Juan Domingo Aguilar, un poeta y un ser mágico

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El poeta Juan Domingo Aguilar | Foto: GD
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Juan Domingo Aguilar es poeta y como dice Niño de Elche: “un ser mágico”. Ha aparecido en antologías como ‘La grieta’ (Bandaàparte, 2017) y es autor de ‘La chica de amarillo’ (Esdrújula, 2018) y ‘Nosotros, tierra de nadie’ (Diputación Provincial de Granada, 2018) que le valió el Premio de Poesía Villa de Peligros. Ha sido director del grupo de Viridiana Teatro y es colaborador en medios como Oculta Lit y Zenda.

Pregunta: Empezamos por el principio si te parece, ¿cuándo y cómo surge tu interés por la poesía y el teatro?

Respuesta: En mi caso vino primero el teatro y después la poesía. Mi padre nos llevaba a mi hermana y a mí cuando éramos pequeños a la Universidad Popular de Jaén para ver obras de títeres: Los tres cerditos, Pedro y el Lobo, La Cachiporra y muchas más. Luego a los quince o dieciséis años entré en el grupo de Teatro La Paca, donde hacíamos obras a final de curso en el Darymelia y organizábamos funciones para niños. Durante aquellos años empecé a leer obras de Lorca, Delibes, Buero Vallejo… y cuando llegué a la Universidad, en Granada, entré en el grupo Viridiana Teatro. Allí, de la mano de Alberto Gómez Fuster y Maria José Calderón, seguí desarrollando mi trabajo escénico, actuando y dirigiendo. Aprendí mucho y descubrí a Juan Mayorga, Albero Conejero, Yasmina Reza, Jordi Galcerán o Sergi Berbel. El año que ganamos el Festival de Granada y participamos en el Festival Nacional Independiente de Barcelona fue como un sueño. Pero la verdadera culpable de que me empezara a interesar la poesía fue mi hermana. Me daba libros de Lorca, Miguel Hernández y Machado. Podríamos decir que ellos son mi genealogía. Ella fue quien me transmitió su amor por la poesía y de hecho a día de hoy, aunque por diversos factores ella ya no escribe, sigo pensando que es la verdadera voz poética de mi familia. Les debo mucho a todos.

P: Te tengo que comentar que me encantó «La chica de amarillo». Sentí una conexión especial con ese poemario, con su ritmo, con la honestidad que desprende, con el viaje que propone. Vamos, me sacudió, me zarandeó, me hizo vibrar, ¿qué hace vibrar a Juan Domingo Aguilar?

R: La poesía incómoda y que duele. Al igual que tú, necesito que lo que leo me zarandee y me haga pensar. Solo así consigo conectar de verdad con el texto en cuestión, ya sea poesía, narrativa, ensayo, teatro o artículos de opinión. Todo lo que sea puro artificio no suele interesarme, creo que en el momento histórico y social que vivimos, debemos exigirnos un mínimo compromiso y ser honestos. De nada me sirve quien domina la técnica a la perfección pero no consigue emocionar al lector. Lo cual no quiere decir que un texto por ser sencillo pierda fuerza, al revés, escribir un poema sencillo, que no simple, esconde una gran dificultad.

P: ¿Serías capaz de definir a grandes rasgos tu propia obra poética? ¿Qué crees que puede encontrar alguien que se acerca a tus poemas por primera vez? ¿Compartirías alguno de tus poemas con nosotros?

R: Es difícil, porque según vamos avanzando hay aspectos que cambian, aunque si que es verdad que hay factores que se repiten. Mis poemas suelen tener cierto punto social y político, pero no como en la poesía social de Blas de Otero o Grabiel Celaya, no, la política para muchos de los autores y autoras de mi generación es un elemento más del paisaje, como las redes sociales, la precariedad o el cambio en los hábitos de consumo. Hay ciertos elementos y matices que hacen reconocibles mis poemas. Me considero afortunado por los maestros que he tenido, y que sigo teniendo, con los que tanto he aprendido. Soy firme defensor de que los autores debemos evolucionar continuamente hacia una mayor depuración de nuestro estilo y buscar dar lo mejor de nosotros. Con esto quiero decir que siempre que leemos y descubrimos nuevos autores que nos marcan, esta impronta se traduce en una evolución de nuestra manera de escribir o de cómo queremos hacer las cosas, siempre manteniendo aspectos que nos caracterizan, claro está. Por ejemplo en el caso de La chica de amarillo se puede ver una clara influencia de autores como Raymond Carver o Pablo García Casado. Creo que nuestro estilo poético está marcado por nuestras lecturas, nace de un diálogo con la tradición y compañeros y compañeras actuales que han hecho, y están haciendo, cosas maravillosas.

