No hay marcha en Nueva York ni luz en la Zona Norte

protesta por los cortes de luz en la zona norte de Granada
Protesta de vecinos de la zona Norte junto a la iglesia donde desde el lunes hay un encierro contra los cortes de luz | Foto: Antonio L. Juárez
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Ha querido la veleidosa casualidad que la expedición político-empresarial granadina que estos días se reúne en salones de Nueva York coincida en el tiempo con el encierro que dos representantes de la Granada real mantienen en una parroquia como simbólico aldabonazo en las conciencias por un problema, el de los reiterados cortes de luz, que bien avanzado el siglo XXI nos retrotrae al XIX en una amplia zona de la ciudad. Suerte que el viaje no era a París, la ‘ciudad de la luz’, porque el círculo del sarcasmo se hubiera cerrado con estrépito.

Por sus frutos los conoceréis, dice un pasaje del Evangelio de San Mateo. Es decir, esta recóndita columna no va a hacer balance ‘apriorístico’ de una expedición que ha cruzado el Atlántico en busca de intercambios y enseñanzas. Al contrario, hay que desearle a tan numerosa delegación una fructífera estancia en la Gran Manzana y que traiga resultados tangibles e intangibles a nuestra economía provincial. Todos nos beneficiaríamos de su acierto en la gestión. Mientras llegan esos resultados, sí podemos afirmar a día de hoy que en este lado del Atlántico -Granada, región Andalucía, nación España- tenemos a Martín y Picazo, dos tipos dignos que nos reconcilian con el mundo.

Así, el observador escéptico podría preguntarse, desde este lado del Atlántico, qué experiencias de gestión de la empresa estadounidense serían trasladables al empresariado granadino. Sevillana de Electricidad, cuando existía, era la primera empresa andaluza por tamaño de implantación y actuación, volumen de facturación y plantilla. Unos doce mil trabajadores, si no recuerdo mal, que en Estados Unidos la habrían situado en el nivel de una ‘pyme’, pequeñas y medianas empresas. Comparemos esos parámetros con las granadinas, más pequeñas que medianas…

Por parte granadina, aprovechamos la presencia institucional y política para explicarle a nuestros anfitriones cómo Granada aspira a la capitalidad cultural europea con una Orquesta que no tiene ni para pagar los percheros de la ropa, que languidece entre la desidia de sus institucionales promotores después de haber acreditado hace años unos niveles de calidad que la pasearon por Europa con toda la dignidad del nombre de la ciudad que ostenta en su marca. Y dado que el evento es principalmente empresarial, que nuestros avanzados expliquen el imparable proceso de ‘terciarización’ al que caminamos, una hostelería y ‘turistificación’ que bate records y cifras con el consecuente ‘precariado’ al que paradójicamente están condenando a los trabajadores del sector. Más el efecto secundario de las ‘kelly’ que jueces perezosos no intentan frenar.

Hombre, algo sí tenemos que ofrecer. No diré yo que aquí el más tonto hace relojes, pero hace unos años, cuando la ‘guerra del fútbol’ estaba en todo su apogeo y televisiones y clubes pugnaban al alza por cuánto pagar con cifras mareantes por medio, en Granada tuvimos un ejecutivo que consiguió no que le rebajasen la factura, no; consiguió ¡que le pagase el club a él! Yo ahí lo dejo, por si quieren ofrecerle una ponencia en el próximo encuentro…

