Martes, 16 Enero, 2018

            

Cumpleaños

Alejandro Morales | @anyolin12


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Escribo estas líneas desde mi comodísima condición de no padre, un estatus del que, salvo algún momento muy puntual de debilidad pasajera, gozo como solo lo hacen los marranos en los charcos. No soy padre, gracias a Dios. Pero sí tito y… ¡je! Cómo mola eso. Te llevas lo mejor de los niños (su complicidad, sus risas, su cariño, su alegría…), pero solo los raticos que te vienen bien. Eres uno de sus principales referentes lúdicos, pero cuando se ponen pejigueras simplemente tienes que devolverlos a sus padres, con lacito si se tercia, y que ellos los aguanten. Puro egoísmo, lo sé, pero es lo que hay para lo bueno y para lo malo.

Soy tito y alguna cosa más. El caso es que de un tiempo a esta parte estoy rodeado de diablillos  de distinta condición, sexo y procedencia con los que juego, a los que ‘puteo’ y quiero con locura (a veces hasta les leo cuentos antes de dormir), los revoleo y manipulo a mi antojo (niño boca abajo, niño manteado, niño mareado) y que, además, me han abierto un maravilloso mundo paralelo ante mis ojos, del que disfruto como el gran voyeur que soy: los niños, sus padres, los otros niños, los otros padres y sus locas interacciones. Otro día hablaré sobre los grupos de whatsapp de las madres (y padres) de los chaveas de una misma clase, con especial interés cuanto más pequeños sean los críos.

Ese es un apasionante tema que merece una reflexión honda y extensa. Hoy es que vengo de un cumpleaños, el tercero en un mes, que no ha debido costarle a los padres menos de 300 euros y eso para mí, que soy un tieso, son palabras mayores.

300, 400, 500… no seré yo quien le quite dígitos a la cuenta, pues considerando que en el local (profusamente equipado con multitud de divertimentos audiovisuales de última generación) no había menos de 20 niños gritones y sobreexcitados, a los que hay que sumar otros tantos adultos (¡sus padres!) que han matado el tiempo a base de pizza, refrescos y algún vino (y tarta, claro)… quizá la ‘dolorosa’ se aproxime más a 500 que a 300. Aunque realmente no quiero hablar de dinero.

20 adultos, maldita sea, hartos ya de verse las caras y de hablar siempre de lo mismo, en cada cumpleaños, emperifollados y aburridos. Vengo descubriendo últimamente que los cumpleaños de los niños de nuestro tiempo son para los niños y para sus madres (y padres), que paralelamente al desarrollo del evento, viven también su particular e intrascendente reunión social, como si no tuvieran nada mejor en qué emplear su tiempo que en pasar la tarde con las madres (y/o padres) de los compañeros de su niño en el cole. En este, en concreto, los niños están bajo llave para que no se escapen… pero también para que no interfieran en las apasionantes tertulias sobre temas recurrentes y lugares comunes que se organizan, menudo fiestón, día sí y día también.

Queridos padres, ya que tenéis la suerte de que a vuestros hijos les ha salido un plan esta tarde que los va a tener entretenidos y gastando energía no menos de dos horas, en un entorno seguro, con profesionales que están ahí para eso y rodeados de incentivos lúdicos y gastronómicos… ¿qué coño hacéis detrás del tabique?

Porque, todavía, si dijeras que el chaval, angelico, es el primer cumpleaños al que va, porque ya ves tú, con 365 días que tiene un año, y los pocos niños que nacen hoy en día, y los pocos amiguitos que tiene, que no sabe la criatura lo que es una tarta… vale. Pero, diablos, si los niños de ahora vienen saliendo a cumpleaños por semana, leche, que a veces tienen que desechar invitaciones de puro agotamiento. Si yo creo que se hacen más cumpleaños de los que realmente son, y que hay padres que se los inventan con tal de montar un tinglado de estos.

El otro día fue el cumpleaños de Anyo y Hernán, mis sobrinos. En este caso la celebración fue en un entorno doméstico. Con photocall personalizado y tres o cuatro tartas distintas, pero en un bajo y con bocadillos de atún con tomate, como toda la vida. Lo ‘cool’ del asunto, en cambio, no tiene que ver con el entorno o los divertimentos disponibles para los (únicos) protagonistas de la fiesta (¡¡¡los niños!!!), sino con el personal que por allí desfiló y, sobre todo, su distribución. Se establecieron, por este orden, tres turnos perfectamente definidos a lo largo de toda la tarde. Uno: niños del cole y sus respectivos papis; Dos: amigos de los padres de los homenajeados y sus respectivos niños; Tres: resto de familia más o menos cercana, el que pasara por la puerta un poco despistado y un gato callejero que también se coló. Entre 80 y 100 personas, llamadme loco, desfilaron aquella tarde por aquella cochera, y la mayoría antes de irse posaron, con la dignidad que pudieron, como el Increíble Hulk y Spiderman en el reseñado photocall.

Se nos va de las manos. Dejad a los niños en paz, leñe, que se peguen barrigazos como toda la vida. Me da igual si los lleváis con Ronald Mc Donald, o a un sitio temático de princesas y caballeros, a pegar escopetazos con láser, al paintball, a jugar a consolas o a practicar deporte. Dejadlos que se metan en los laberintos, que se les caigan las gafas, que pierdan abrigos, que vomiten por glotones, que griten, que canten muy fuerte y que soplen las velas con sus amiguitos. Es su fiesta. Si vosotros queréis hacer reuniones de padres, montad un AMPA.

Y si el del cumple es vuestro niño y no os queréis perder ver cómo sopla las velas… ¿habéis pensado organizadlo en vuestra casa, como se ha hecho toda la vida? Si algún día me toca organizar uno compraré papas fritas de bolsa, pan Bimbo, paté, Fanta y aceitunas, y probaré a hacerle una tarta de galletas mojadas en leche y anís, como la de mi tía, recubierta por ese chocolate casero que, maldita sea, le pega 15 vueltas al fondant verde y a las tartas de nubes. Invitaré a los amigos que quiera el crío, y que los papis los lleven y los traigan (faltaría más), pero que por allí no aparezcan.

Te digo yo que le gano dinero al cumpleaños. Y hasta el año que viene.

Comments

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  1. Que razón tienes. Ya se ha perdido toda la esencia de los cumpleaños de aquellos años en que solo había muchos niños y solamente los papás del cumpleañero que los pobres montaban una celebración con comida y bebida …. y los juegos se hacían en la puerta de la casa ….. una pena!!!!
    Me han encantado el artículo.
    Gracias