Seamos desobedientes

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Seamos desobedientes (inteligentes, responsables, civiles, canallas). A veces digamos no, desobedezcamos a nosotros mismos, desobedezcamos a nuestro cerebro y a la razón. Es importante decir sí a nuestro corazón. No a la obediencia ciega.

“La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad. Los obedientes deben ser esclavos” – Henry David Thoreau.

Es importante permitir y practicar la inteligencia desobediente.

No a la obediencia ciega porque es el freno de mano de la innovación.

A partir de estas tres frases, es importante dar un visionado a la necesidad de ser desobediente (inteligente, responsable y canalla): desobedecer a uno mismo, desobedecer al cerebro, decir NO, desobedecer a la razón y decir Sí al corazón.

Aunque al pensar en cambios e innovaciones nos imaginamos mecanismos y engranajes o modernas aplicaciones digitales, si hay una creación humana por excelencia es el orden social, entendido este como las salvaguardias de los derechos fundamentales, así como la atribución de responsabilidades. Y está claro que allí donde hay un sistema similar, hay desobedientes.

Para darles voz, es necesario pensar en la desobediencia responsable o, dicho de otro modo, el cuestionamiento del statu quo, el planteamiento de otros sistemas sociales y la desobediencia civil, siempre que fuese dentro de un marco razonable y con objetivos constructivos y éticos. No vale con desobedecer a “los de arriba” sin más, ya que si nuestra idea no ayuda a mejorar la sociedad, queda descartada.

“Eres un desobediente… Si sigues así , tu vida no irá nada bien.. Tienes que cambiar tu actitud…Así no irás a ningún lado…” Desde pequeños, nos enseñan muchas cosas….A caminar, a ir en bici, a decir papá y mamá, a respetar a nuestros mayores, a decir gracias, pero no nos han enseñado una cosa que es muy importante… A desobedecer. Más bien nos enseñan a que “ahoguemos” esa sensación. “No me desobedezcas que soy tu padre… No desobedezcas lo que te he dicho que tendrás consecuencias… Soy tu jefe y no te salgas de la línea establecida por la empresa.…” Más y más obedecer, más y más “ahogar” la creatividad, más y más romper la iniciativa y el pensar.

Es evidente que cuestionar a la autoridad y pensar por nosotros mismos es un componente esencial de la ciencia, de los derechos sociales y de la sociedad, con ejemplos como:

El desafío copernicano de las revoluciones de las esferas celestes, en el que Copérnico afirmaba que girábamos alrededor del Sol.
El sufragio femenino (1931 en España), conseguido después de que la presión social demandase a los gobernantes el voto universal para mayores de edad y personas en facultad de razonar.
El matrimonio homosexual (2005), un tema todavía conflictivo en según qué ámbitos, que a su vez ha dado pie a abrirnos a otro tipo de estructuras familiares.

Para todos estos cambios, hizo falta una notable y constante desobediencia civil responsable a lo largo de años e incluso décadas. Con el esfuerzo de mucha gente fue posible echar abajo algunos dogmas establecidos que no eran cuestionados, que se tomaban como axiomas y que hoy hemos demostrado falsos, como:

La Tierra es el centro del universo.
Las mujeres no tienen inteligencia para votar sabiamente.
Solo hay un tipo de matrimonio posible.

Si hemos conseguido superar estas y otras grandes brechas, frenos, desigualdades o injusticias sociales, ha sido gracias a que alguien, en algún momento, se levantó y dijo en voz alta que pensaba que el sistema, o parte de él, no estaba bien construido. Alguien desobedeció.

La España de la desobediencia

Esta España de la “desobediencia” proviene de la movilización ciudadana en contra de los «tiranos» del estado, por lo que la desobediencia civil puede formar parte del ADN: si no estás conforme con el sistema y piensas que es injusto con algún colectivo o forma de vida, tienes derecho a proponer y ejecutar alternativas para corregirlo, modificarlo e incluso ponerlo patas arriba y formar otro nuevo.

