Las personas amables experimenta mayores niveles de bienestar y satisfacción vital

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Al ser amables creamos un espacio donde las personas pueden sentirse apreciadas y escuchadas | Foto: Remitida
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La amabilidad tiene efectos beneficiosos no solo para quien la recibe sino para quien la pone en práctica. Ser agradable es bueno para la salud. Las personas agradables y amables son un tesoro a conservar.

Un cumplido, una sonrisa o una charla casual podrían funcionar como lubricante social y, al mismo tiempo, mantener al ralentí el motor de la felicidad. Es una amabilidad casual, sin costes. Simples gestos cotidianos como tener una charla amistosa con el o la vecino/a, ser amable con un/a dependiente en una tienda o preguntarle a un/a compañero/a de trabajo cómo le va.

En cada una de nuestras interacciones, ya sea con conocidos, desconocidos o familiares, podemos elegir entre ser amables, neutrales o no amables. Cuando somos amables, tendemos a sentirnos mejor, a estar de mejor humor. A mucha gente a pesar de decirle que haga gestos amables, los hace de forma involuntaria, demostrando que se convierten en actos cotidianos. Fingir ser amable hasta conseguir serlo funciona la mayoría de las veces.

Ser agradable puede ser bueno, pero pasarse de falsa amabilidad es terrible. La amabilidad fingida que ejercemos contra una persona hacia la que sentimos aversión, puede perjudicar nuestra propia salud.

Un estudio analizó el estado de ánimo de teleoperadores que tienen que ser amables todo el día, incluso con clientes que no lo son con ellos. La mayoría afirmaba acabar la jornada agotada por el esfuerzo emocional.

En el inicio de la pandemia, parte de nuestra actividad social pasó del mundo físico al virtual, pero en cuestiones de amabilidad, no hay grandes diferencias entre ambos. Por eso, es especialmente importante ser amable en internet. Ahora, cuando la polarización social es un problema creciente en muchos países, alimentada por las redes, es fundamental educar a las personas sobre cómo expresar sus opiniones, puntos de vista, críticas o desacuerdos de una forma agradable y respetuosa. De lo contrario, nos vamos a enfrentar a un mayor crecimiento de la polarización y el discurso de odio.

La mayor parte de la investigación sobre la amabilidad se ha centrado en la oxitocina, una hormona que interviene en la formación de vínculos sociales y en la confianza en otras personas. Esta hormona explicaría por qué ser amables nos hace sentir mejor, aunque en algunos casos también intervendría la liberación de dopamina, un mensajero químico que puede desencadenar una sensación de euforia. Esta se conoce con el explícito nombre de subidón del que ayuda. Los estudios demuestran que al ser voluntario se activa la parte del cerebro que normalmente se estimula por placeres como la comida y el sexo. Ser buena persona, a veces, es una cuestión de egoísmo.

Las personas más amables tienden a experimentar mayores niveles de bienestar y satisfacción vital. Además, dos tercios de las personas que participaron en un estudio, piensan que la pandemia ha hecho a la gente más amable; casi el 60% de los participantes afirmaron haber recibido un acto de amabilidad en las 24 horas anteriores, y las mujeres son más propensas a percibir y ejecutar actos de amabilidad.

Puede que las mujeres tiendan a percibirla y demostrarla con mayor facilidad por haber sido considerada, tradicionalmente, una actividad femenina. Pero esta norma social tiene su lado oscuro: Una mujer educada para ser siempre amable y sonriente puede estar ocultando su enfado y frustración. Y esto puede hacer que no atienda a sus necesidades cuando entran en conflicto con las de los demás. No se tiene por qué renunciar a las opiniones o a la asertividad, podemos practicar la habilidad de hacerlo amablemente.

El factor que mejor predice lo amable que somos con los demás (y lo amables que son con nosotros/as) no es el sexo, sino la personalidad. Las personas más extrovertidas, abiertas y simpáticas declararon dar y recibir más amabilidad. El mayor obstáculo que se señala a la hora de ser amables es la vergüenza o el temor a que sus actos sean malinterpretados. Ser una persona extrovertida puede ayudarnos a ser más amable y eso, a la larga, a ser más feliz.

Es bueno sonreír y ser amable. Según un estudio de 2019 de la Goldsmiths University of London, el 98% de los ciudadanos se considera a sí mismo más amable que la media nacional.

La amabilidad es la elegancia del alma, aunque haya gente que la confunda con debilidad. Decir gracias no significa ser generoso, pero una persona actúa como si lo fuera. Al decir disculpe, actúa como alguien considerado. Una de las principales claves para generar un buen ambiente de trabajo en las organizaciones es la amabilidad entre compañeros.

Ser amable reduce la depresión, la ansiedad, el estrés y rejuvenece. Y es que, si una persona es amable de forma regular el riesgo de depresión disminuye porque la serotonina actúa en la amígdala reduciendo la depresión, la ansiedad y el estrés. Y entrena al cerebro para que sea más resiliente. También, la amabilidad decía que es cardioprotectora, porque dilata las arterias y reduce la presión sanguínea. Y es que ser amable ofrece ventajas para la salud, dado que nos brinda una sensación de plenitud y gratificación que refuerza nuestra confianza en nosotros mismos.

Al ser amables, no solo generamos un ambiente positivo a nuestro alrededor, sino que también creamos un espacio donde las personas pueden sentirse apreciadas y escuchadas. Incluso debemos aprender que los pensamientos amables producen sustancias beneficiosas en el cerebro. El cerebro es como un músculo, responde a lo que pensamos de forma repetitiva. La amabilidad genera amabilidad.