguridad.

Pero la verdad, es que dicha presencia puede aparentar más que ser. Es la forma que adopta para alguna gente el Ego para moverse, para mostrarse y para cuidarse. Es para algunos sólo cáscara; no sustancia.

Los líderes auténticos no buscan demostrar siempre que tiene la última palabra, sino que reconocen que su trabajo consiste en obtener lo mejor de los demás, lo que requiere mostrar respeto a sus compañeros, no sólo como profesionales sino, también, como seres humanos.

La presencia es estar presente; es una energía que nos mueve y que nos permite estar y hacer desde el Ser, lo que marca toda la diferencia.

La presencia irradia los ambientes; genera un espacio de consciencia para que florezca la interacción plena y abre canales para que aparezca el otro a través de la inspiración y el despliegue de sus talentos.

El liderazgo auténtico, simplemente no es posible de alcanzar para una persona, si ella no desarrolla la cualidad o el arte de la presencia. La presencia actúa como un imán que atrae, acoge e inspira; en donde no tienen cabida los juicios ni las etiquetas. La presencia es consciencia sin pensamiento; es la plena consciencia en acción; es ser en el hacer.

Si hay algo que caracteriza a todos los líderes de verdad, es la energía que transmiten; la cual magnetiza los ambientes, atrae, motiva profundamente e impulsa a la acción. Eso es presencia pura.

Dos buenos ejemplos: Mándela y Gandhi:

a) Cuando a fines de los años 80 del siglo pasado, Sudáfrica enfrentaba serios problemas de gobernabilidad con disturbios por todo el país; el gobierno decide empezar a negociar e inicia conversaciones con Mandela, que por ese entonces cumplía su 27 año de cárcel. Estando reunido el consejo de ministros, lo mandan a buscar directamente a la prisión. Los testimonios que dan algunos testigos de esa reunión son impactantes. Cuando aparece Mandela con su uniforme de reo y su caminar pausado, quedaron todos paralizados por una energía que no podían explicar. Aunque no lo habían visto nunca, Mandela llenaba todo el espacio; sin decir nada conectaba con todos y comunicaba todo. Eso es Presencia; pura Presencia.

b) Gandhi es otro ejemplo paradigmático de un líder que movilizaba por su sola Presencia. Como abogado propiamente tal, era un fiasco; no tenía oratoria ni el poder de convencimiento de la palabra; muchas veces estas no le salían de la boca. Lo que marcaba la diferencia en él, era la energía que transmitía, la que se alimentaba de su consciencia.

El liderazgo no es viable sin la presencia. Y es que estar presente es siempre infinitamente más poderoso que cualquier cosa que uno pueda decir o hacer.

Cuando un líder es presencia, su Ser está en el hacer; la actividad que esté realizando, por sencilla que sea, se convierte en un fin en sí misma. Cuando el líder está realmente presente, es total en lo que hace y sus acciones se cargan de poder.

El propósito primario de un líder es permitir que fluya consciencia en lo que hace. El propósito secundario es lo que se quiere lograr con la actividad.

Un líder lo será de verdad, cuando su Ser fluya en el hacer; es decir, la consciencia se manifiesta en la acción a través de la presencia. El líder impacta a otros por lo que es y no por sus deseos o intenciones de influir. Podrá por ejemplo tener la mejor intención de producir empatía, pero si esta no es una cualidad que esté anclada en su Ser, en su consciencia; no la podrá generar.

Sin el don de la presencia, el liderazgo no es viable ni posible. Cuando hay presencia, ya no hay disociación entre el Ser y el Hacer, algo tan común en los directivos de hoy, lo que deriva en una incoherencia e inconsciencia difícil de sostener.

El liderazgo no es un título ni una posición; es una energía. Y dicha energía es la presencia, la cual emana directamente de la consciencia; sin la cual un liderazgo auténtico, simplemente no es posible. La presencia es energía, es vibración. No se ve, pero está en todo, explica todo y la perciben todos.

La clave es tener una presencia sólida no solo en las apariciones públicas sino, también en cualquier interacción, ya que cualquier aspecto de la misma, incluyendo la presencia física, voz y emociones está íntimamente ligado a nuestro mensaje.

Muchas personas en puestos de autoridad luchan por tener una presencia adecuada y adoptan la personalidad que asumen que un líder tienen que tener como por ejemplo, un lenguaje corporal firme y autoritario, una informalidad estudiada y al hablar en público una presentación cuidadosamente preparada. Esto lleva a que estas personas se parezcan a todo el mundo, se parezcan a las modas y un líder se convierta en clichés y en comportamientos ficticios, con lo que a la persona que los utiliza se la va a considerar como poco auténtica y sus mensajes serán interpretados de la misma forma y no parecerán sinceros.

Podemos ganar la confianza e influir expresando nuestro verdadero propósito y compromiso a los demás de una forma genuina. Muchas personas confunden la actuación y las asocian con artificio, pero una buena interpretación, aunque sea en un drama de ficción, va a depender de la autenticidad. Por otro lado, ser un líder auténtico no significa decir lo que sentimos en cada momento. Lleva tiempo, experiencia y práctica el aprender a transformar nuestros impulsos en reflexiones y en articularlas y actuar acorde a ellas de una forma que satisfaga nuestro propósito y construya las relaciones que necesitamos.

El valor que se le concede a este tipo de liderazgo caracterizado por la capacidad para comunicar lo que es necesario decir de forma que inspire a las personas a seguirnos se ha elevado mucho en los últimos años. La confianza cada vez más se considera una ventaja competitiva clave y si somos capaces de sentirnos cómodos con nosotros mismos y de proyectar un mensaje sincero y valioso las personas tenderán a concedernos a nosotros y a nuestra organización su confianza. El verdadero liderazgo es relacional y engendra compromiso genuino y confianza.

10 principios para ayudar a establecer y mantener una presencia de liderazgo única y auténtica. Estos son:

I. MOSTRARNOS cómo UNA PERSONA COMPLETA

II. LIDERAR con AQUELLO que NOS IMPORTA

III. COMENZAR UNA CONVERSACIÓN que otros QUIERAN CONTINUAR

IV. DAR IMPORTANCIA a la COMUNICACIÓN NO VERBAL

V. CULTIVAR UNA CURIOSIDAD sostenida

VI. COMENZAR por mantenernos QUIETOS

VII. ENCONTRAR UNA HISTORIA en todo

VIII. GUARDAR algo SIN DECIR

IX. INVESTIGAR nuestro IMPACTO

X. CONSTRUIR nuestro "MÚSCULO DE LA MEMORIA"

Nuestra presencia como líderes puede apoyarse en un patrón mental y emocional similar y con la suficiente práctica puede convertirse en algo natural el dirigirnos a un grupo o a una audiencia de una forma auténtica y con autoridad. Construir este tipo de presencia nos ayudará a ser resiliente y en una crisis nos facilitará el centrarnos en lo que ocurre en el momento, responder adecuadamente y recuperarnos más efectivamente. Importante la presencia en un liderazgo auténtico.