Ramón y Curro, de desconocidos a amigos para traer hasta Granada a refugiados de Ucrania

Apenas se conocen todavía, pero van a hacer juntos 6.200 kilómetros en coche atravesando todas las fronteras: las de Europa y las ideológicas

Ramón Mas y Curro Ledesma Viaje a Polonia desde Granada refugiados
Ramón Mas y Curro Ledesma saldrán el lunes desde Granada hasta Cracovia | Foto: GD
Miguel López Rivera
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La vida guarda sorpresas inesperadas que pueden llegar a replantear el sentido de la existencia de un ser humano. Están a la vuelta de la esquina, mucho más cerca de lo que parece. En la puerta de un pub, en el Metro o saliendo a tirar la basura. En ocasiones, es cuestión de tener una buena dosis de suerte y esperar a que se alineen los astros, y el tiempo, para que se produzca la conexión y pase. A veces, en las circunstancias más insospechadas.

Todo esto que suena a retahíla trillada de tópicos es exactamente lo que le sucedió a Ramón Mas, un granadino ya jubilado al que la providencia le estaba esperando en el Seminario Mayor de San Cecilio, justo enfrente del Monasterio de Cartuja. Fue allí donde había acordado dejar una maleta con ropa y comida no perecedera que, posteriormente, sería enviada como ayuda humanitaria a Ucrania.

"Yo estaba empeñado en traerme gente para Granada desde que leí en GranadaDigital que el Arzobispado había organizado una caravana de vehículos privados", contextualiza el protagonista de la historia. Su gozo en un pozo. No encontraba a nadie que le acompañara y a su edad no se sentía capaz de conducir tantas horas seguidas pese a tener "muchos tiros dados ya". La otra opción era gestionar una expedición de gran capacidad: "Cuando recibí el email convocándome para ir a ayudar y preparar todos los alimentos, me dijeron que lo que más buscaban en ese momento era gente con carnet de autobús".

"Curro me contó que se le habían caído dos personas e inmediatamente me puse a saltar como un niño chico"

Ramón puso a disposición su vehículo y todas las ganas del mundo, pero seguía sin encontrar un compañero de viaje. Así que resignado, y también "un poco desilusionado", se acercó hasta el seminario para entregar la ayuda humanitaria que tenía. Y entonces pasó.

"Vi a un señor llenando de cajas un coche de Grupo Cuerva. Yo todo lo contrario, quería descargar. Entonces le pregunté si es que iba a Polonia a recoger refugiados", relata aún conteniendo la emoción. No en vano, interrumpe ocasionalmente la conversación al otro lado del teléfono con la voz quebrada. Aquel hombre contestó que sí, que se iba a Polonia. "¿Con quién?", le volvió a interpelar Ramón. "Solo", sentenció. "Pues ya no te vas solo porque me voy contigo".

La frase retumbó en sus cabezas como una voz anunciadora en mitad del Monte Sinaí. Sin apenas mediar palabra se fundieron en un abrazo y rompieron a llorar. No hacía falta mucho más. Se acaban de conocer, habían intercambiado unas pocas palabras y ya sabían que la solidaridad y la entrega al prójimo acaba de forjar una amistad para siempre. "Me contó que se le habían caído dos personas y yo salté como un niño chico. Ambos vimos la oportunidad y ya he reservado hotel en Polonia. Salimos el lunes a las seis de la mañana", apostilla este granadino de 67 años lleno de vitalidad.

Un compañero de viaje muy 'popular'

Pese a que resulta difícil imaginar qué más ingredientes conmovedores y emocionantes puede tener esta historia, aún queda un detalle imprescindible para que adquiera todo su sentido. Porque el hombre al que Ramón acababa de conocer se llamaba Francisco, aunque todo el mundo lo conoce por Curro. Y cuando se dice todo el mundo no es una manera de hablar. Es todo el mundo. O al menos, muchos muchos granadinos. Porque ese Curro no era ni más ni menos que Ledesma. O sea, el que fuera concejal de Hacienda durante el mandato de José Torres Hurtado. O sea, del PP y, como tal, de derechas.

"Yo es que soy sindicalista, tío", atina a espetar con una media risa y voz de "¿quién me mandaría a mí?". "He sido secretario de la Federación de Comercio de UGT Granada muchos años y trabajé en Cortefiel implantando las tiendas de la firma Springfield por Europa. Por eso conozco tanto el terreno. Hablo inglés, francés, alemán y español", desarrolla acto seguido.

"He tenido muchas broncas negociando convenios, pero no puedes vivir con el cabreo eternamente"

"Claro, si es que yo fui concejal con el PP", le aclaró Curro a Ramón cuando este le dijo que le sonaba su cara. Cuánto daño están haciendo las mascarillas. Y es ahí donde radica la magia de toda esta historia. Porque la verdad es que más firmes convicciones izquierdistas que Ramón Mas no es fácil tener: "A mí lo único que me importa es que vamos, llevamos comida y nos traemos a una familia. Recuerdo las discusiones en la Federación Provincial de Comercio de Granada. Traíamos unas broncas tremendas negociando convenios hasta muy tarde, pero luego, al día siguiente, hablabas con ellos. Me cabreaba mucho con ellos, pero no puedes vivir con el cabreo eternamente".