Desahucio

Camino solo pienso en otra época cuando nos conocimos
¿por qué no has aparecido antes? el metro hasta la oficina
los paseos con el perro cuando vivía contigo aquel pisito del centro
copas con los vecinos navidades juntos el hijo que nunca tendremos
ahora el invierno me acompaña por otra ciudad camino solo
otro barrio otros vecinos bares perros que no conocen mi nombre

ojalá siguiéramos en ese metro
pienso en el hijo que nunca llevará tu apellido
que nunca vendrá a nuestra cama llorando
esa cama donde otro pregunta quién es el de la foto:

no es nadie

P: ¿Cuáles dirías que son tus principales influencias tanto en poesía como fuera de ella?

R: Para escribir creo que es importante nutrirse de todo lo que nos rodea. Por ejemplo, tal y como yo lo veo, el cine, la música y el teatro están muy relacionados con la poesía. A nivel de creación admiro mucho la capacidad de directores como Kubrick, para hacer obras tan diferentes de contenido y de calidad. Si tuviera que dar algunos nombres probablemente en cine hablaría de Woody Allen, Almodóvar, Dreyer, Lynch, Wong Kar-wai, Truffaut, Billy Wilder, Sorrentino, Juan Antonio Bardem, Víctor Erice, Cesc Gay o Adolfo Aristarain. En música Enrique Morente, Leonard Cohen, Townes Van Zandt, Nacho Vegas, Los Planetas, Las Odio, Camellos, Ricardo Lezón, The Smiths, The National, aunque me cuesta mucho elegir solo unos cuantos. Luego, además, hay artistas plásticos cuyos cuadros son un poema en sí mismo. Me viene a la cabeza ahora mismo Magritte. Y en literatura, además de los que ya he comentado antes, podría decir Sharon Olds, Wislawa Szymborska, Enrique Vila-Matas, Francisca Aguirre, Ángeles Mora, Mercedes Cebrián, Roberto Bolaño, John Ashbery, e.e. Cummings, Frank O’Hara, o John Cheever.

P: ¿Qué es para ti la libertad?

R: La posibilidad de elegir realmente a qué dedicarte. Aunque eso está jodido dentro del sistema ultracapitalista global en el que vivimos, donde la capacidad económica marca una diferencia clara y dominado por élites neoliberales que buscan a toda costa acabar con la conciencia colectiva, pregonando la precariedad laboral y emocional como si fueran el único modo posible de vida. Que nuestras vacaciones sean lo más parecido a sentirnos plenamente liberados (y a veces ni eso), evidencia que vivimos atrapados, más bien,
en una continua libertad condicional.

P: Además de poeta te has desempeñado como antólogo y como director del grupo Viridiana Teatro, ¿cómo ves la salud de la poesía en Andalucía? ¿Y la del teatro? ¿Volverás al teatro próximamente?

R: En muy buena forma. Hay una serie de autores andaluces (y no solo andaluces, como Guilermo Marco y Alba Flores) que están haciendo cosas muy interesantes: Carlos Catena, Rosa Berbel, Félix Moyano, Jorge Villalobos, Ángelo Néstore, María Sánchez, Ana Castro o Estefanía Cabello, sin ellos y sus libros, me resulta imposible pensar la poesía joven en Andalucía. Además desde la Universidad de Córdoba siguen promoviendo el certamen UCOpoética, por el que hemos pasado muchos y muchas y que tan buen laboratorio está demostrando de ser, gracias en parte, a la dirección de Javier Fernández. Cada uno de los que he mencionado, y de los que me dejo, tienen su estilo propio. Me parece maravilloso poder compartir poesía y recorrido vital con ellos. No descarto volver al teatro. Es una asignatura que dejé aparcada hace unos años y lo echo mucho de menos. A veces no tenemos tiempo para hacer todo lo que querríamos y hay que elegir, aunque siempre está presente en mi vida, de una forma u otra.

P: ¿Cómo está siendo tu experiencia en la Fundación Antonio Gala?

