Crecer en tiempos de crisis

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En tiempos de prosperidad económica, muchas empresas viendo que las ventas van bien y que hay oportunidades de negocio, se lanzan a hacer inversiones y a contratar gente. Para ello frecuentemente se endeudan. El optimismo y la buena situación económica, les hace pensar que la empresa es sólida, y que todo marcha y seguirá marchando bien en el futuro.

Lo que pasa es que después de la bonanza viene la desaceleración. Siempre es así. A veces, esos cambios pueden ser suaves como pasó con el reventón de la burbuja de las punto.com entre 1997 y 2000, o pueden ser profundos como la actual. Es lo que se conoce como ciclos económicos o ciclos empresariales, caracterizados por las inversiones, la facturación y el ebitda (resultado operativo), del que hablaremos en otra ocasión.

La experiencia nos demuestra que adaptarse a los tiempos es indispensable para sobrevivir. Cuando llega la desaceleración las empresas se encuentran endeudadas hasta las cejas, con plantillas sobredimensionadas y con exceso de activos fijos que ahora tienen infrautilizados y, lo que es peor, les sobran. A partir de este momento todo son reajustes caros y dolorosos por no haber previsto las cosas antes. Pero si algo debemos haber aprendido de anteriores crisis, es que las medidas adecuadas tomadas en el pasado permiten no solo capear los temporales, sino obtener valor y ventajas competitivas.

¿Qué ha pasado entonces? pues que a la hora de elaborar su estrategia muchas empresas no tienen en cuenta el ciclo económico. La estrategia de una empresa tiene que ser variable en función del momento en que se encuentra la economía. En épocas de bonanza hay que ser prudente y dimensionar la empresa ordenadamente, de modo que cuando venga una desaceleración se pueda capear bien. Perseguir todas las oportunidades que se presentan en épocas de vacas gordas es garantizar las dificultades futuras. Vamos, lo opuesto a un crecimiento sostenido. 

En épocas de bonanza hay que ahorrar para poder mantener a flote la empresa en momentos de mayores dificultades. Cuando vienen las desaceleraciones es cuando hay que invertir y contratar. Es el mejor momento para hacerlo, y se puede hacer si se ha sido responsable en la época de crecimiento.

Los cambios y mejoras hay que hacerlas cuando hay crecimiento y hay holgura. Si no se abordan los cambios y las reestructuraciones durante los buenos momentos, cuando llega la crisis los cambios son traumáticos. Las empresas que saben tener en cuenta el ciclo económico en sus estrategias son muchos más estables y son menos vulnerables en las crisis.

La clave es la anticipación, hay que ser proactivos y no dormirse a la hora de tomar decisiones, tanto operativas, como tecnológicas o financieras. Y si es preciso, abrir la puerta a socios que faciliten y potencien la transformación.

Desde aquí les animo a todos a crecer, ya que pese al entorno de incertidumbre y desánimo en el que nos encontramos, existen oportunidades. Como trabajadores por cuenta ajena, emprendedores o empresarios, tenemos que intentar por todos los medios que las cosas ocurran para garantizar la supervivencia a largo plazo.

Nos vemos dentro de tres semanas, saludos.