Abril de 1931

1) Granada en los años 30 desde la Torre de la Vela
Granada en los años 30 desde la Torre de la Vela | Foto: Remitida
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En Madrid gobernaba Aznar (don Juan Bautista), presidente del Consejo de Ministros. Almirante de la mar océana y veterano de las guerras de Cuba y del Rif, no llevaba ni dos meses en el cargo en sustitución del general Berenguer y, aunque seguramente no lo sospechara, pronto lo desocuparía. El mismo escaso plazo de vida que le quedaba a la Dictadura y a la propia monarquía de Alfonso XIII. Al almirante Aznar se le atribuye aquella famosa frase muy ilustrativa de la situación tras el 12 de abril de 1931 según la cual España se acostó monárquica y se levantó republicana.

La Dictadura ya no lo era tanto. Desaparecido el dictador, se había convertido más bien en una Dictablanda consciente de que ante sus fracasos y la presión de la opinión pública se imponía volver a la normalidad constitucional anterior al pronunciamiento de Primo de Rivera. Por esa razón el gobierno que encabezaba este tío-abuelo de otro presidente (éste más de cincuenta años después) primero vació las cárceles de presos políticos y restableció las libertades de prensa, reunión y asociación, e inmediatamente convocó elecciones, empezando por el ámbito municipal, la primera llamada a las urnas para los españoles desde 1923. Pero lo que iba a ser una elección de concejales se convirtió en un plebiscito contra la monarquía en el que ésta salió perdiendo y el resultado fue el triunfo arrollador en las principales ciudades de España de las opciones republicanas y la consiguiente proclamación de la II República.

A nivel doméstico ocurría lo mismo que en Madrid: también llevaba apenas dos meses en el cargo y también le faltaba poco para dejar de ocupar el sillón de la Plaza del Carmen al alcalde de Granada en esos momentos, el doctor del ojo clínico Fermín Garrido Quintana, ex rector de nuestra Universidad y fundador del partido político Acción Granadina, que después acabaría integrándose en el partido de ámbito nacional Acción Popular, de Ángel Herrera Oria, que aglutinaba a las derechas católicas y anti republicanas.

El mes de abril se estrenaba en Granada con la celebración de la Semana Santa y con la presencia de un visitante ilustre. Para una estancia de cuatro días, el 29 de marzo, Domingo de Ramos, había llegado a Granada el infante don Jaime de Borbón y Battemberg, de 23 años, segundo hijo de Alfonso XIII y Victoria Eugenia y, como tal, segundo en la línea de sucesión al trono. El gobernador civil Mendoza se desplazó hasta Iznalloz para recibirlo y en la estación de Andaluces lo esperaba una compañía de honores con escuadra de gastadores y banda de música, y no faltaba en los andenes ni uno sólo de los componentes de las “fuerzas vivas” penibéticas. El pueblo llano pudo verlo esa misma tarde presidiendo la procesión de la Santa Cena y al día siguiente haciendo lo propio en la de la Virgen de la Esperanza, en esta ocasión acompañado por el general Millán Astray con todos sus zurcidos, quien acababa de pronunciar una conferencia en el Centro Artístico. Entre cortejo y cortejo visitó el infante algunos monumentos, pero no la Alhambra, y también se dio un garbeo por el Albaicín y el mirador de San Nicolás después de visitar las escuelas del Ave María, y hasta hizo una escapada a la sierra, aunque sólo pudo llegar al Balcón de Canales ya que la carretera, en construcción, todavía no pasaba de ese paraje.

La actual avenida de la Constitución en los años de la República

Eran días de vino y rosas para don Jaime, traído y llevado bajo palio y agasajado de continuo, y seguramente no podría sospechar que apenas dos semanas después se vería obligado a marchar al exilio en unión de toda su familia este Borbón de vida azarosa, quien renunció años después a sus derechos al trono de España por ser sordo de nacimiento, aunque más tarde reivindicó tal derecho en disputa con su hermano menor, Juan, padre de Juan Carlos I. Desde luego, este tío-abuelo del rey actual, a quien se le recuerda en su edad madura como dilapidador de fortunas en los casinos de media Europa, no tuvo una existencia apacible y fue a morir en 1975, antes de cumplir los 70, de la hemorragia interna que le provocó un botellazo en la cabeza propinado por su segunda mujer en una de sus numerosas broncas etílicas.

El desplazamiento de algunos hasta Iznalloz y el posterior recibimiento apoteósico en la estación de Andaluces se repitieron una semana después, pero en esta ocasión los desplazados y los que esperaban eran de muy distinto signo social y político, como también lo era el ilustre viajero que venía a Granada de visita: Fernando de los Ríos, catedrático de la Universidad Central y líder socialista, recién salido de la cárcel, donde se encontraba desde el fracasado golpe de Jaca. Desde la estación hasta el domicilio particular de De los Ríos marcharon todos los presentes en manifestación y al pasar por delante del domicilio del alcalde Fermín Garrido (en la esquina de Avenida de Andaluces), de los jesuitas (en la Gran Vía) y de los legionarios albiñanistas (en Carrera del Genil) se oyeron gritos “significativos” [sic], informa el Defensor. Desde el balcón de su casa, en el paseo del Salón, dirigió el político una arenga a los manifestantes y entre otras cosas dijo que hoy más que nunca urge la instauración de la República; antes teníamos motivos fundados, ahora tenemos algo más: la sangre de dos mártires (García Hernández y Galán). Al día siguiente, 5 de abril, en la plaza de toros nueva (la actual), Fernando de los Ríos fue el protagonista principal de un mitin a plaza llena hasta la bandera cara a las elecciones municipales del siguiente domingo.

