‘Lost in traslation’

Veneçuela.- Loposició anuncia que no reconeix els resultats en les regionals i demana activitats de carrer
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Como era de esperar, nada más conocerse el escrutinio de este pasado domingo, en las cancillerías de los partidos, en los periódicos locales se ha hecho la habitual traslación de resultados de cara a arrojar luz en torno a las urnas de mayo, las que decidirán alcaldes para los próximos cuatro años.

En Granada se ha producido un hecho inédito que nos remonta a 32 años atrás, a las elecciones municipales de mayo de 1987, cuando por última vez el PSOE se impuso como lista más votada en la capital de la provincia. Aquella noche, el resultado fue recibido con gran estupor en la sede socialista y empezó a marcar el declive de la estrella política de Antonio Jara, alcalde. Aunque ganó, el retroceso fue sensible, de 18 a 12 concejales, con la consiguiente pérdida de la mayoría absoluta. En tiempos anteriores a la ‘pinza’ que dominó la política andaluza entre 1994 y 1996, aquel gobierno socialista local en minoría bien pronto probó el sabor de aquella ‘tenaza’ y los hitos de una oposición por la derecha, por el centro y por la izquierda, todos a una y actuando al unísono, daría para varias columnas tan recónditas como esta que lee usted este viernes si tiene la amabilidad de llegar hasta aquí.

No es ese el objeto del comentario. Es, más bien, resaltar lo que va de ayer a hoy. Treinta y dos años atrás, aquella victoria relativa (doce concejales) tuvo el sabor del… ¿fracaso? Dejémoslo en revés. Esta de este domingo pasado tiene el sabor de la… ¿remontada? La traslación de resultados del 28-A, generales, al 26-M, municipales, solo apunta a siete concejales. Es decir, uno menos de los que actualmente cuenta el PSOE en el Ayuntamiento de Granada. Y pese a todo, ese escrutinio extrapolado ha sido recibido con alborozo relativo.

Haber detentado la alcaldía durante tres años y recibir un reparto en concejales inferior a 2015 no deja de ser objeto de análisis. Este PSOE, que gana ahora en Granada capital después de unos inesperados 32 años que nadie aquella lejana noche de 1987 hubiera imaginado tan larga, a día de hoy tiene dificultoso mantener la alcaldía si el pronóstico extrapolado se confirma: siete concejales el PP por cinco de Cs y el resto a repartir entre Vox y Podemos. Cs se ha parado pero el PP, en un retroceso espectacular, más espectacular si la comparación se hace no ya con 2015 sino con 2011, es una reedición de las paradojas que te da la política, la política te da paradojas, pues podría volver a ocupar la planta noble de la Plaza del Carmen si se traslada automáticamente a los ayuntamientos el acuerdo que ya ondea desde diciembre en la Junta de Andalucía, ahí con la abstención pasiva de Vox.

Ese pacto ‘yo te doy, tú me das’ significa -si damos por buenos los resultados de este domingo pasado- el acceso de Ciudadanos a una alcaldía tan importante como la de Málaga. Allí, si en diciembre Cs superó en casi dos mil votos al PP, la ventaja ahora es de diez mil. Hablamos de la segunda capital de Andalucía y la séptima de España. A cambio, por esta zona oriental de Andalucía el PP se quedaría con Granada, Jaén y Almería. Ese PP que en Cádiz y Huelva gobernaba en 2011 con mayoría absoluta es ahora en tierras del Carnaval y del Fandango la cuarta fuerza política. Pero volvamos a Granada, donde el repunte de la participación -con respecto a las autonómicas del 2 de diciembre- elevó en dos mil votos la colecta del PP por solo mil en Ciudadanos, la alcaldía para los populares podría formar parte de una transacción mayor, con significativas alcaldías en el Área Metropolitana. Ahí, la formación naranja está ahora por encima de los populares.

¿Esperanzas para el PSOE? Dos. La primera, que este proceso de remontada continúe al alza el 26 de mayo al tiempo que se prolonga el retroceso popular a costa del ascenso de Vox. A ello podría contribuir la presentación de una candidatura paralela al PP en el sector del electorado que vota a la derecha. Es una incógnita lo que pueda cosechar esta candidatura, pero sea poco o mucho restará algo al PP. Como esa segunda lista que pugnó por representar a Vox y acude a la cita electoral sin la marca nacional del partido de la ultraderecha. O como las alternativas que han surgido en el ámbito de Podemos, que juegan a la confusión. En estos tres casos es difícil pronosticar cuánto restarán a sus respectivas formaciones paralelas. Será poco -pienso yo-, pero alguno de estos tres partidos, a las once de la noche del domingo 26 de mayo con bastante probabilidad lamentarán que ese medio centenar o millar de votos que colectó la candidatura paralela les ha restado un concejal.

Y, en cualquier caso, las elecciones municipales tienen un componente que las hace distintas a generales o autonómicas. Se trata de una convocatoria más cercana entre candidatos y votantes que propicia un mayor grado de conocimiento de las personas que aspiran a la elección. Así, no es infrecuente que partidos que en determinado momento están en recesión electoral mantienen sin embargo el tipo gracias a la personalidad de un alcalde respetado en su ciudad por la gestión desarrollada. Ese grado de mayor conocimiento de los candidatos tiene su lado bueno pero también su lado malo. Se habla de ‘odios africanos’ entre algunos de los llamados a entenderse a partir del cierre de las urnas. No será para tanto: la cuestión, como en el caso de la Junta el pasado 2-D, se decidirá en Madrid. Los de aquí tendrán poco que decir en los acuerdos poselectorales. Muchas variables, por tanto, que dificultan la traslación de resultados del 28-A al 26-M. Perdios en la traducción, ‘lost in traslation’.



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