Miércoles, 15 Agosto, 2018

            

Acogimiento familiar: una segunda oportunidad para que los niños vuelvan a vivir

La familia granadina formada por Juan Antonio, María José y sus hijas lleva siete años acogiendo a menores con la intermediación y ayuda de la asociación ALDAIMA

Foto: Archivo
Sarai Bausán García | @Sarai_Bausan


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Observando las instantáneas que se sitúan frente a ella, María José no puede retener los recuerdos que danzan en su mente. Los ojos le brillan. El rostro se ilumina con una sonrisa llena de orgullo por todo lo conseguido. Y es que en esas fotografías se encuentra toda una vida repleta de “hijos” que han hecho de su casa su propio hogar y que gracias a la ayuda de ella, su marido y sus hijas, podrán tener de nuevo la esperanza de alcanzar una vida de calidad.

Hace años esta familia granadina se adentró en un mundo que no sabían que podría llegar a cambiar tantas vidas: el acogimiento familiar temporal. Gracias a la información, formación y colaboración de la asociación ALDAIMA, tanto María José como Juan Antonio y sus hijas descubrieron que lo que realmente les hacía felices en la vida era compartir lo que habían conseguido tras una vida de luchas y esfuerzo con aquellos niños que, por haber nacido en una familia “desestructurada”, no podían tener una vida plena.

Las personas que realizan los servicios de acogida familiar temporal de emergencia como Juan Antonio y María José deben estar disponibles las 24 horas del día y los 365 días del año para acoger en cualquier momento y por un periodo de tiempo indeterminado a cualquier tipo de niño, sin importar su edad, situación personal o de salud.

Pero no es el único sistema de acogida con el que cuenta ALDAIMA, pues los voluntarios pueden realizar el acogimiento permanente -en la que se busca un hogar estable para el menor -, el acogimiento familiar simple -de carácter transitorio, en el que la duración máxima de la acogida es de dos años-, el acogimiento profesionalizado -previsto para niños con necesidades especiales ocasionadas por una enfermedad grave o problemas de conducta- y el acogimiento en familia extensa- cuando un familiar que no son los padres biológicos se hacen cargo de los niños-.

“SON UNA PARTE MÁS DE LA FAMILIA”

Seis son los niños que han pasado por el hogar de esta familia y, según ellos mismos afirman tajantes, muchos más son los que aún están por llegar. Y es que, a pesar del sentimiento de tristeza que aparece cuando se deben despedir de los que se convierten en “sus hijos” por una temporada, la satisfacción que les produce ver el cambio que provocan en la vida de estos niños les hace pensar que “siempre valdrá la pena continuar haciéndolo”.

“Algunos niños han venido muy, muy delgados y empequeñecidos, y el ver cómo se van de aquí, cómo cambia no solo su aspecto, sino también su personalidad es lo que te da la vida”, muestra María José.

Uno de los mayores cambios que se produce en estos pequeños no se centra en su aspecto físico, sino en su interior. Según explica Juan Antonio, al principio todos se muestran cohibidos, inseguros y temerosos por haber pasado por una mala situación y encontrarse en un lugar que no les es conocido y con personas que le son ajenas. “Cuando le das cariño, alimentación y seguridad, cogen confianza y empiezan a verte no como sus padres sino como unas personas que luchan por ellos”, destaca el granadino.

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Juan Antonio, María José y sus hijas han acogido ya a seis niños | Foto: Sarai Bausán García

Porque una y otra vez dejan claro que ellos no quieren convertirse en sus “padres” y que eso provoque en los niños una confusión con respecto a sus figuras paternas, pero, a pesar de ellos, todos los menores acaban llamándolos “papá Juan” y “mamá María José”.

Muchas son las historias que se esconden detrás de esos seis niños que han pasado por sus casas y que nunca abandonarán su mente. Muchos proceden de hogares desestructurados, tienen padres con problemas de adicciones, que están en la cárcel o que no se hacen cargo de ellos. Pero, tanto para María José y Juan Antonio como para el resto de familiares que se comprometen con este tipo de iniciativas, lo fundamental es no pensar de dónde vienen, sino que se vayan de sus hogares sabiendo que, a pesar de haber tenido que vivir una realidad difícil, siempre van a tener una familia que les ha querido y les quiere.

“Nuestra mayor preocupación es que no vean como algo malo el decir que han tenido que vivir con varias familias, sino que se sientan contentos de que tanta gente los haya querido”, afirma Juan Antonio sobre este asunto.

PROCEDIMIENTOS PARA ACOGER

Este tipo de actos no solo implica una gran involucración personal por parte de las familias, sino también cumplir una serie de requisitos que se reclaman desde la asociación ALDAIMA en los que se demuestra que las personas de acogida son aptas para tratar con el niño.

Así, cada una de las tipologías de acogida muestra unas necesidades especiales, pero lo principal para los representantes de la organización es conocer la personalidad y estatus de las familias para ver, de igual modo, qué forma de acogida es la mejor para ellos y en qué medida pueden ayudar.

“Al principio es verdad que fue muy complicado porque desde la asociación te piden muchos papeleos, tuvimos que pasar varios test, pero esto nos ayuda también a que sepamos bien qué hacer y cómo hacerlo mejor por los niños”, afirma María José al respecto.

Sobre este asunto, desde ALDAIMA señalan: “Las familias que deseen realizar estas acogidas tienen que pasar por una serie de pasos para que nosotros estemos seguros de que son adecuados para esto y que los niños van a estar en un buen lugar. Es algo muy serio y por eso necesitamos conocer las personas que van a realizarlo”.

“DEBEN SABER QUE SIEMPRE HAN TENIDO A ALGUIEN QUE LES HA QUERIDO”

Cada vez que habla de alguno de “sus” niños, la cara se le ilumina. Sin darse cuenta, como si de un mero acto reflejo se tratara, acaricia la cara de cada uno de ellos en las fotografías que cuelgan por toda la estancia. “Nosotros queremos que ellos sepan que siempre han sido queridos. Siempre les decimos que vamos a estar aquí siempre, que siempre tendrán en nosotros una persona dispuesta a ayudarle porque le quiere de verdad”, muestra absorta en sus recuerdas María José.

Juan Antonio y María José no sabrán cuándo les llamarán, qué niños vendrán ni para cuánto tiempo. Lo único que saben es lo que se repiten día a día: esos niños necesitan su ayuda y ellos estarán ahí para hacerles sentir protegidos y queridos.

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  1. Esa es mi familia… conozco su compromiso y es admirable…. tanto el acogimiento de esos niños, como el cariño que le han dado, así como la pena tan grande que pasan cuando esos niños entran en acogida…. ko tengo palabras para describir, no su compromiso, sino la labor tan grande que hacen, pues ellos son la primera línea de choque para solventar casos tan graves como los que hay