En ese sentido, un buen ejemplo de desobediencia, ocurrió en enero de 2017, cuando Trump prohibió a la NASA, la USDA (Departamento de Agricultura estadounidense) y la EPA (Agencia de Protección estatal de Estados Unidos) hablar con la prensa o emitir comunicados externos con el objetivo de enterrar la existencia y las evidencias del cambio climático. Un día después, las tres agencias tenían perfiles alternativos en redes sociales, de la que destacamos @RogueNASA, la «cuenta “de resistencia” no oficial de la NASA», con una relación directa con Rogue One, la película de Star Wars que se había publicado con éxito un mes antes, y su lucha contra el malvado Imperio Galáctico, encarnado por Trump.

Decir «no» y alzar la voz no es tan fácil

Si hay una palabra que defina la desobediencia es «No», que puede observarse en el pensamiento crítico de la época.

A veces, cruzar los brazos y decir no supone saltarse la ley. Sin embargo, saltarse la ley para ser desobediente no tiene por qué estar reñido con ser incívico o poco responsable. Hablamos de ciudadanos/as preocupados/as por sus derechos o deberes, como lucha desobediente ante la autoridad. No es solo ser desobediente de una forma salvaje/agresiva, sino ser desobediente ante una autoridad y, por tanto, obediente a las demandas de la consciencia. Palabras que nos recuerdan a Martin Luther King en la búsqueda de derechos iguales para todas las personas hacia mediados del siglo pasado.

En ese marco, es muy curioso ver como funciona la desobediencia civil:

En un primer momento, la mayor parte de la sociedad se mantiene junto a la autoridad, otorgándole el poder, y en ese contexto, cualquier muestra de apoyo al desobediente es considerada tabú e incluso inmoral.

A medida que la voz de la desobediencia se vuelve racional, unos pocos empiezan a manifestar su apoyo, aunque son rápidamente apartados fuera de la sociedad recta junto a los primeros disidentes.

Llegado este punto hay dos opciones: bien el movimiento de desobediencia pierde fuelle y se va “vaciando” lentamente de defensores hasta desaparecer en el olvido, o incluso acabar con tornas invertidas, o bien consigue rebasar la barrera de masa crítica.

Si se alcanza esta masa crítica, el grueso de la sociedad modifica rápidamente su opinión y pasa a engrosar las listas de los desobedientes, aquellos que “antes estaban equivocados pero que ahora son un ejemplo de rectitud”.

Es entonces cuando ya no hay vuelta atrás: la autoridad se ve obligada a escuchar y las cosas empiezan a cambiar.

Premio a la desobediencia

Hace unos años, unos doctores/as empezaron a denunciar que la localidad de Flint (Michigan) tenía un problema de contaminación plúmbea. El plomo es un elemento pesado poco frecuente en la corteza terrestre que puede causar todo tipo de enfermedades, muchas de ellas realmente graves. Como ‘premio’ por advertir del problema a la comunidad, el gobierno municipal y estatal y a los vecinos, fueron acosados, llamados mentirosos, sus respectivas formaciones técnicas fueron puestas en entredicho y pagaron a título personal el haber descubierto algo de tanta relevancia. A pesar de todo, siguieron luchando por lo que consideraban justo: que la gente de Flint consiguiese agua potable. Finalmente, en 2016 se destapó el pastel y la doctora Mona como el doctor Marc fueron reconocidos como los primeros que dieron la voz de aviso, dijeron no a la autoridad y la desobedecieron, por ejemplo, recogiendo muestras locales y publicando estudios científicos en revistas especializadas, algo que se les prohibió explícitamente. En julio de 2017 recibieron el Premio a la desobediencias otorgado por el MIT Media Lab, con «la esperanza de que el premio nos ayude a entender el modo en que hacemos progresos, incitando a la humanidad a reconocer a los héroes correctos, aquellos que se ponen en riesgo a sí mismo en forma de desobediencia para ayudarnos a evolucionar como humanidad».

