Playa con niños Vs playa sin niños

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Imagen ilustrativa
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Aún recuerdo cuando podía ir a la playa con un sencillo y ligero bolsito que contenía apenas una toalla, en lugar de ir cargada con siete bolsas cuan tenderete ambulante…

Y lo recuerdo porque hace unas pocas semanas pude poner el pie en la playa sin niño por primera vez después de bastantes años.

Y he de reconocer que fue toda una experiencia. Porque entre ir a la playa con tus hijos o ir con tus amigas hay unas leves diferencias.

En primer lugar está la preparación previa… que varía sustancialmente.

Cuando vas sola, solita, solo tienes que preocuparte de revisar si estás bien depilada, ponerte el bikini y meter la toalla en tu bolso. Cuando llevas a los peques… tu última preocupación es tener más pelos en tus piernas que el mismísimo Yeti. Tienes que preparar mil cosas: las mudas, la merienda, los juguetes de playa, sombrillas…

Y haces tu entrada triunfal en la arena. Cuan porteadora profesional cargas bolsos, sillas, sombrillas, cubitos y palas. Sueltas todo y empiezas la preparación, embadurnas a los peques en crema solar como si no hubiera un mañana, inflas manguitos, colocas sombrilla… puede que no en este orden, pero el orden de los factores no altera el producto: comienza la vigilancia y esa ardua tarea de intentar comunicarte con tus hijos sin parecerte a Omaíta… imposible no acabar en plan ‘Josuaaaaaaa’.

“¡Niño, no le tires arena a la pareja de al lado!”

“Niñoooo, no te metas pa’ lo hondo”

“O te comes la merienda o no te bañas más”

Y así la retahíla materna que nunca cesa.

Sin enanitos solo extiendes tu toalla y ¡a disfrutar! Baños, mojitos, conversaciones sin cortes…

Puro relax.

Pero la realidad es que, aunque vayas sola ya no te relajas. No puedes evitar mirar a las familias con sus hijos y pensar que en ese momento estarías haciendo castillos de arena con el tuyo. No puedes evitar ver a un pequeñajo metiéndose solo en el agua y estar pendiente por si le pasa algo… Y tampoco puedes evitar ver a las madres regañando a sus pipiolos y decir por dentro ¡chincha rabiña!

La verdad es que todo en la vida tiene sus pros y sus contras.

Ir de vacaciones con hijos es agotador, pero también muy divertido; y por mucho que te apetezca pasar unos días “child free”, cuando ya los tienes nada vuelve a ser como antes. Los echas de menos, con ellos todo es mejor.