¡Buenos días por la mañana!

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Cuando saludas genuinamente a otro, no solo le ofreces un momento de afecto a esa persona, también te lo regalas a ti | Foto: Remitida
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Cuando caminas, ¿vas con la mirada levantada en dirección de los demás o los esquivas? ¿Tomas la iniciativa de saludar o esperas a que lo haga el otro? ¿Esbozas una sonrisa genuina o mascullas un saludo de compromiso?

En Sudáfrica, los zulúes se saludan con la palabra «Sawubona», que significa «te veo». Te veo en tu totalidad, veo tus experiencias, tus pasiones, tu dolor, tus fortalezas y debilidades, y veo tu futuro. En agradecimiento, quien recibe el saludo responde con la palabra «Shiboka», que significa «existo para ti».

El saludo zulú es una maravillosa forma de reconocer el valor del otro. No es mero compromiso; es un acto de respeto, amabilidad y amor. Un acto de atención y de presencia.

La manera en que saludamos dice mucho de nosotros. Cuando tomamos la iniciativa estamos comunicándole al otro que somos accesibles, que las personas nos importan y tenemos tiempo para ellas.

Un saludo genuino puede durar milisegundos o 5 minutos, pero así sea un micromomento o una conversación más larga, la magia ha sucedido: se ha generado una conexión, dos personas comparten algo único, están más cerca, se sienten estimadas.

Dice la psicóloga Barbara Fredrickson que cualquier momento de conexión con otra persona, aunque sea un micromomento, produce el mismo placer que se siente al experimentar amor. El amor no es solo para las relaciones románticas, según Fredrickson, sino que abarca cualquier experiencia positiva que promueva una conexión emocional.

Cuando saludas genuinamente a otro, no solo le ofreces un momento de afecto a esa persona, también te lo regalas a ti. Pruébalo hoy. Hazte tiempo para saludar sin esperar a cambio otro saludo. Hazlo solo por generosidad, por amor. En el acto de dar vas a recibir.

Sawubona.