Martes, 25 de Septiembre de 2018

            

Sin brujas

Juan Pablo Luque Martín


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Míralo Dani. Va por ahí. ¿No lo ves? Como si perder la vida no fuera con él. Como si todo apenas hubiera cambiado, como si siguiera en el camino, en el que le sigue llevando tan cerca y tan lejos en su aventura de todos los días. Sólo nadar, nadar, nadar, abrir surco, descubrir, conocer… y dejarnos el imborrable recuerdo de su diminuta historia, su historia de amor y cariño. Mucho cariño.

¿Sabes, Dani? A él no se le hará de noche. Nunca se le hará de noche. No sé si alguien lo entenderá, pero seguirá nadando, nadando, nadando… en el mar, en ese mar que hoy lo arropa y lo cuida como madre que recibe el relevo y la desconsolada misión de cuidar de él en el resto del cuento. Remontando olas, batiéndose con ellas, sumergiéndose una y otra vez. Disfrutando, Dani, disfrutando mucho, disfrutando.

Aún no se si llegará el día en que a ellos se les hará de noche. Aún no sé si claro que llegó, pero procuran no perder las fuerzas para pintarlo todo de azul. Aún no sé si cuando sigan mirando al mar, cuando no lo encuentren dibujado en la orilla, cuando el horizonte no consienta en devolvérselo, aún no sé si esa tarde se les hará de noche y una y otra vez se preguntarán dónde está. Y porqué. Y qué le hicieron a la vida para que esta se dibuje en apenas ocho años. Claro, que detrás de la noche hay un día siguiente, ese que remonta, que cobra color y vida, un día que amanecerá, un día al que pondrán sol y lo llenarán de hermosos recuerdos, un día en que la espuma del mar les devolverá su olor. Y su sonrisa. Y sus ocho años.

Alrededor estamos tu y yo, Dani. Bueno, tu, yo y otros muchos. Hasta el Ministro, fíjate. Hasta Susana, que resoplaba para contener la emoción. Y entretanto sufrimiento, ellos. La sonrisa que llora. La entereza que se agarra y no permite que nadie se desmorone. Delante de ellos, no. La que reniega de su propia condición humana y pone una lección que quedará como el cuento que nosotros, papás, deberemos siempre leer a nuestros hijos. Y sé que no habrá día en que ella no le pregunte a las estrellas si su hijo sigue bien, si está con ellos, si le cuidan como ella lo haría. Y sé que no habrá momento de la noche en que su padre se despertará y preguntará porqué.

Pero hoy no, Dani. Hoy nos piden silencio. Y silencio debemos dar. Y mientras callamos, nos concede la más bonita lección. Qué paradoja: en la semana de la prisión permanente revisable, en la semana de la expiación, nos hablan de amor, de vida, de mucha vida.

Y sin brujas, Dani. Y sin nombres. Porque los nombres se olvidan. Pero la historia no. Esta no la olvidaremos. Nunca la olvidaremos.

Para que luego digan que Dios no existe, Dani…

Para que luego digan que no existe…


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