Domingo, 17 Diciembre, 2017

            

El día después

Parlament de Catalunya
Ramón Ramos


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Primero, se construyó un Estado autonómico y se dio autonomía incluso a quienes no la querían. Para levantar aquel artificio, se buscaron identidades que a las claras o en el fondo se encontraban ‘a la contra’ de España. Fue el ‘café para todos’ que sembraba vientos que solo podrían terminar en tempestades, pues la esencia de los nacionalismos es la diferenciación y, en un segundo paso, la supremacía, por lo que nunca aceptarían a la larga ‘diluirse’ entre otras diecisete autonomías.

Después, se transfirió la educación. A partir de ahí, se empezó a explicar la historia como un conflicto, por ejemplo la guerra civil, como una confrontación entre españoles y catalanes. Al cabo de los años, aquellos niños de entonces tenían ahora más de 40 años y por debajo de ellos vaneían ya dos generaciones más. Entretanto, había un partido de derechas entre cuyos votantes convivía el más alto porcentaje de derecha extrema de toda Europa. Había también una izquierda con un complejo freudiano de inferioridad ante los nacionalistas. Consecuencia de ello, habían regalado los símbolos del Estado y rehusaban pronunciar la palabra España.

Había un partido de derechas que consechaba votos en el resto de España cuando tensionaba la situación en Cataluña. Ello no le impedía llegar a pactos con los catalanes para asegurarse la estabilidad en el Gobierno. Y si antes habían criticado a otros de izquierdas que cedieron a Cataluña la gestión del 15 por ciento del IRPF, ellos les dieron el 25 por ciento. Luego, cuando perdieron el Gobierno, se dedicaron a recoger firmas contra una reforma del Estatuto de Autonomía y a impugnar artículos pese a que en otras reformas de otros estatutos de otros perezosos parlamentos de otras autonomías se habían calcado en su literalidad.

Eran los tiempos en que un aburrido ‘president’ que se había sido un buen alcalde en la trepidante etapa preolímpica barcelonesa, ahora al frente de la Generalitat se aburría en el día a día de la aburrida gestión autonómica y decidió pasar a la historia como el president que reformó el Estatut y amplió sus competencias. Había entonces un insensato jefe de la oposición que prometió respetar el estatuto reformado que elaborasen en Cataluña. Como aquel jefe de la oposición fue presidente quedó prisionero de sus palabras y en su pretensión buenista fabulada de quedar bien con todos lo que hizo fue quedar mal con todos.

Para entonces, aquel partido de derechas se había convencido de que en Cataluña difícilmente saldría de la irrelevancia. Hubo tiempos en que crecía. Y mucho. Pero sacrificaron a su líder en aras de la estabilidad en Moncloa, cuando aquellos pactos del Majestic y lo del 25 por ciento del IRPF. Por el otro lado, por la izquierda, durante todo este tiempo de la primera autonomía y años siguientes había un partido que fusionaba el socialismo estrictamente catalán con unas siglas de enorme poderío electoral en los 80 y 90 que funcionaban en Cataluña con la misma eficacia que en el resto de España, pese a lo cual los apellidos del ‘pijerío’ catalán -y por tanto, con tendencia pronacionalista- se imponían a la hora de marcar estrategias políticas que más que unir disgregaban. Entretanto, además, para dar cobertura y coartada a la reforma catalana, otros insensatos ‘barones’ socialistas se lanzaron a reformar los estatutos de sus autonomías en una maniobra absurda, fría, inerte, carente de todo sentido, exenta del latir de la calle, que no le prestó la menor atención ni al artificial debate ni al referéndum que se montó.

El Estatut reformado e impugnado ante el Constitucional recibió, en fin, el revolcón del Alto Tribunal, ‘alto’ por altamente politizado y desprestigiado por las cuotas políticas que jugaban el juego de las mayorías-minorías parlamentarias como una terminal más de los respectivos partidos políticos…

También hubo una crisis económica de calado profundo y desconocido hasta niveles nunca transitados. Una crisis de la que dicen que se ha salido, pero en realidad vivimos bajo los efectos de la ‘rebelión’ de los ‘ricos’ contra los ‘pobres’ que en España se traduce en regiones ‘ricas’ que se quieren alejar de las ‘pobres’.

Todas esas cosas -que por sí solas tienen la importancia que tienen- fueron pasando ante nuestros ojos hasta llegar a estos días tristes generando un cóctel explosivo para la patria. Todos los errores de los gobiernos centrales que se sucedieron, toda la pasividad ante los excesos nacionalistas no pueden diluirse en el atropello que perpetran estos días los independentistas catalanes. No es el 1 de octubre la fecha más difícil. Como en todos los conflictos, el día después, cuando vuelves a mirar a la cara de quien te enfrentaste el día anterior, es el que marca la trayectoria subsiguiente. Y nada indica que esta escalada de estos días últimos pueda refrenarse si los actores de esta película siguen siendo los mismos que nos han traído hasta aquí. Se han abierto tensiones sociales dificilísimas de cerrar.

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