Medio siglo del día que el Granada conquistó el Bernabéu

Un solitario gol de Lorenzo dio al conjunto rojiblanco su único triunfo ante el Real Madrid en su estadio el 20 de enero de 1974

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Lorenzo remata ante la oposición de Benito durante el partido | Foto: GD
Chema Ruiz España
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Sostienen las crónicas de la época que sucedió un día de invierno. Una magnífica jornada invernal, soleada y agradable, y Madrid resplandecía. Fue el 20 de enero de 1974 y se recuerda no solo porque fuera la primera vez, sino porque no ha vuelto a ocurrir. Fue la fecha en que el Granada conquistó el Santiago Bernabéu, el único triunfo del cuadro rojiblanco en el feudo merengue. Y fue, como rememora el autor del tanto que resolvió el encuentro, "histórico". "No esperábamos ganar y yo no esperaba meter el gol. Ni la directiva ni yo esperábamos hacer la hazaña de vencer por 0-1", precisa Lorenzo, el goleador que rubricó la epopeya. Cada visita posterior del conjunto nazarí a Chamartín se ha saldado con derrota de los de franjas horizontales, lo que eleva la magnitud de la gesta, que este sábado cumple 50 años. Medio siglo que ha difuminado algunos detalles, pero que no resta peso a la proeza.

La intrahistoria de la única victoria del Granada en el Santiago Bernabéu se cuenta en tres actos y varios escenarios. Porque nada de lo sucedido probablemente hubiera ocurrido sin el susto que sufrió el conjunto rojiblanco apenas cuatro días antes, en Copa del Rey, ni el triunfo habría trascendido de la manera en que lo hizo de no ser por la catastrófica secuencia de resultados cosechada posteriormente por el cuadro granadinista en el feudo blanco. Son pocos los granadinistas que pueden contar que vieron a su equipo ganar al Real Madrid en su estadio; la mayoría lo siguió frente al transistor. Apenas una cámara de fotos captó el gol de Lorenzo -golazo, a tenor de las crónicas del encuentro y los testimonios recogidos- y, encima, los lunes no había periódico. Circunstancias que, unidas a que se trataba del memorable matagigantes, envuelven a aquella victoria de un halo mágico.

Primer acto: el susto en Burgos

La efeméride tuvo lugar, como no podía ser de otra manera, en una tarde de domingo, pero comenzó a gestarse el 16 de enero. "El partido está en el contexto de una eliminatoria de Copa del Rey. El Granada había jugado el miércoles en Burgos, a las 21:00 horas. Iba con una ventaja sustancial porque había ganado en Los Cármenes 5-1", narra Ramón Ramos, historiador del club rojiblanco. Con el Madrid esperando a la vuelta de la esquina y un holgado marcador en el encuentro de ida, Joseíto, entrenador nazarí, afrontó la cita copera con varios suplentes. El primer tiempo finalizó con el empate inicial, pero tras el descanso todo se torció. "De pronto, en la segunda parte se puso a nevar. El conjunto local metió uno, dos y tres tantos. Los asustó bastante. Además, ya valía entonces el gol doble en campo contrario", añade. Finalmente, pasaron los rojiblancos, aunque el sobresalto caló.

Izcoa, guardameta histórico del Granada, era titular indiscutible. Tanto en Liga como en Copa. "Es curioso", reconoce el que fuera portero rojiblanco. "Si nos hubieran metido otro gol, nos eliminan. Eso era un miércoles, El domingo jugamos en el Bernabéu y ganamos 0-1. O sea, ¡que viva el fútbol!", celebra con entusiasmo al rescatar del baúl de su memoria los fragmentos de la historia. "Después de haber jugado el partido, al día siguiente, se fue a Madrid toda la expedición y ya esperaron al encuentro del Bernabéu", apunta Ramón Ramos, quien puntualiza que el envite ante el Burgos, que estaba en Segunda División, "no daba buenos augurios". "Veníamos tocados", apostilla Lorenzo.

