La Ley es igual para todos… salvo si te llamas Novak Djokovic

Novak Djokovic descansa durante un entrenamiento para el Abierto de Australia 2022 - Foto AAPIMAGE - DPA
Novak Djokovic durante un entrenamiento para el Abierto de Australia | Foto: Archivo GD
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Llevo jugando al tenis casi los mismos años que dicta mi carnet de identidad, que ya son unos cuantos, he competido desde niño y sigo haciéndolo en las categorías de veteranos. Adoro el tenis, por eso, por esta vez, permítanme que deje la economía de lado y me centre en la telenovela que durante unos días ha convulsionado al deporte de mis amores.

La ley permite un trato de favor si te llamas Novak Djokovic o eres persona de influencia. Al menos esto es lo que debió pensar el susodicho, que para algo es el número uno del mundo en lo suyo. Efectivamente, debería servir para algo, como por ejemplo, para preocupar ser un buen modelo a seguir para los millones de seguidores que le admiran en todo el mundo, pero se ve que la soberbia y el endiosamiento pesan más que el cumplimiento de las normas.

Djokovic ha hecho trampas y en el deporte los tramposos quedan señalados de por vida, porque eso va en contra de los principios de cualquier deporte y además ha hecho parecer tontos a sus compañeros de profesión, que si han cumplido las reglas. Ha pretendido saltarse a la torera la Ley australiana y está por ver si la serbia y la española de paso. A día de hoy sabemos que el gobierno de Belgrado está investigando si su estrella nacional rompió el aislamiento después de haber dado positivo en coronavirus como marca la norma de su país, pero no tenemos constancia de que el Ministerio del Interior de España esté investigando si entró en nuestro país de manera ilegal de camino a Melbourne. Esta debe ser una más de las diferencias que tiene que existir entre nosotros y el país oceánico. Por algo Australia tiene una de las tasas de mortalidad más bajas, las recuperaciones económicas más sólidas y las tasas de vacunación más altas del mundo.

Cada cual puede tomar sus propias decisiones, es lícito. Es más, me parece digno que Djokovic sea consecuente y fiel a sus principios y, si no ha querido vacunarse, allá él, pero eso no le inmuniza para pretender entrar con tretas en un país que tiene estrictas leyes y no quiere permitirse que cunda el ejemplo y se fomenten conductas semejantes que incumplan medidas de salud apropiadas y buen orden.

Las decisiones tienen consecuencias y Djokovic era plenamente consciente de que para jugar en Australia era necesario vacunarse. El serbio ha preferido jugarse un match ball contra el gobierno australiano y lo ha perdido. Y como un mal perdedor ha permitido que su familia al completo haga un patético ridículo y enarbole la bandera del victimismo provocando una tensión entre ambos países que ha dejado su ya denostada imagen por los suelos. Además, está por ver como afecta este circo a la relación con sus espónsores (Lacoste, Asics, Head, Peugeot, Hublot, entre otros) que le pagan la nada desdeñable cifra de veintiséis millones de euros anuales y, por si fuera poco, aceptar que puede perder su trono del ranking de la ATP, ya que si no se vacuna, tampoco podrá viajar a Londres ni a Nueva York para disputar Wimbledon y el US Open respectivamente.

Este año Djokovic no levantará su décimo Open de Australia y con ello se le van un buen puñado de opciones de convertirse en el tenista con más Grand Slam de todos los tiempos. Nole es un fantástico jugador de tenis, sin duda uno de los mejores de la historia, pero nunca contará con el cariño o el reconocimiento de Rafa o Roger.

Por cierto, otro que debería intentar ser un buen embajador para su país es el señor Alberto Garzón, a la sazón, ministro de España, que desde su atalaya se dedica sin ningún pudor a tirar piedras contra el tejado de quienes les pagan el sueldo y convertirse en verdugo de los ganaderos en lugar de partirse el pecho por ellos. Pero que le vamos a hacer, es la constatación de que para ser ministro sólo hace falta estar en el sitio adecuado en el momento oportuno.

Nos vemos en tres semanas, saludos.