Día Internacional del Portero: los mejores guardianes de la meta rojiblanca

La historia del Granada CF registra grandes figuras bajo palos que dejaron huella en el arco en el que en la actualidad brilla Raúl Fernández

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Rui Silva, Ñito, Izcoa, Roberto, Alberty y Floro son algunos de los grandes porteros de la historia rojiblanca | Foto: GD
Sandra Muñiz Fernandez
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Algo debe tener la portería del Granada CF que de él sale una nómina de guardametas que prevalecen en el transcurso del tiempo en el recuerdo del granadinismo. Tanto es así que, en sus recién cumplidos 92 años, han defendido la meta del club un buen número de cancerberos que llegaron al conjunto de la ciudad de la Alhambra con más o menos renombre, pero que se marcharon como auténticos héroes tras su periplo en Granada.

Gran parte de ellos no tuvieron unos inicios fáciles, simplemente supieron aguardar su momento para hacerse dueños de la portería nazarí y ya no soltarla. Entre esa estirpe de guardametas míticos aparecen nombres como los de Alberty, Floro Otero, Ñito, Izcoa, Roberto o Rui Silva, que con sus actuaciones, así como en ocasiones personalidades particulares, se hicieron un hueco para siempre en el corazón del granadinismo. Hoy es Raúl Fernández es quien tiene las llaves de ese arco con un aura especial, que firma una gran temporada desde que se hiciera con la titularidad desde la lesión de André Ferreira y, quién sabe, si al término de las siete jornadas que restan de campeonato doméstico se hará un hueco en esa lista de elegidos. Mientras tanto, por el Día Internacional del Portero merece la pena recordar las razones por las que cada uno de aquellos nombres siguen muy vivos en el imaginario del granadinismo.

De las paradas acrobáticas a las naranjas, un portero con personalidad arrolladora

Gyula Alberty Kiscelik, más conocido como Julio Alberty, fue uno de esos porteros carismáticos que unió a un talento innato bajo palos una personalidad muy particular, capaz de ser al mismo tiempo amado por los suyos y odiado por los rivales. Natural de Hungría, Alberty se caracterizaba por su valentía, agilidad y plasticidad en su desempeño. Un estilo muy personal e identificativo que destacó precisamente en un encuentro amistoso que su selección disputó frente a la Selección Española y que acabó con el combinado húngaro goleado por 'La Roja' (6-1), pero donde el guardameta se erigió como uno de los más destacados para que los suyos no encajaran una derrota aún más abultada. Aquella actuación le sirvió para situarlo en el radar del Real Madrid y fichar por la entidad de Chamartín convirtiéndose en el primer extranjero profesional de su historia. Allí, en el equipo blanco, acabó arrebatándole la titularidad a Zamora y, tras pasar por el Celta, iba a recalar en el Granada por recomendación de Paco Bru.

Si particular era por su forma de entender el espectáculo también lo fue por su 'costumbre' de comer naranjas entre jugada y jugada. Sí, entre estiradas acrobáticas espectaculares, Alberty también tenía tiempo de ejercer esa 'práctica' que le llevó a simpatizar con la afición. Se estrenó ante el Oviedo con la elástica del Granada en la mayor goleada del equipo desde que jugaba en Primera, y afirman las crónicas que destacadas fueron sus actuaciones en la victoria frente al Castellón y en San Mamés, al igual que en otros encuentros históricos como el del Real Madrid, el duelo en Riazor o el 6-0 infligido al Barça, donde tampoco fue muy exigido. Tras arrollar al conjunto culé, tocó ir a Vigo en el que, se dice, fue el comienzo del fin de un fatídico desenlace que terminaría con la vida del portero, según la versión más extendida por consumir marisco en mal estado. Desde entonces jugó algún encuentro más antes de desaparecer del once por un delicado estado de salud que acabó con su vida un mes después, pero no sin dejar huella en una afición conmocionada por este trágico final del guardameta al que se concedió un nicho a perpetuidad en el cementerio de la ciudad.

De Casafont a 'Floro', un cambio de 'cromos' ganador

Coincidió Alberty en la portería del Granada con otras manos que han pasado a la historia del arco nazarí: las de Florentino Buey Portillo, 'Floro'. El portero se ganó esta condición por convertirse en el guardameta menos goleado de la 1943/1944. Sin embargo, sus inicios en el conjunto rojiblanco tampoco fueron fáciles. Empezó por detrás de las preferencias del entrenador, que comenzó apostando por el jovencísimo Casafont de 20 años. No obstante, el arranque de este resultó nefasto, con 30 goles encajados en tan sólo diez jornadas, y el entrenador Esteban Platko cambió de parecer dando la alternativa al veterano 'Floro', una oportunidad que no desaprovechó. Esa decisión de rectificar en su apuesta bajo palos demostró ser ganadora, porque el meta asturiano encajó 16 tantos en las 16 jornadas que disputó convirtiéndose en el menos goleado de la categoría.

Otero, héroe del tercer ascenso

Juan Ignacio Otero, también conocido como 'Chucho' o 'Parrocho', llegó al Granada CF con galones. Sus inicios aparecen ligados al club que le vio crecer, el Deportivo de La Coruña, un conjunto que no abandonó pese a los numerosos cantos de sirena de otros clubes que recibió y al que fue fiel incluso cuando su equipo bajó a Segunda. Y es que pese al descenso, el meta fue de los más destacados de la Liga y obtuvo el premio Zamora, por eso cogió por sorpresa su decisión de continuar. Tras el Dépor, recaló en el Betis por cuatro temporadas en una trayectoria con sombras y luces, pues alternó suplencias con el brillo como titular, sobre todo, en la 60/61. Allí coincidió con Daucik, el entrenador con el que tuvo desencuentros que acabaron siendo el detonante de su salida con dirección a la ciudad de La Alhambra.

Portero imponente para los delanteros y un seguro de vida para sus compañeros en la zaga, la veteranía de Otero fue oro para un Granada CF que acabaría consumando su tercer ascenso. Al igual que en el conjunto de Sevilla, permaneció cuatro temporadas en el conjunto nazarí donde ni siquiera las entradas y salidas del equipo por lesión le impidieron triunfar. En esas campañas, su presencia en portería otorgaba ese halo de invencible a su equipo hasta el punto de que su reaparición en Copa para el cruce frente al Real Madrid invitó a creer en por qué no eliminar al campeón de Liga. Casualidad o no, Otero salía de la portería por lesión y automáticamente el Granada comenzaba a encajar más goles, mientras volvía a echar el cerrojo con cada regreso. Su influencia bajo palos se elevó a su máxima expresión con actuaciones claves en Los Cármenes y La Rosaleda para terminar logrando esa ansiada tercera promoción. Y también se recuerdan sus pérdidas de tiempo botando el balón para parar el reloj que situaba al Granada de nuevo en Primera.

'Ñito' e Izcoa, las manos del 'Matagigantes'

Dos de las más grandes figuras rojiblancas bajo palos coincidieron en el tiempo, las de Cipriano González Rivero 'Ñito' -o 'Cipri' entre sus compañeros- y Francisco Javier Izcoa. 'Ñito', que se mantuvo durante ocho temporadas en el conjunto nazarí, 'patentó' esa figura del guardameta moderno tan ágil con las manos como con los pies. El portero canario -ex de Tenerife y Valencia en el momento en que recaló en el Granada- se cruzó en su camino por hacerse dueño de la portería rojiblanca con el histórico Otero antes de que llegara Izcoa a disputarle la titularidad. Tras unos comienzos marcados por la inseguridad, firmó una segunda vuelta espectacular -con el premio de la llamada del combinado nacional-, aunque no pudo evitar el regreso del Granada a la categoría de plata del fútbol español. La temporada de su consagración llegó, sin embargo, la siguiente campaña en Segunda -la 1967/68-, donde fue el portero menos goleado de Primera y Segunda División. Para entonces, añadió a su repertorio el más difícil todavía, pues normalizó abandonar su área y salir regateando hasta el medio campo. Finalmente, una lesión a principios de 1972 favoreció la titularidad del recién llegado Izcoa con el que alternó portería los dos siguientes ejercicios.

