Lunes, 27 Marzo, 2017

El Centro Lorca, explicado por sus creadores

Los arquitectos ganadores del proyecto que hoy verá la luz muestran mediante una visita guiada los entresijos del edificio

El Centro Lorca | Foto: Archivo


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La profesión de un arquitecto se mueve entre lo técnico y lo estético, entre lo artístico y lo industrial. Un esbozo, cuatro trazos primigenios que dibujan los contornos y que gestan una idea germinal que ha de dotarse de contenido. Los arquitectos Boriz Bezan, Mara Partida y Mónica Juvera, componentes del equipo de cuatro -hoy faltaba Héctor Mendoza- responsable del Centro Lorca, han explicado este mediodía cómo materializaron esa idea, el viaje conceptual del papel a una realidad que se inaugura de manera oficial esta tarde.

UN ESPACIO ABIERTO A LA PLAZA

Encajado en esa esquina de la Plaza de La Romanilla, la idea principal de su diseño era lograr la conexión con el centro histórico, en un solar de los que “casi no hay” en Granada. Para lograrlo, juega un papel fundamental la entrada amplia y diáfana. Una entrada que conecta como pasillo o pasaje la propia plaza con la calle Lucena. Esta entrada divide y define dos volúmenes principales conectados en altura con vígas trípodas, el que queda a la derecha del visitante alberga el auditorio, con capacidad para 410 butacas. Limitado en el vestíbulo por muros retráctiles, cuando estos se esconden, plaza, entrada y auditorio son un espacio continuo y diáfano, una invitación a la entrada del viandante. En palabras de sus autores,  “abrir la cultura hacia Granada y que pueda integrarse por escalinatas hacia la plaza.”

En el mismo volúmen, pero encima del auditorio, se sitúan los talleres y las oficinas. Cuatro talleres de trabajo con muros también retráctiles que permiten ampliar las estancias. A la misma altura pero en el otro volumen, la biblioteca, y en ella, el espacio para la joya de la corona que aún no ha llegado: el famoso legado. La cámara acorazada puede apreciarse en la biblioteca como un gran volumen suspendido que pende bajo la cabeza de los que consultarán los libros. La paredes lucen tapizadas de estantes hasta casi el techo, pero aún no albergan libros.

Preguntados por los motivos técnicos de la cámara acorazada que podría haber retrasado la llegada del legado, los arquitectos han asegurado que ya está perfectamente lista para albergarlos. Muros de acero de cuatro centímetros y estanterías corredizas en su interior albergarán, en su día, los fondos del poeta.

LUZ POR TODOS LOS RINCONES

La luz es la otra protagonista del edificio. A pesar de ser un edificio “muy restringido” por las edificaciones vecinas, la luz natural penetra y baña el interior de las estancias, desde la planta alta hasta la sala de exposiciones, situada en la planta inferior. Con 500 metros cuadrados, la sala tiene techos a dos alturas, precisamente por situarse en la altura inferior bajo las gradas del anfiteatro. Un pasillo en uno de sus extremos deja entrar “mantos de luz”.

La planta alta alberga oficinas y talleres. Estancias separadas por patios acristalados y abiertos por ventanales a las panorámicas que su enclave ofrece: de un lado, la Catedral, y del otro, las azoteas del barrio. También se sitúa la sala de reuniones de los miembros del Consejo Rector del Consorcio. Las vistas a la Catedral se repiten a distintas alturas y perspectivas, dando la sensación de que, a pesar de su aparente encierro, el centro no pudiera estar más conectado con lo que le rodea.

Otro aspecto destacado por Mara Partida ha sido la distribución de los espacios en las distintas alturas. El centro Lorca es un lugar de visita, con espacios públicos, pero también de trabajo, con espacios restringidos. Desde la sala de exposiciones, situada en el sótano, el acceso público decrece conforme subimos en altura, pasando por la biblioteca y talleres y terminando en las oficinas, sala de reuniones.

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Taller del Centro Lorca

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Pasillo de la sala de exposiciones del Centro Lorca

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Oficinas del Centro Lorca

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Entrada a la cámara acorazada

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Una de la sala de reuniones del Centro Lorca

 

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