Y no sean mal pensados porque acertarán: el ejemplo de Sevillana y el sector eléctrico está traído a propósito de esos cortes de luz tan reiterados que su ‘heredera’, esa empresa que nos sube el recibo cuando llueve porque está lloviendo y cuando no llueve porque hay sequía, ha sido incapaz de solucionar seis años después de que empezase esta pesadilla. En ese tiempo todas las administraciones que se han sucedido han cambiado de color político municipal, autonómico y central, pero los apagones ahí siguen, gozan de buena salud. Ignoro si algún representante de la eléctrica figura en la expedición pero sería una buena ocasión para conocer cómo gestionan el suministro desde la Quinta Avenida a Harlem pasando por Central Park. En su día, Nueva York registró un gran apagón que dejó la ciudad una noche por completo a oscuras. De aquel episodio de mediados de los sesenta hasta Hollywood hizo una comedia, ‘Anoche, cuando se apagó la luz’. El cine español, que no derrocha demasiada originalidad, entre película de la guerra civil y película de la guerra civil bien podría emprender en Granada un ‘remake’ del apagón neoyorkino. Solo que aquí en lugar de ‘Anoche…’ habría que titularla ‘Todas las noches, cuando se apaga la luz’, con su secuela correspondiente, ‘Todos los días, cuando se apaga la luz’

La agenda de nuestros representantes en Nueva York es apretada, según la documentación que ha facilitado la organización. Pero dado que en la expedición figuran todos los colores políticos, desde el azul gaviota al rojo antimorado pasando por el naranja azulado, entre ‘jet lags’ y ‘jet lags’ -el de ida y el de vuelta- es posible que nuestros representantes hayan encontrado hueco para abordar un problema, este de los apagones, que de cierto no tiene ese ‘glamour’ que rodea el viaje pero afecta a miles de granadinos.

He leído estos días en las redes sociales el encendido debate entre partidarios y detractores del viaje. Al margen de desafortunados ‘tuits’ -y la ironía que ahora gastan pero ahorran en ocasiones como el pentacolumnado día infografiado en que ‘encontraron’ el cadáver de García Lorca ‘de medio lado’- hay entre los partidarios -y partidarias- algunos argumentos sólidos a favor de este viaje. Aunque no deja de sorprender que alguien haya rechazado que se trata de dinero público «porque lo paga la UE», como si la Unión Europea fuese una empresa privada o un club social.

El caso es que esto de Nueva York, a la espera de ese balance de bondades -que no tienen por qué ser a corto plazo, dicho sea de paso-, suena a una ‘Fitur de lux’. Que no tiene buena música, vamos. Una romanza de zarzuela ya advertía a comienzos del pasado siglo del «pavor» que sentía la desinformada cantante por la presencia del Ku Klux Klan en sus calles: «Yo pensaba ir /// mas ya no voy a Nueva York». Años después, un pasodoble en ‘skechts’ relataba las dificultades para encontrar vino «por la Ley Seca» con el que brindar entre «suspiros de España» y más recientemente Mecano nos avisaba: «No hay marcha en Nueva York /// y los jamones son de york». ¡Hombre! Y más de york que van a ser con los aranceles que proyecta Trump para los derivados del cerdo… Además de los recientes precedentes: hace quince años media Granada se juntó en el Waldorf Astoria para contarse entre ellos lo importante que debería ser el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (clavadito a Fitur, donde le cuentan a los granadinos lo bonita que es la Alhambra). Y tiempo después, otra expedición de afortunados culturetas selectos festejó el manso, concierto intimista en torno a Patti Smith incluido, con cargo al entonces no nato pero lastrado por las deudas Centro Lorca.

En fin, que mientras tanto, aquí, dos tipos que se han creído la misión que desempeñan, están de guardia para recordarles esa dejación de responsabilidad institucional y empresarial con la que durante años vienen castigando sucesivamente a la Zona Norte. Uno es Manuel Martín, Defensor de la Ciudadanía que está defendiendo a la ciudadanía, como su propio nombre indica, incluida en su defensa esa ciudadanía a la que quieren condenar y condenan a segunda división. El otro es Mario Picazo, un cura comprometido con los problemas de su parroquia y sus parroquianos, incluidos los que no van a misa. Este sí, un auténtico ‘príncipe de la Iglesia’, más que algunos monseñores que habitan en pisos de 200 metros cuadrados y a quienes Dios espera en el Valle de Josafat porque a esos monseñores no los va a poder perdonar de tanta cizaña como siembran por la Tierra. Martín y Picazo: tipos así nos reconcilian con el mundo.



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