Muy longeva fue también la trayectoria de Francisco Javier Izcoa en el Granada CF, donde se mantuvo desde 1971 hasta 1982. El guardameta vasco llegó con el listón muy alto, el que ya dejara Otero y recogiera 'Ñito', y lejos de defraudar, pasó a la historia comenzando con paso firme: nada más y nada menos que arrebatándole la titularidad a 'Ñito' en la segunda vuelta de la temporada de su aterrizaje en la ciudad granadina. El resto es historia, y es que tanto él como 'Ñito' formaron parte de la época más dorada que recuerda el granadinismo: el Granada del 'Matagigantes'. O, lo que es lo mismo, el de aquel equipo de nombres ilustres como De la Cruz, Barrenechea, Aguirre Suárez, Fernández, Falito, Jaén, Santos, Chirri, Fontenla, Manolín, Vicente, Lasa, Barrios y un Porta que sobresalió entre todos ellos al finalizar como pichichi del campeonato con 20 tantos. En él, Izcoa sale en la foto de triunfos históricos como los cosechados ante el Barcelona o el Real Madrid de un Granada que esa campaña terminó en una posición histórica, sexto en la máxima categoría del fútbol español.

Roberto Fernández: cinco temporadas y una tanda de penaltis en la retina

Roberto Fernández Alvarellos, también conocido como el 'Gato de Chantada' o 'El gato rosa' -así lo denominó cariñosamente la afición granadina-, no bajó de los catorce encuentros disputados en ninguna de sus cinco campañas en Los Cármenes. Sumó 135 partidos como rojiblanco en una etapa no exenta de altibajos, sobre todo, por los problemas de espalda que le lastraron en los últimos cursos. Formado en la cantera del Celta, y ex además del Granada de Osasuna y Sporting, fue precisamente ante el conjunto celeste donde dejó una de las tandas de penaltis para la historia. Fue en la 2010/2011, en el playoff de ascenso que cruzó al conjunto rojiblanco con el club vigués, en la que Roberto se convirtió en héroe. No sólo por detener una pena máxima, sino también por anotar otra, lo que permitió al equipo acceder a la final de la promoción de ascenso frente al Elche que, finalmente, acabó con el mejor desenlace posible: el Granada, de nuevo en Primera. Al término de esas cinco temporadas, antes de poner rumbo a Lugo, se despidió del granadinismo con una emotiva carta donde realzó ese histórico ascenso y se declaró desde ese momento como un seguidor más.

Rui Silva, el cerrojo del 'EuroGranada' y el parapenaltis por excelencia

El nombre de Rui Silva reúne un buen número de razones para ser el portero por antonomasia de los guardametas que han hecho historia en el Granada CF. Sin embargo, pese a ello, tampoco fue el del cancerbero portugués un camino de rosas desde sus inicios. Es más, gran parte de 'culpa' de que Rui llegara a ser el portero que fue para el conjunto rojiblanco se debe a la figura de Diego Martínez. El entrenador vigués depositó en él la confianza que no tuvo con Lucas Alcaraz ni con Tony Adams, que apostaron por Ochoa. A pesar de ello, no se vio una mala cara ni quejas públicas en el meta portugués, que terminó trabajando en la sombra a la espera de una oportunidad, también durante la temporada posterior al descenso, en la que Javi Varas fue el guardián habitual. Fue el técnico vigués quien se la brindó a su llegada, entregándole la titularidad, a la que respondió con el Zamora de Segunda, 18 porterías a cero y asegurando el regreso a la Primera División.

Ante la confianza, blindaje de la portería para el conjunto de un Diego Martínez que, como no podía ser de otra manera, mantuvo plena confianza en sus servicios. Indiscutible las dos siguientes temporadas, Rui Silva se coló de lleno en la historia del Granada al ser el portero del 'EuroGranada' o, lo que es lo mismo, de esa primera andadura del conjunto nazarí en la Europa League. En todo ese tiempo, Rui Silva se convirtió en un seguro de vida para los rojiblancos. Además de lograr dejar un buen número de porterías a cero en cada campaña, se hizo enorme desde los once metros para salvar a su equipo y convertirse en el auténtico 'parapenaltis' de la historia del club, por delante de ilustres como los propios 'Ñito' o Izcoa. Palabras mayores para un portero que rindió al máximo nivel incluso sabiendo que no prolongaría su contrato con la entidad nazarí en la temporada de su marcha al Betis. Se fue sin hacer ruido, como llegó, sin grandes alardes ni una despedida a la altura de su leyenda, pero sabedor de que la historia ya estaba hecha. ¿Será Raúl el siguiente en formar parte de esta lista?