R: Una pasada. Esta oportunidad que Antonio nos da a todos los jóvenes creadores que pasamos por aquí es un lujo. Poder convivir y compartir parte del proceso creativo con otros trece residentes (y con tantos otros antiguos residentes) es algo muy fuerte, que hace que te sientas parte de una familia y te empuja a seguir trabajando, aún en los momentos en los que todo se ve más negro.

P: Imagínate que puedes viajar en el tiempo al momento justo en el que decides dedicarte a la poesía. Bien, ¿qué sabes ahora que te hubiera venido fetén saber entonces? Con lo que sabes ahora de este mundo, ¿qué consejo te darías a ti mismo cuando empezaste?

R: Me habría dicho: No te vengas arriba muy pronto y se honesto contigo mismo. Porque es una profesión complicada, como todas las relacionadas con las artes, pero en el caso de las literarias, quizás la poesía sea de las más desagradecidas. Es vital tener paciencia y sobre todo, estar a gusto con lo que haces. ¡Ah! y disfruta de todos los amigos que harás por el camino. Creo que si hay algo que verdaderamente merezca la pena, es mucha de la gente que tienes la suerte de conocer y que, en muchos casos, terminan siendo amigos inseparables, más allá de la literatura.

P: ¿Cómo lidia Juanjo Aguilar –que incluso ha ganado premios- con el halago, los cumplidos y con, si es que las hay, críticas negativas?

R: Me interesan más las críticas negativas. Igual soy un poco masoca por esto que acabo de decir, pero es cierto. Creo que lo más fácil es que te den una palmada en la espalda y te digan que todo bien. Si alguien se toma el tiempo y la molestia de hacerte una crítica, y sobre todo si sabes que lo hace para que mejores o porque ve potencial, debes escucharle, esté más o menos de acuerdo. Los cumplidos solo sirven para hinchar el ego. No conozco a ningún amigo o amiga escritora que no dude, porque ese tipo de dudas son las que te llevan a otros espacios nuevos. Estas críticas también.

P: Recomiéndame un puñado de libros y, ya puestos, dime cuáles son esos libros que siempre te acompañan allá donde vas.

R: Fuera de Campo, Pablo García Casado
De qué hablamos cuando hablamos de amor, Raymond Carver.
Picados suaves sobre el agua, Antonio Luis Ginés.
El padre, Sharon Olds.
El falso techo, Erika Martínez.
Poeta en Nueva York, Federico García Lorca.
El público, Federico García Lorca.
Apegos Feroces, Vivian Gornick.
La hija del comunista, Aroa Moreno Durán.
Tea rooms, Luisa Carnés.
El malestar al alcance de todos, Mercedes Cebrián.
Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg.
Ensayo General, Francisca Aguirre.
Memoria de la melancolía, María Teresa de León.
Diarios, John Cheever.
Canal, Javier Fernández.
Las personas del verbo, Jaime Gil de Biedma.
El gran número. Fin y principio y otros poemas, Wislawa Szymborska.
Los días hábiles, Carlos Catena.
Las niñas siempre dicen la verdad, Rosa Berbel.
Digan adiós a la muchacha, Alba Flores.
Accidente, Camino Román.
Los detectives salvajes, Roberto Bolaño.

Muchos de los que hay en esta lista me acompañan siempre.

P: Bueno, para darle un toque más granaíno a la entrevista, ¿cuáles son tus lugares favoritos de Graná?

R: Si el primero no es el Soria, Fran me mata la próxima vez que vaya. Pero tengo muchos, Granada es una ciudad donde lo bares y los feligreses que conforman sus parroquias particulares tienen un papel fundamental. Soy asiduo de la Estrella, el Plantabaja, el Ruido Rosa, el Bella Kurva, el Loop, el Patapalo, el Provincias, el Ajoblanco y muchos más. Si tuviera que quedarme con un rincón de la ciudad, aunque es casi imposible, elegiría el Mirador 1, al que se llega subiendo las escaleras de Plaza Nueva y desde el que se ve el Albayzín y el Sacromonte.

P: Muy bien. Ahora la preguntita para terminar, ¿qué te gustaría que te preguntasen en una entrevista y que no te preguntan jamás?

R: Nunca me han preguntado si me gustan mis poemas.

P: Agradecimiento infinito, Juanjo. Todo lo mejor ahora y siempre.



Comentarios

2 comentarios en “Juan Domingo Aguilar, un poeta y un ser mágico

  1. Buena foto de cabecera? Quién es el autor? Juanjo Aguilar?

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