Viernes, 18 Agosto, 2017

            

El día que me caí del caballo

Foto: Pau Salinas
Esther Ontiveros | @estherontiVELP


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Ante todo pedir disculpas por quien se pueda sentir ofendido/a. Ya sé que aún no he juntado sujeto con predicado pero antes de seguir tecleando quiero que vayan por delante. Las disculpas y la carta de dimisión, para no incomodar más que lo justo al encargado de darme puerta cuando llegue el momento. Y me falta algo más antes de seguir aporreando teclas. Una declaración jurada donde confieso que nada de lo digo va a misa. Sé por qué lo digo, a veces me pongo vehemente y parece que busco un amén detrás de cada punto final. Para nada, a mí hay que ponerme en duda hasta los apellidos en todo lo que firmo.

Escrito esto, me presento. Fundamentalmente soy una mujer -y ahí lo llevas- periodista de formación, comunicadora de vocación y relaciones corporativas de profesión en una gran empresa agroalimentaria. También soy madre, pero muy madre, de las que hace de esta condición casi una religión. Creo en Dos: Jaime y Claudia, con una fe desmedida, de la que confía en la redención y la salvación por la imposición de sus manos menudas en torno a mi cuello cada noche cuando me besan antes de irse a dormir.

Hace unos tres años, iba conduciendo estresada como caaaaaada día de camino al trabajo cuando me caí del caballo. Se apareció ante mí la perspectiva de vivir de otra manera, más consciente, más esencial, más humana… y enumeré mentalmente los factores que consideraba indispensables para favorecer este giro vital. Deporte: quería engancharme a algo que me mantuviera físicamente fuerte, una actividad que me hiciera sentir viva, que me retara a explorar los límites de mi cuerpo. Alimentación: estaba dispuesta a cambiar lo que hiciera falta de mi dieta con la intención de comer solo aquello sobre lo que tuviera absoluta certeza que me hacía bien. Conciencia plena o mindfulness: ya estaba bien de pasar por la vida como si fuera el ensayo de algo mejor, quería vivir cada instante valorando sencillamente la suerte de estar viva.

Ahora soy maratoniana en asfalto y montaña (¡ultra-maratoniana!), flexitariana (80% de mi alimentación es de origen no animal, plant-based diet) y me he convertido en firme activista del presente, no sólo como filosofía de vida sino también mediante el entrenamiento de técnicas de meditación rutinarias que facilitan que pueda vivir anclada a lo que realmente importa. La gracia es que me ha dado por contarlo todo en mi blog y en mis redes sociales y ahora, encima, me invitan a hacerlo en esta columna en Granada Digital. Pues allá vamos.

Advertencias:

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Comments

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  1. Como amigo, correligionario de cole de Juan, al caer esto en mis manos y poder leerlo no tengo más que aplaudir tu caída del caballo. Es estupendo que vivas y des sentido a cada momento que corres, que comes, que respiras y sientes y que tu guía espiritual sean tus hij@s…Qué mejor que eso.

    Caerse del caballo así, más que una caída es un salto de trampolín a una vida más plena y humana, lejos de a lo que nos empuja esta sociedad mediocre y decadente.

    Enhorabuena…Te has vuelto una gran amazona y has tomado las riendas del caballo más salvaje….la vida.

  2. Muy bueno. Gracias por contarlo, y gracias a Granada Digital por ir agrupando personalidades rotundas., merece la pena darle una pensada, cualquier día me tiro yo de la vagoneta.

    • Muchas gracias por tu comentario Carmen… somos much@s los que nos planteamos bajarnos en marcha si nadie pone freno a las cosas que están ocurriendo cada día

  3. Gracias Granada Digital por haberse dado cuenta que necesitamos este tipo de personas madre/mujer/trabajadora luchadora que comunica con sentido y tiene ideas maravillosas. Una suerte la caída del caballos para todos los lectores. Felicidades