Martes, 30 Mayo, 2017

¿Podemos entrenar nuestras emociones?

En términos evolutivos, el cerebro de todos los mamíferos, incluido el ser humano, contiene emociones básicas que les ayudan a interpretar el mundo que les rodea

Controlar las emociones puede mejorar nuestra salud | Foto: Getty


image_print

Las emociones básicas son instrumentos naturales en los mamíferos, plataformas de acción que funcionan en los ámbitos bioquímico, neurológico, psicofisiológico, comunicativo y gestual. Una buena gestión de las emociones puede convertirse en una importante herramienta para nuestro botiquín vital.

Según explica a Infosalus Roberto Aguado, psicólogo clínico y autor de ‘Es emocionante saber emocionarse’ (EOS, 2014), no existen emociones malas sino más bien no adecuadas a la situación en la que se producen y que por tanto deben ser moduladas en nuestro beneficio.

En términos evolutivos, el cerebro de todos los mamíferos, incluido el ser humano, contiene emociones básicas que les ayudan a interpretar el mundo que les rodea. En el ámbito de la comunicación, las emociones están vinculadas a determinados gestos faciales que trasladan a los otros nuestro estado y nos comunican a nosotros mismos el momento en el que estamos.

“Sin emociones no podríamos vivir. Las emociones son el color que ponemos a la vida y a las cosas que hacemos, se asemejan a la música en una secuencia de película: según sea esta música interpretaremos lo que está sucediendo”, explica Aguado.

Según señala el psicólogo, la respiración también guarda un papel importante en las emociones, ya que se respira de forma diferente según la emoción predominante, al igual que la fisonomía o la activación muscular, pues las emociones modulan las actitudes físicas.

Aguado define la salud mental desde el punto de vista de las emociones como la capacidad de poder activar todas las emociones posibles en su adecuado contexto mientras que la enfermedad mental consistiría en sólo poder activar dos o tres emociones básicas (rigidez emocional).

Para el psicólogo, la mala gestión de las emociones está implicada en trastornos como la depresión (tristeza), la ansiedad (miedo) o los problemas sociales derivados de una personalidad agresiva (rabia o asco). En los trastornos psicosomáticos, como los que afectan a la piel o el estómago, puede tener un importante papel la represión de las emociones, afirma Aguado.

TRES EMOCIONES MÁS

Las siete emociones básicas conocidas son rabia, miedo, tristeza, culpa, ira, sorpresa y alegría. “Si consideramos la sorpresa como una emoción mixta y la alegría como una emoción agradable, el resto se consideran emociones desagradables”, señala el psicólogo.

Aguado propone que existen tres emociones más que añadir a estas siete y que amplían el abanico de emociones agradables: curiosidad, admiración y seguridad. Todas ellas presentes también en el reino animal.

Según explica el psicólogo, la curiosidad mueve la capacidad de exploración y búsqueda en el medio; la admiración es la base de la imitación a nuestros referentes a través de la que se aprende (aprendizaje vicario); y la seguridad es necesaria para la consecución de objetivos y proporciona el sentimiento de satisfacción.

En opinión de Aguado, resulta imprescindible fomentar desde la escuela y en toda la sociedad estas emociones agradables y no sólo la alegría, ya que ésta no es tan adaptativa como parecía hasta este momento, dado que si se convierte en la única meta puede generar frustración.

CAMBIO DE PARADIGMA

El autor e investigador explica que la inteligencia emocional ayuda a responder cuestiones sobre qué sabemos de nosotros, identificar aquello que se escapa a nuestro conocimiento y descubrir por qué existen estas lagunas de conocimiento.

“El paradigma de la inteligencia emocional consistía en identificar las emociones y cambiar el pensamiento de forma consciente, sin embargo, esto no es posible en los menores de 9 años y en hasta un 30% de la población adulta”, explica Aguado.

Esto se debe a que a nivel cognitivo esta estrategia la tiene que poner en marcha un área del cerebro denominada lóbulo frontal orbital, una estructura que no termina de madurar hasta que el ser humano alcanza los 21 años y hasta los 9 años los niños sólo pueden cambiar su comportamiento a través de la observación del comportamiento de los adultos que le rodean.

Según explica Aguado, el mecanismo de sentir una emoción puede ser como un ‘tsunami’ para el cerebro cognitivo y éste no es capaz de reconducir la emoción. En estos casos la propuesta es cambiar la emoción desde la emoción y no desde el pensamiento, lo cognitivo, que se encuentra subyugado a lo emotivo.

En este sentido, inteligencia emocional es escoger entre la mejor de las emociones para adoptarla en la situación en la que nos encontramos. “No hay emociones malas, sino emociones no adecuadas a la situación que producen un desajuste y que debemos cambiar”, apunta Aguado.

ENTRENAR LAS EMOCIONES

Según señala Aguado, de niño el ser humano aprende de forma natural y cada emoción se ha aprendido en un contexto en el que los adultos cercanos han reaccionado ante determinadas situaciones con una u otra emoción principal. El objetivo es reconocer lo aprendido y aprender nuevas asociaciones distintas a aquellas que no son beneficiosas.

Según apunta el psicólogo, las bases para empezar a gestionar nuestras emociones serían:

1. Saber identificar las emociones: la razón puede ayudar a evaluar si la emoción se corresponde o no con la situación que vivimos.

2. Intentar cambiar de emoción desde la emoción: este cambio es posible gracias a que no es necesario aplicar la cognición a la emoción, algo complicado cuando ésta es demasiado intensa para dejarnos pensar, sino que se emplea para ello el mismo área cerebral que gestiona las emociones y que ya está activada.

3. Emocionarse adecuadamente sin tener un registro cognitivo. Al crecer, la capacidad de emocionarnos va disminuyendo con respecto a la infancia, donde son posibles todos los registros, el aprendizaje puede reducir este abanico de emociones.

Aguado propone identificar el papel de las emociones en nuestra vida a través de un sencillo ejercicio de reflexión: trazar en una línea de vida segmentos de cinco años de duración desde el nacimiento hasta el momento actual. En estos tramos vitales debemos apuntar qué emoción fue la más importante, qué persona o personas nos marcaron más y qué situaciones importantes se produjeron en nuestra vida.

Para aprender a gestionar las emociones Aguado y su equipo han desarrollado una aplicación informática gratuita, denominada ‘eTrainer’, que navega por los principales estados emocionales y que da las claves para pasar de una emoción que no se ajusta al contexto a otra más constructiva.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *