María Emilia Riquelme, beata en Granada

La monja granadina ha sido beatificada este sábado 9 de noviembre en un acto que ha congregado a más de 4.000 personas en al Catedral de Granada

Beatificación de la hermana Maria Emilia Riquelme en la Catedral de Granada
Imagen de la beatifiación de María Emilia Riquelme | Fotos: Antonio L. Juárez
Álvaro HolgadoÁlvaro Holgado
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No es un acto común el de la beatificación. No se vive todos los días en cualquier ciudad y mucho menos un sábado. Quizás con mayor índice de probabilidad en Granada, con dos en los últimos 10 años. En el caso que nos ocupa se trata de María Emília Riquelme y Zayas, monja granadina nacida hace ya más de un siglo, cuyo principal hito, ese que ha terminado por formalizar su nombramiento aparte de su encomiable labor como misionera, fue la intercesión por el colombiano Nelson Yepes. Sucedió en Medellín, prácticamente 70 años después de su muerte, en 2003 cuando Nelson, con una pancreatitis severa que lo tenía al límite del más allá según ha certificado el Vaticano después de un largo proceso de entrevistas con testigos e investigaciones médicas, volvió a una vida que prosigue a día de hoy con excelente salud a sus 55 años.

Allí estaba Nelson, precisamente. Acompañado de su esposa y de su hermana en la primera fila de un acto que dio comienzo a eso de las 11:00 de la mañana. Un sábado y no un domingo, que era el día previsto, por circunstancias ajenas a lo episcopal, con la repetición de elecciones ya sólo a unas pocas horas. En medio de esa jornada de reflexión, un aluvión de personas llenó los bancos de la Catedral de Granada. Más de 400 peregrinos venidos de todas partes del mundo: Portugal, Brasil, Bolivia, Estados Unidos, México, Angola, Filipinas, y tantos otros entre los que se encontraba por supuesto Colombia, tierra de origen del milagro y con un significado latente en toda la ceremonia.

Beatificación de la hermana Maria Emilia Riquelme en la Catedral de Granada | Foto Antonio L Juárez

Ellos acompañaron a las más de 4.000 personas que se han reunido para acompañar a la beata en un día histórico para la ciudad, pero sobre todo para la congregación fundada por ella misma, el Instituto de las Misioneras del Santísimo Sacramento y de la Beata Virgen María, las ‘Riquelminas’ para entendernos. A ellas se le han unido en la ceremonia varias comunidades hermanas de otros puntos de España, como Cataluña o Pamplona.

Pero la verdadera esencia del acto tuvo que ver con los feligreses. Frente a las grandes pantallas instaladas a lo largo y ancho de la Catedral se encontraban ojos vidriosos, algunos en lágrima viva. Emoción por la fe, por estampitas que se guardan bajo la almohada y sobre los que se proyectan los logros, los lamentos y la vida en general. Ha existido además en la misa oficiada por el cardenal prefecto, venido desde Roma para la ocasión, Giovanni Angelo Becciu, una suerte de emoción intergeneracional.

Beatificación de la hermana Maria Emilia Riquelme en la Catedral de Granada | Foto Antonio L Juárez

De los voluntarios imberbes, algunos casi adolescentes, se sospechaba un compromiso casi comunitario, de cuidado, características exentas prácticamente hoy día y que bien tendrían que ver con otras comunidades, quizás más paganas, con las que aún se podría establecer, sin duda alguna, el olvidado acto de estrechar lazos, más en días de reflexión como hoy. Mientras ellos se situaban de pie, se sentaban personas mayores, algunos de más edad que otros, abuelos con sus hijos, niños con padres henchidos de mayor o menor seriedad, con más o menos escucha a la homilía. Actos como el de esta mañana quizás tengan poco que ver con las palabras y sí mucho con el sentimiento.

Así se mostró en el momento de mayor emotividad de la mañana. La entrada del cuerpo de María Emilia Riquelme y sus reliquias, llevadas a hombros en su feretro por una decena de personas que caminaban próximas al altar mientras se escribía el nombre de la que fuera descendiente del Gran Capitán en el listado de honores de la Iglesia. Con la beatificación consagrada, el coro aderezando una estampa para el recuerdo de quienes allí habitaban el instante, reposo el féretro en las inmediaciones del altar. Este, el denominado “rito de beatificación”, dio lectura asimismo a la carta apostólica en la que el Papa Francisco inscribía Madre RIquelme en el Libro de los Beatos.

Beatificación de la hermana Maria Emilia Riquelme en la Catedral de Granada | Foto Antonio L Juárez

Mientras repicaban todas las campanas de las iglesias de Granada, sólo al girar el cuello se mascullaban las pequeñas historias. El turista desprevenido que no sabía exactamente qué pintaba allí pero admiraba el rito sin desavenencias, el marido que miraba al altar como si otra cosa no existiera o el feligrés que se sentaba emocionado y se volvía a levantar para no perder un segundo de la imagen. En la calle, una enorme pantalla mostraba al transeúnte lo que allí ocurría. Apenas nadie se paraba, aparte de los mencionados grupos de japoneses, excepto Carmen, una mujer de 70 años que había venido desde Linares para ver el acto, pero a la que le daba apuro entrar tras retrasarse unos minutos. Cosas de la prudencia de otros tiempos, pedía con la tecnología de los tiempos de ahora que alguien echara una foto a la pantalla, para al menos llevarse el recuerdo de la beata a casa.

Beatificación de la hermana Maria Emilia Riquelme en la Catedral de Granada | Foto Antonio L Juárez

Dentro caminaban con un profuso aire de incienso 120 clérigos junto a decenas de monaguillos. En el altar dos cardenales, dos arzobispos, siete obispos y dos obispos auxiliares que también oficiaron la ceremonia con Becciu, y que eran observados por varias personalidades que no quisieron perder la ocasión de asistir al acto. Entre ellos Juan Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, junto a otros políticos del consistorio granadino, o el propio Arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, que dedicó también unas palabras al final del acto a la recién beatificada junto Marian Macías, la superiora de la congregación de las Misioneras del Santísimo Sacramento, visiblemente emocionada.

Fueron los últimos trazos del acto tras la comunión y la ofrenda de Nelson a la beata, la paz y el abrazo a un personaje ya inscrito en la cultura y la fe granadina tras el día de hoy, de la que además se destaca, por encima de todo, «su humildad» y preferencia cristiana en el apoyo a los más necesitados, sin importar su clase social. La beatificación podría ser, eso sí, como avisaron desde la congregación, un punto y seguido en su historia. Se tiene constancia de «varios milagros más» tal y como atestiguó Macías en una rueda de prensa este mismo miércoles.Fuera aparte de lo que pueda pasar en un futuro, los hechos han dejado tras de sí en la mañana de este sábado una jornada bella, inolvidable para muchos que vuelven a sus casas con la presencia y la historia de María Emilia aún en la retina.



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