Con Curro Ledesma sucede lo mismo. Pueden chocar seguro si hablan de política, "pero en lo importante estamos de acuerdo, queremos ayudar". Tanto que dice sentirse "muy ilusionado, con muchas ganas". "Este viaje me ha dado diez años de vida y una motivación extraordinaria. La vida te quita cosas pero te regala otras muchas mejores. Esperamos llegar el martes por la tarde-noche en Cracovia. Estamos en contacto con los jesuitas de allí y nos tienen preparada una familia para traerla. Vamos cargados de alimentos, ropa y bienes de primera necesidad. Ya hay preparada una vivienda social para que puedan vivir allí", abunda.

6.200 kilómetros entre ida y vuelta sin parar

El viaje que le espera no es moco de pavo. Lo harán en el monovolumen cedido por Grupo Cuerva en el que se iba a ir solo Curro. La idea es aprovechar que van dos conductores para hacer el viaje del tirón tanto en un sentido como en el otro, solo parando a comer o echar gasolina. Son 3.100 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. En total, 6.200. Las matemáticas, como el algodón, no engañan.

Será el martes en torno entre las cinco y las siete de la tarde, según sus estimaciones, cuando desembarquen en el hotel de Cracovia, la segunda ciudad polaca por habitantes tras la capital, Varsovia. De allí a la iglesia jesuita. Martes y miércoles ayudando a cargar y descargar y el jueves vuelta a casa con los tres refugiados. "No sé cuántos granadinos y españoles lo han hecho ya, pero todos tienen mi admiración", cuenta Ramón.

¿Y qué opinan su mujer y su hija de tan improvisada aventura? "Mira, es que mi hija vive en Suiza y mi mujer lleva conmigo 17 mudanzas, y en todas me ha apoyado", replica de forma axiomática. Tanto ajetreo se debe a su antiguo trabajo en Cortefiel, que lo llevó a vivir por media Europa: "Como sé idiomas y conozco el terreno, creo que tengo mucho que aportar. En Polonia he gestionado tiendas en Varsovia o Gdansk".

"Mi mujer lleva conmigo 17 mudanzas y en todas me ha apoyado"

Ramón está "felizmente casado desde hace 45 años". Y su esposa no solo le apoya, sino que le ha preparado "una neverita con sándwich, fruta, té y café". "Es un viaje muy largo, así que no puedes saciarte. Lo suyo es que la comida sea ligera", argumenta. De ahí que solo vayan a parar para repostar y comer, pero sin comprar.

Ramón asegura que su mente "trabaja, trabaja y trabaja" proyectando ese viaje. "Esta noche [por la del viernes al sábado] no he dormido. Piensas en que no se te olvide nada. La sensación que tengo es como si el Madrid hubiera ganado LaLiga", se arranca ante un culé en la mismísima víspera del Clásico. "¿Curro Ledesma también es del Madrid?", le inquiere el arriba firmante. "Es que como nos quedan tantos kilómetros por delante no he querido preguntarle sobre ningún aspecto de su vida. Si no, ¿de qué vamos a hablar?", se pregunta retóricamente con bis cómica, aunque en realidad vaya en serio. Se rinde: "No lo conozco, pero honestamente me ha parecido una excelente persona y un entregado".

Tantos otros en el recuerdo

Ramón ya tiene empacadas las maletas y está a punto de colgar el teléfono. Pero antes de que lo haga es obligatorio preguntarle si a sus 67 años y en pleno siglo XXI se esperaba que Europa volviera a ser escenario de un nuevo conflicto bélico. "Lo de la invasión es increíble. No me lo puedo creer cuando veo tanta gente que está sufriendo", resume.

Pero en su cabeza hay algo más. Y esta vez ha sido su hija quien se lo ha hecho ver. "Por un lado, estoy bastante triste, pero por otro me arrepiento ahora de no acordarme que en Siria y los países árabes está sucediendo lo mismo. Fue mi hija la que me lo recordó. Como no nos llega directamente, no somos capaces de valorar lo que está pasando allí y ser igual de solidarios. Al principio, pensaba únicamente en que nos había salido otro fascista dominante y fue mi hija la que me hizo recapacitar y decirme: "Papá, ¿y la gente en Siria, en Irak y en las pateras qué?".

Tiranos, por suerte o por desgracia, siempre habrá. De un signo u otro. Pero también gente buena capaz de encontrar vida entre la desgracia, amor entre la tristeza y fraternidad en la discrepancia. Como Ramón y Curro. Como Curro y Ramón.