Granada no es Glasgow, pero hay música en vivo a diario

En torno a una veintena de salas, de mayor o menor capacidad, programan con regularidad conciertos de rock, jazz, flamenco o música clásica

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Concierto de reinauguración del Planta Baja después de que sufriera un incendio | Foto: GD
Guillermo OrtegaGuillermo Ortega
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Algunos dicen que, por las muchas bandas que surgen de aquí y de allá, Granada es la Liverpool española. En plan más formal, con categoría casi oficial porque así la bautizó el ayuntamiento, Granada es también Ciudad del Rock. Y aunque los más críticos sólo han visto en eso último la excusa para que algunos locales luzcan en sus fachadas una inscripción con forma de púa de guitarra que explica su contribución a la historia de la música local, lo cierto es que grupos no faltan. ¿Y locales para que actúen? Pues aquí la cosa no es como en Glasgow o Dublín, donde en cualquier pub hay un escenario al que se suben a diario formaciones locales para coger tablas, pero algunos sí que tienen. GranadaDigital hace un repaso.

Por empezar por los clásicos, posiblemente el más representativo y el que mejor se conoce fuera de aquí es el Planta Baja. Con capacidad para poco menos de 300 personas, es ideal para saborear un concierto tocando casi literalmente a los músicos. Tiene una programación estable y heterogénea, donde cabe desde el pop más almibarado hasta el rock and roll más sucio. A veces, como cuando vinieron Luna, se pone realmente de bote en bote. El día que Chuck Prophet interpretó allí de cabo a rabo el London Calling de The Clash ha quedado grabado de forma indeleble en la memoria de todos los que tuvieron el privilegio de estar allí.

Muy activo es también el Lemon Rock Hostel, con actuaciones casi a diario de grupos nacionales (Cooper) e internacionales (The Wedding Present). El escenario está situado en el centro del recibidor del establecimiento y el público está aún más cerca que en el Planta. Ahí ya es que uno se empapa del sudor del músico, vamos. Eso, el que esté en ese recibidor, porque si no pilla sitio debe subir a la primera planta o, peor aún, a la segunda. Desde allí, asomándose a la barandilla, ve por el hueco de la escalera las coronillas de los artistas. A todo esto: allí se hospedan clientes. Es de suponer que no les molesta eso de tener un concierto al otro lado de la puerta.

El Tren e Industrial Copera son otros dos clásicos, concebidos para conciertos de mayor capacidad, para unas 700 u 800 personas. La primera sala está en una nave en la antigua carretera de Málaga y abundan allí los grupos de rock duro (o géneros fronterizos) como Narco, Hamlet o Saratoga, aunque también han ido clásicos del reggae como The Skatalites y figuras esenciales del garaje como The Sonics. La segunda, antes en la frontera entre Granada y Armilla y ahora en La Zubia, apuesta por el eclecticismo, lo que les lleva a programar a Hora Zulú, a Viva Suecia o a formaciones de techno en cualesquiera de sus muchas vertientes.
También son conocidos por casi todos el Boogaclub, que combina conciertos con sesiones de pinchadiscos; o el Rocknrolla, en línea similar aunque, como su nombre ya sugiere, en una onda decididamente guitarrera.

La discoteca Aliatar ha secundado también a la estupenda costumbre de programar conciertos y ha apostado sobre todo por grupos españoles. La última en pasar por allí fue Amparanoia y antes lo hicieron Sex Museum. Astola y Ratón, Albert Pla y los ochenteros La Unión son sus próximas apuestas.

Hablando de los ochenta, hay un bar en Pedro Antonio de Alarcón que, ya sólo por su nombre, remite a esa década. Se llama La chica de ayer, como la canción de Nacha Pop, y con este local ya empezaríamos a hablar de pubs que suben a gente al escenario, algo que también hacen en Instante, en la calle Ganivet, y mucho antes de que éste pensara siquiera en abrir sus puertas, en La Tertulia, en Pintor López Mezquita.

La artista flamenca La Moneta, en una actuación en Los Olvidados | Foto: GD

Quien esté por el flamenco puede pasarse por el Eshavira, que renació de sus cenizas (aunque no literalmente, como sí que le pasó al Planta Baja) y sigue dándole al género, y también al jazz. Aunque no es por supuesto la única opción. La Cueva La Rocío, Los Olvidados, Le Chien Andaluu, Vimaambi o la Zambra La Canastera contentarán a los aficionados.

Para terminar el recuento, y por supuesto pidiendo disculpas a quienes se hayan podido quedar fuera, se puede y se debe incluir al auditorio de CajaGranada, un espacio realmente magnífico y con buena acústica donde han estado, por ejemplo, The Flamin´ Groovies o Cornershop; por el del Centro García Lorca, abierto al mundo clásico, al jazz y ocasionalmente al pop en pequeño formato (Maika Makovski dio un interesante concierto acompañada sólo por guitarra y piano); por el del Manuel de Falla, donde obviamente manda la música clásica pero que también ha cedido terreno a gente como Kiko Veneno. Ah, y en el Teatro Alhambra dan teatro, eso se cae por su peso, pero más de una vez ha albergado ciclos musicales. Lambchop o Vic Chesnutt tocaron allí.

Los artistas de gran tirón, los que llenan grandes espacios, tienen sus templos particulares en el Palacio de Exposiciones y Congresos y, sobre todo, la plaza de toros cuando el tiempo lo permite y el Pabellón de Deportes todo el año. En esos sitios caben en torno a siete mil espectadores, cifra que en Granada han congregado, por ejemplo, 091 (llenó el primer día y casi lo logró el segundo) o Pablo Alborán, que según se dijo entonces hasta dejó gente en la calle del tirón que tiene. Placebo o Bob Dylan, que pincharon en el polideportivo, no pueden estar tan satisfechos como el malagueño.





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