Domingo, 23 Septiembre, 2018

            

Divorcio… qué bien nos sienta

Marisa Chacón
Marisa Chacón


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Recuerdo que cuando me divorcié y me encontraba con conocidos que aún lo no sabían, me decían sin excepción que estaba más guapa que nunca.

Y es que a las mujeres el divorcio nos sienta de escándalo. Al principio es duro enfrentarte a la nueva situación, sobre todo, cuando tienes hijos; pero cada día que pasa te sientes más relajada, como si te hubieran quitado un gran peso de encima.

Cada minuto recuperas un poco de esa parte de ti misma que un día borraste para convertir el ‘yo’ en ‘nosotros’, y aprendes a disfrutar de tu vida de una forma madura y equilibrada. Desaparece esa ‘malauva’ constante y tu carácter vuelve a ser amigable y afectuoso. Descansas mejor. Sonríes más. Te sientes libre y ligera…

En definitiva, recuperas la paz y eso te hace más feliz. Por no hablar de ver a tu hijo tranquilo y contento, sin soportar un ambiente tenso, y completamente cómodo y adaptado a la nueva situación. Un motivo más de felicidad.
¿El resultado? La piel está más tersa, tus ojos tienen un brillo especial, puede que incluso pierdas unos kilitos y vuelves a tener ilusión por verte arreglada.

En el caso de los hombres suele pasar a la inversa.

Al principio están pletóricos, incluso se desmelenan un poco. Pero lo cierto es que, poco a poco, se les va poniendo una cara de amargados que, por mucha manía que les hubieras tomado, te da hasta penita.

Y mientras que tú cada día estás más tiposa y más mona, ellos cada día están más demacrados y calvos… No sé si es porque el roce hace el cariño y no ves tanto los defectos mientras estás con una persona. Tal vez al perderle ese poquito de cariño que te quedaba, empiezas a ver la cruda realidad de golpe. No lo sé… Pero la verdad es que nunca he visto a mi ex más “estropeaíco” que ahora.

El divorcio nunca es malo. Cuando llega, sea porque dejas o porque te dejan, siempre es positivo. Mantener una situación que no se sostiene solo lleva a la autodestrucción.

En mi caso particular no solo ha sido un alivio, es que he empezado a vivir. Siempre digo una cosa: tengo todo lo bueno de una mujer casada (a mi hijo) y lo bueno de una soltera (un fin de semana libre cada quince días para hacer lo que quiera) y es… ¡realmente maravilloso!

Parece que el divorcio es el fin de la vida… y solo es el principio. Cuando la gente me pregunta si aún no he rehecho mi vida mi respuesta es clara: mi vida estaba deshecha cuando estaba casada y se rehízo automáticamente cuando mi marido dejó de serlo para solo ser el padre de mi hijo. No hay más. No necesito una pareja para sentirme feliz y realizada, lo que necesito es paz y estar a gusto conmigo misma.

Cuando las cosas están mal, dar vueltas es solo alargar la crónica de una muerte anunciada. A veces nos aferramos a lo malo conocido solo por miedo a empezar de cero. Pero, aunque nada es fácil en la vida, si el amor se ha acabado y solo soportas el día a día, lo mejor que podrás hacer es cerrar esa puerta y seguir adelante tu camino.

Por mi experiencia solo puedo decir una cosa: el divorcio me ha sentado bien, muy bien.


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