Esto es ser desobedientes inteligentes. Esa “desobediencia” es y será nuestra coherencia. Por eso, se le puede llamar una Desobediencia Canalla. Una desobediencia que te hace ir frente a la vida, a tus pensamientos, emociones. Con un por qué y un para qué.

Con una formación desde pequeños para todos igual, con los mismos estándares de calificación, llegamos al mercado laboral y no nos podemos salir de lo que diga el jefe, ya que lo que pasa en el fondo, es que nos están formando a todos y todas para ser copias unos de otros y, en gran parte, pasa por provocar una disrupción en nuestra vida y porque tenemos mucho miedo a no saber qué pasará debajo del precipicio. ¿Por dónde debemos empezar a desobedecer? Ni por nuestra familia, ni nuestra pareja, amigos o por el jefe… Por nosotros mismos. Tenemos que desobedecernos a nosotros mismos.

Empieza desobedeciéndonos a nosotros mismos.

¿Quién dice que esos pensamientos son reales? Tú porque así lo crees.
¿Quién dice que no puedes conseguir nada? Tú porque así lo sientes.
¿Quién dice que tu futuro es como tú lo imaginas? Simplemente tú.

Para modificar todo eso, ¿A quién debemos desobedecer ¡¡A nosotros mismos!! Y para ello cada vez que uno piensa, siente u oiga decir algo que va en contra de su naturaleza de excelencia, es necesario pararse, y decirle al instante: ¡¡Eso no es así, es…!!.

Desobedecer a nuestro cerebro, es una buena solución. Crear nuestra realidad, a través de nuestros pensamientos. Y cuantos más creamos, más estaremos derrotando a ese cerebro “pesimista y negativo”. Todos quieren intentan crear en sus vidas, en la sociedad, un crecimiento horizontal, conocido. Nosotros no, nosotros lo queremos diferente. Pero no solo tenemos que desobedecernos a nosotros mismos, sino también a los demás.

Cada vez oímos a más personas decir: “¿Has leído esto? ¿Has visto a éste? ¿A qué sientes que es la pura verdad cuando haces esto?…” Personas que piensan que un libro, una conferencia, un partido político, una escuela de negocios…un influencer o un taller, les han dado la razón absoluta en sus manos. Piensan que otros tienen el don de transformar sus vidas, de curar sus “heridas”, de hacerles progresar…¡¡Nosotros también podemos!! Podemos tener razón en algunas cosas. Y ante eso, no queremos que nos llamen desobedientes. Porque intuimos que estaremos “señalados” por todos los demás, el resto de nuestras vidas.

¿Queremos aprender a desobedecer para llegar a ser cada uno/a de nosotros/as?

.- Pensaremos que vamos a nadar contracorriente. Pero, ¿qué pasaría si los demás fueran los que van contra su corriente inherente?

.- Siempre cuestionarnos. Cuestionar lo que nos digan y oigamos. Ponerlo en cuarentena. Cuestionar nuestros pensamientos, nuestras ideas.

.- Confiar. Tenemos todas las herramientas a nuestra disposición, para crear la revolución que queremos, que sentimos que tenemos que liderar. Nos dará miedo, respeto…, pero es la hora de empezar la revolución, de empezar a ser uno mismo.

.- Habrá cosas que nos digan, que leamos, que nos resuenen. Que estemos en concordancia con ellas. Esas cosas, sumémoslas. Y respetar las opiniones de los demás.

.- Perderemos por el camino gente, seguro que es así. Gente de muchos años. No entenderán qué hacemos. Otros intentarán boicotearnos o hablar mal de uno, pero cuando menos lo esperemos, echaremos la vista atrás y nos daremos cuenta que hay gente que sigue nuestra desobediencia. Seremos un líder para muchos, consiguiendo resultados hasta ahora inimaginables.

Ahora es el momento. Tenemos que romper con uno mismo. Desobedecer a la razón y decir sí a nuestro corazón. ¿Qué vamos a hacer a partir de ahora? ¡¡Desobediencia canalla!!.

