La arrogancia de las personas que se lo saben todo en tiempos de pandemia

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Ciudadanos con mascarillas en la nueva normalidad | Foto: Javier Gea
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Virginio Gallardo apuntaba el otro día en LinkedIn: No confundas… Tu puesto jerárquico con tu Liderazgo. Competencia con Arrogancia. Presencialismo con Eficiencia. Grupo sin conflicto con Equipo. Lo que dicen con Lo que piensan. Inseguridad con escucha. No reconocer con Exigencia. Silencio con Aprobación. Debilidad con Bondad. Y eso me ha hecho meterme en hablar de la arrogancia. ¡Cuanta arrogancia hay en alguna gente en estos tiempos de pandemia! ¡Cuanta gente hay en tiempos de pandemia que dice que se lo sabe todo! ¡Cuanta gente ignora lo mucho que alguna gente aporta!

La verdad es que algunas personas sufren la enfermedad de sentirse mejores que nadie, que se lo saben todo, que no valoran las cosas de las otras personas. La arrogancia ESCONDE una falta de confianza. Y la verdad es que lo importante es confiar en la gente. La confianza es un modo de responder, una actitud que nos permitirá llegar hasta un futuro más íntegro. Junto con ello, nos encontramos con la arrogancia que es una característica que presentan algunas personas y que se manifiesta a través de la presentación de características como la altanería, la soberbia y un sentimiento de superioridad que hace que el individuo que la posee se sienta muy superior a los demás. La arrogancia atrae el odio y la envidia. La arrogancia es la suma del ego más la ignorancia.

Las personas arrogantes destruyen sus oportunidades por diversas razones cómo:

1. Cuando una persona es arrogante, tiende a encerrarse en si mismo y deja de seguir creciendo.

2. Cuando una persona es arrogante, piensa que las personas pueden aportar muy poco. Esto le impide establecer conexiones que puedes necesitar más adelante en la vida.

3. Cuando una persona es arrogante, tiende a hablar más que a escuchar. Recordemos que se nos dio una boca y dos oídos por una razón; y es evidente que podemos aprender mucho de la escucha.

4. Cuando una persona es arrogante, uno cree que siempre tiene la razón. Esto conduce a falsas suposiciones, y nos hace más propenso a cometer errores.

5. Nadie quiere estar cerca de un ser engreído o soberbio a menos que pretendan algo de uno. Llegará el día en que uno se da cuenta que está solo y las únicas interacciones sociales que puede conservar son las utilitaristas, únicamente se quedarán alrededor de uno aquellos que quieran utilizar a uno.

6. Cuando una persona es arrogante, demuestra que no está dispuesto a trabajar en equipo, y esto aniquila otras oportunidades de trabajo y de progresión laboral.

7. La arrogancia a menudo esconde una falta de conocimiento y muchas inseguridades. La arrogancia puede llevar a acciones poco éticas. Las personas arrogantes piensan que son infalibles, y toman un callejón sin salida.

Esto significa que el día en que una persona arrogante falla, hará lo necesario para encubrir ese fracaso. Y es que la gente orgullosa tiene confianza en sí misma, mientras que la arrogancia es fruto de la inseguridad.

La gente arrogante busca ocultar su falta de conocimientos e inseguridades. En el fondo saben que no tienen la capacidad para cumplir con sus objetivos. Son personas con muchas dudas y temen ser avergonzados en público. Las personas arrogantes no tienen control sobre sus emociones. Buscan dar una buena impresión y, junto a ello, se olvidan de ser una mejor persona. Las personas arrogantes necesitan demostrar que son mejores. Por ello, no les importará pasar por encima de quien los rodee.

La arrogancia nace del desconocimiento. Son personas infelices y con poca capacidad de respetar a quien los rodea. Una persona arrogante hará todo para convencerte de que tu crítica está infundada. Puede comenzar hablando de sus cualidades y terminar agrediendo a quien lo criticó.

Recordemos que la confianza es tranquila y las inseguridades son ruidosas. La modestia y la humildad son mucho más útiles. Aunque es comprensible que a la gente le guste presumir y hablar de sí misma, llega un punto en el que se vuelve molesto, irritante, cansino y, a veces, hasta ofensivo para los que tienen que aguantarlo.

Ante ello, es fundamental la humildad. La humildad es una forma de sabiduría. Es un modo de estar y de relacionarse que tiende a dejar espacio a los demás. Las personas que más me han impresionado son gente que combina visión, pasión, exigencia y humildad. No son pusilánimes. No practican el buenismo impostado. No caen en la autocomplacencia del halago fácil. La humildad está incrustada en sus brillantes trayectorias como algo que surge de un modo natural.

La humildad es la que permite continuar mejorando. Personalmente prefiero esas personas que mantienen la empatía. Hay que protegerse de la autocomplacencia y la arrogancia. Las personas humildes saben que lo importante es que la gente pueda crecer. La humildad no es compatible con la ostentación. La humildad es confianza y no es arrogancia.





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