El domingo anterior a este mitin, Domingo de Ramos, en el mismo escenario había tenido lugar otro mitin político, también de la coalición republicano-socialista, en el que intervinieron Enrique Marín Forero, Ricardo Corro Moncho, Rafael García-Duarte Salcedo, José Palanco Romero, Alejandro Otero Fernández y José Pareja Yébenes. Todos los intervinientes en este mitin, de constantes referencias a la reciente intentona de Jaca y presidido por la bandera tricolor republicana, pronto serían concejales del Ayuntamiento de Granada y tres de ellos llegarían a detentar la alcaldía, pero también tienen en común que de los seis sólo los dos últimos escaparon a la represión impuesta en nuestra ciudad por los sublevados en el verano de 1936; Alejandro Otero por la única razón de que, para su suerte, estaba entonces ausente de Granada y en zona republicana; el otro fue Pareja Yébenes, también republicano pero moderado, el único que de los seis perdonaron los alzados en armas. Los otros cuatro murieron fusilados.

Ese mismo domingo 5 de abril de 1931, recogidos todos los pertrechos mitineros en el coso de la avenida del Doctor Olóriz, por la tarde hubo novillada de inauguración de temporada. Fue lo que se conocía como una corrida de competencia ya que a la misma hora pero en la plaza del Triunfo hubo también toros, en este caso con diestros ya doctorados. Es que en Granada teníamos desde hacía tres años y por muchos más dos plazas de toros y sus respectivos empresarios no andaban en buena relación, de manera que era frecuente la organización de dos corridas a la misma hora. A pesar de todo, por las crónicas de estos espectáculos sabemos que ambos registraron buenas entradas.

En la parte superior del plano puede verse el campo de las Tablas

Acababa de terminar la liga, ganada por el Athletic de Bilbao, pero en Granada sólo existían por entonces equipos de barrio que competían exclusivamente a nivel local. A falta de liga futbolera, otra liga bastante más animal llenaba no pocos ocios de los granadinos. En abril de 1931 se mantenía candente la emoción acerca de quién se llevaría el campeonato en el que competían estrechamente equipos (criadores) como la Pellejera, con sus pupilos Niño de la Onza o Escalabrado; la Salinera, con el Mulato o Pasoslargos como figuras; y La Laguna con Regalito y Colituerto de cracks. Era lo que se conocía como “circo gallístico”, o sea, las peleas de gallos, actividad en la que se movían importantes cantidades de dinero en apuestas y que contaba con una clientela abundante y fiel. En la prensa de la época es frecuente encontrar información acerca de las riñas y sus resultados.

Y llegó el domingo 12 de abril. Sólo votaban los varones mayores de edad, pero no a listas que presentaban los partidos políticos, como en la actualidad, sino directamente a las personas (también todos varones), a razón de tres por votante. Ricardo Martín Campos, futuro presidente del Recreativo, se presentó a la elección como concejal por el distrito de San Cecilio, pero antes de la consulta retiró su candidatura. En Granada apenas hubo incidentes, aparte del escarmiento popular que recibió algún electorero (así se conocía a quienes seguían la vieja práctica de la compra de votos en las puertas de los colegios electorales, tan usual en los largos años del Turnismo). En nuestra tierra también triunfaron ampliamente los candidatos republicanos y como en toda España fue proclamada la República el día 14 de abril, y se hizo con gran alegría del pueblo sin que faltara la cohetería ni el repique de las campanas de la Catedral y de la Vela en una fiesta que se prolongó todo el día siguiente. El monumento a Mariana Pineda fue escenario de numerosas e improvisadas arengas políticas y grandes manifestaciones, con la banda municipal al frente tocando la Marsellesa y el himno de Riego, recorrieron la ciudad, y muchos locales lucieron en sus fachadas banderas rojas y tricolores. Todo sucedió de forma civilizada y pacífica.

En este contexto nació el club Recreativo Granada, es decir, el Granada CF, constituido el 6 de abril de 1931, que es la fecha en la que se redactaron sus estatutos y su acta fundacional. No obstante el club existía de antes, desde 1924, y respondía al nombre de Recreativo Español. En 1931 el propósito de quienes lo integraban era dar naturaleza jurídica a lo que ya existía de hecho y al mismo tiempo convertirse en el club más representativo de la ciudad, por eso en el mes de marzo Julio López Fernández, presidente de la sociedad, se había dirigido al Ayuntamiento que presidía Fermín Garrido en demanda de la cesión gratuita de unos terrenos en la zona conocida como Eras de Cristo para construir a sus expensas un campo de deportes, apoyándose en una disposición según la cual las ciudades de más de 100.000 habitantes (Granada tenía entonces 120.000) estaban obligadas a contar con al menos una instalación de este tipo, cosa inexistente en Granada desde la desaparición a mediados de la década anterior de los grandes rivales España y Español. Se sabe que a don Fermín el balompié le traía al fresco, pero como alcalde recibió a los comisionados y dio satisfacción a sus peticiones. Así se fraguó el conocido como campo de las Tablas. Una vez conseguido el terreno donde celebrar sus partidos, el siguiente paso era cumplir con los requisitos exigidos por la Ley para poder quedar inscrito en el campeonato de liga, trámites que quedaron resueltos a lo largo del mes de abril, como queda dicho.

Así nació nuestro Granada CF, que acaba de cumplir 88 años.



Comentarios

2 comentarios en “Abril de 1931

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    Jose Luis Entrala

    Cada vez que leo cosas tuyas recuerdo, y muchas veces aprendo, acontecimientos y personajes de la historia granadina. Y lo mejor del caso es que lo cuentas con una cercanía y amenidad que convierten la lectura en una gozada. Enhorabuena y un abrazo.

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