La Real Academia Española de la lengua define el término obedecer como cumplir la voluntad de quien manda. La responsabilidad por su parte habla de la libertad para actuar y reconocer y aceptar las consecuencias de nuestros actos. Sin duda, es preferible tener cerca personas responsables que personas obedientes.

El autoritarismo es muy probable que provoque una relación de sumisión o de lucha de poder. Sin duda que establecer una relación de obediencia es más rápida ya que ser desobediente suele llevar implícito un castigo posterior. Sin embargo, la obediencia doblega la voluntad con el fin de cumplir el mandato. Si bien tiene resultados efectivos a corto plazo, es altamente perjudicial para la persona a largo plazo.

Si queremos tener un adulto responsable, ¿no es más inteligente estimular cuanto antes la responsabilidad en un niño?

Pero cuidado, no nos equivoquemos: No enfocar en la obediencia nada tiene que ver con obviar que existen reglas que necesitan ser cumplidas con firmeza en cualquier sistema (ya sea familiar, profesional o cualquier otro). En cualquier lugar donde se van a desarrollar aprendizajes significativos es imprescindible que existan normas que sean respetadas. Pero normas para todos. La autoridad se gana desde el establecimiento de la confianza y la coherencia. Si una persona impone su autoridad bajo la amenaza y el castigo, le muestra una manera de comportarse con los demás.

La responsabilidad se estimula educando desde el respeto y la firmeza y ayudando a los niños a orientarse a las soluciones. Para enseñar a un niño a ser un adulto respetuoso es necesario que sea respetado y que observe que los adultos con quienes vive se respetan entre ellos. Si no es así, es muy difícil conseguirlo.

Es evidente que el lema, “Desobediencia Inteligente”, ha requerido un esfuerzo intelectual extra. Ser “desobedientes”, sabiendo que cuando a dicho concepto le sumamos la palabra “inteligente” nos debe impulsar hacia algo positivo, a llevar a cabo nuestro proyecto, seguir nuestra pasión, con la certidumbre que nos da el conocimiento y no la rebeldía per sé. Ello no hace sino enfatizar que cuando luchamos por lo que queremos, desobedeciendo lo establecido, sin miedo al fracaso y al qué dirán, o junto a un equipo que nos apoya incondicionalmente, podemos conseguir nuestro sueño. Esa misma valentía, que impulsa a ser desobedientes desde un conocimiento muy profundo en un área concreta puede conducir no sólo a la consecución de un sueño, sino a salvar vidas y a entender que la desobediencia no es ni más ni menos que lo que nos hace evolucionar como especie.

El libro “Sobre la desobediencia” de Erich Fromm, todo un alegato a favor de la desobediencia frente al conformismo, a la adopción de una postura crítica frente a muchas ideas preconcebidas y seguidismo de “la mayoría”, ya en las primeras páginas decía que de hecho el ser humano empezó su existencia como un gran acto de desobediencia, y desde entonces evoluciona continuamente gracias a ella, siendo una de las características inherentes a su naturaleza, lo que le hace más “libre”.

Es evidente que todos podemos cambiar al menos un poco la percepción de “desobediencia” y mirarla con otros ojos, lo que quizás no nos haga más “libres”, pero si más críticos, más inconformistas y sobre todo más valientes y empáticos con aquellos que se atreven a ser desobedientes, pero de una forma inteligente.

Seamos desobedientes (inteligentes, responsables, civiles, canallas): A veces digamos no, desobedezcamos a nosotros mismos, desobedezcamos a nuestro cerebro y a la razón. Importante es decir sí a nuestro corazón. No a la obediencia ciega.



Comentarios

Un comentario en “Seamos desobedientes

  1. las sociedades desobedientes no progresan. las cosas no son siempre como uno quiere. tambien hay que aceptar y controlarse. segun sus teorias estariamos continuamente cargando contra todo. muchas veces ni las personas saben lo que quieren.

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