Sábado, 27 Mayo, 2017

Albert Einstein: ¿qué comía el científico más grande del siglo XX?

Vengo a contarte que comía Einstein, Nobel de física en 1921. Cultura y gastronomía en sus platos, que devoraba con el mismo gusto que hacía con el universo.

Cocina de urgencia para universitarios | @CUPU_UGR


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Según Manuel Alfonseca, escritor colaborador con La Vanguardia y con la Asociación Española de Comunicación Científica, Albert Einstein es el científico del siglo XX. Pero ¿tendrá algo que ver su alimentación con su inspiración? En algunas ocasiones se cree que así podría ser…

RAÍCES ALEMANAS: CARNES, SALCHICHAS Y POSTRES SUCULENTOS.

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Albert Einstein nació en la alemana Ulm en el año 1879, ciudad de una zona con gusto por el vino. Está cerca de Suiza y Francia, por lo tanto la cocina se ve influida por estos países. Es importante recalcar que cerca hay una zona forestal (la Selva Negra) donde se pueden encontrar carnes de monte. Posiblemente Einstein comiera durante su niñez Jamón de la Selva Negra, sopas de caracoles y ensaladas de patata –sí, sí… como la que se pone en los bares de tapa-.

Tal vez, de postre, un tal “Blechkuchen”, un bizcocho de frutas (como la cereza, albaricoque, manzana…) y la famosísima tarta Selva Negra. Aún así, las especialidades de la zona donde Einstein nació eran salchichones ahumados, requesones medio suizos y los famosos pretzels salados.

Buena gastronomía con la que crecer, ¿verdad? Y por cierto, seguro que conoces el Strudel de manzana y las salchichas blancas cocidas, pues son de Baviera, estado alemán cercano donde se instala a los 14 años.
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Einstein, nació en el seno de una familia judía, por tanto, el cerdo debería estar prohibido. Pero, ¿sabes qué? Su familia no seguía las costumbres judías ni se consideraba religiosa, por lo tanto, se pondrían de comer cosas ricas ¡hasta el moño!

ESTANCIA ITALIANA: PASTAS, ARROCES Y VINO.

Más tarde, en 1894, sus padres se mudaron a Pavía, cerca de Milán, Italia. Los productos de estas ciudades tan cercanas eran el famoso queso Gorgonzola y el arroz y vino. Tal vez en esta época fue cuando adquirió su gusto por las pastas como tallarines y espagueti.

“Con respecto a Italia, cierta vez le preguntaron a Einstein qué era lo que más le había gustado de Italia. Respondió que los espaguetis y Levi-Civitia. Éste fue un matemático al que le llegaron noticias de que Einstein tenía unos cálculos en la relatividad general que nos los entendía ni la madre que lo parió y quiso ayudarle, sin mucho éxito porque los cálculos, al final, eran liosos pero correctos.”.

SUIZA: FAMA DE SU CHOCOLATE A FINALES DE SIGLO.

Dos años después, en 1896, acabó en Zúrich (Suiza) estudiando física. Allí se pondría de chocolate hasta los topes porque fue por esa época cuando este dulce comenzó a tener su merecida fama y por aquellos entonces Lidl no existía… lo mismo por eso se quedó allí una temporadita el muchacho. ¡Aaah por cierto!, dicen que Einstein estaba tomando chocolate cuando le vino a la mente la Teoría de la Relatividad… ¿sería con chocolate suizo?

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Por esta fecha, Einstein terminó su tesis “Una nueva determinación de las dimensiones moleculares en Suiza. Se cuenta que para ésta tesis se basó en una conversación sobre el azúcar mientras se tomaba un té (por lo tanto, sabemos que era bebedor de éste líquido pero ¿sabías que en alguna que otra ocasión le daba por tomar té y café a la vez? Sí, sí. Simultáneamente). De paso, deberías saber que, Dr. Popov, una empresa checa de tés, le ha puesto “Té Einstein” a uno de sus productos para vender infusiones a estudiantes.

PRAGA Y BERLÍN: PUBLICACIÓN DE SU TEORÍA Y POSIBLEMENTE ALGÚN KILO DE MÁS.

En Praga, al llegar en 1910, se encontró con que lo típico eran y son las sopas. Y sobre todo se conoce una que es la reina de todas, una sopa vegetal de zanahoria, champiñón y patata que suponemos sería de gran ayuda para asentar el cuerpo tras darle veinte vueltas a la cabeza con sus historias.

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En 1913, el culillo inquieto de Einstein viaja a Berlín y allí se queda casi veinte años. Aquí publica su Teoría General de la Relatividad tres años después. Suponemos que se nutrió de la rica gastronomía berlinesa y que ganaría algunos kilos con los codillos, el chucrut y demás cosas deliciosas. Cabe entender que la cocina de Berlín se caracterizaba por intentar embutir al comensal de alimento y dejarse la dieta en la puerta, por lo tanto podemos imaginar que nuestro Albert le puso más de un agujerito al cinturón…

HUIDA INTERNACIONAL: AMÉRICA Y OTROS VIAJES.

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En 1914 comienza la primera Guerra Mundial y en 1919 se confirma la teoría de la relatividad general de Einstein.  Se sabe que el cachondo fue a ponerse fino de Sake en un viaje a Japón en 1921 mientras le premiaban por el Nobel. Y de paso, acabó en España, seguramente poniéndose también fino de manjares ibéricos.

En 1933 se traslada de Alemania a Estados Unidos para huir del nazismo y el levantamiento de Hitler, más concretamente a Nueva Jersey. Por cierto, ¿sabías que la sopa de Campbell’s nace en Nueva Jersey? Y ya de paso, los bagels, pastrami y pudings de carne son la base de la comida del nuevo lugar donde le toca vivir a Albert. ¡Eh, se me olvidaba! En esa fecha empieza a entrar en auge en Nueva Jersey una especie de “perrito caliente italiano”, con un montón de ingredientes en él.

ÚLTIMOS AÑOS: VEGANISMO.

Sus últimos años transcurren con una mihilla de estrés. Está metido en asuntos con la bomba atómica, huye del nazismo, incansable viajero y con un premio Nobel de física en su bolsillo, le ofrecen presidir Israel, proyecto que él declina en 1952.

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Y no sabemos si, desde entonces, empezó a mirar la vida con otros ojos, porque en 1953 le dejó caer a un amigo/conocido que se sentía extraño comiendo animales, por lo tanto vemos clara predilección por el veganismo, el cual adoptó en 1954, un año antes de su muerte. Terminó confirmando estas sospechas con estas palabras:

– “Así que estoy viviendo sin grasas, sin carne, sin pescado, pero me siento muy bien de esta manera siempre me parece que el hombre no ha nacido para ser un carnívoro”.

– “Si un hombre aspira a tener una vida honrada, su primer acto de abstinencia es el de dañar a los animales”.

Por lo tanto, visto lo visto, la riqueza de la gastronomía en la que se envolvía Einstein era tan exquisita como la importancia de sus teorías y aplicaciones en nuestra tecnología y comprensión del mundo. Aun así, lo único en lo que deberíamos preocuparnos es en seguir una dieta equilibrada, mediterránea y que se adecue a nuestros valores sin menospreciar lo que nos presenten en el plato, allá dónde sea que terminemos sentados.

Un artículo de Cocina de Urgencia para Universitarios

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