El runrún, por tanto, acompañó al conjunto dirigido por Joseíto hasta el Santiago Bernabéu, donde no estaban tampoco para tirar cohetes. Miguel Muñoz acababa de ser destituido tras 14 años al frente del plantel merengue y el Real Madrid era séptimo, un punto por debajo del cuadro rojiblanco. El duelo frente al Granada era el estreno en el banquillo Luis Molowny, por lo que se preveía un cambio de dinámica alentado por aquel dogma no escrito que asegura la victoria a todo entrenador que debuta al frente de un equipo. Por si fuera poco, el Granada acudía sin Fernández, quien, como precisa Ramos, estaba sancionado. "Le habían expulsado tres partidos antes contra el Espanyol", aclara.

Saltaron al césped los rojiblancos con una alineación que, pese a la sensible ausencia de Fernández, su hinchada casi podía recitar de memoria. Izcoa defendió los palos, con Aguirre Suárez como libre y Castellanos como central marcador. Les acompañaron Toni, Falito y Montero Castillo, con Jaén, Chirri y Lorenzo más adelante. Arriba, Quiles y Escobar. Una formación férrea, a la que marcar un gol era tarea compleja, pero que delante tenía a Santillana, Amancio y Pirri, expertos en desvalijar hasta a las defensas más rocosas. Sonaron los onces por la megafonía del Bernabéu y, al mismo tiempo, en Los Cármenes a través de la radio. "En esa época era muy corriente que en Granada jugara el Recreativo a la misma hora que el primer equipo jugaba fuera. Iba menos gente, pero bastante en aquellos años. Jugaba el filial contra el Macael. Estaba la gente con los transistores", abunda Ramón Ramos.

Segundo acto: el gol

Comenzó el encuentro y un ejercicio de resistencia del conjunto rojiblanco. "Fue un partido muy serio. Nos dedicamos todos a lo que debíamos hacer", sostiene Falito, a lo que Lorenzo añade que hubo "dominio del Madrid todo el tiempo". "Eran grandes jugadores", argumenta. Aun así, Izcoa lo vivía tranquilo. "Recuerdo que no tuve mucho trabajo, la verdad", expone el exportero. En cualquier caso, el gol llegó muy pronto como un gancho a la frágil mandíbula del Real Madrid.

"Fue marcado por Lorenzo en el minuto 14 de la primera parte. Lo hizo en una jugada casi personal, porque recibió un balón muy cerca del poste izquierdo de la portería defendida por García Remón. Benito salió a su encuentro y le sorteó con un regate seco, disparando a continuación", relata la crónica del partido en La Hoja del Lunes del 21 de enero de 1974. Fue Montero Castillo quien le filtró el pase tras combinar con Chirri, aunque el goleador rojiblanco lo sintetiza mucho más. "Me encontré la pelota en el área pequeña, la empujé y gol", resuelve con sencillez. "No me lo creía", afirma, mientras la memoria proyecta en su retina de nuevo la secuencia del esférico acariciando las mallas. 

"¡Imagínate! -se vuelve a ilusionar Falito como si el balón hubiera entrado de nuevo- Era muy difícil marcar en el Bernabéu y nosotros lo conseguimos. Lorenzo lo consiguió. Era un oportunista, del estilo de Porta", sonríe al otro lado del teléfono el exrojiblanco. "Levantaría los brazos y pensé por dentro 'ay, la que se nos viene ahora'", detalla Izcoa, que lo vio desde el otro lado del campo y ya adivinaba el vendaval madridista. "Hubo dos balones que sacó Falito de la raya, casualidad, pero no fue un acoso constante", matiza seguidamente. "Siempre que había un córner o una jugada en la que nos desvinculaban a todos, si salía el portero, yo me ponía bajo los palos. Tuve la suerte de sacar muchos balones, no solo en ese partido", agrega el zaguero. Los periódicos, sin embargo, resaltan la actuación defensiva del conjunto nazarí, que salvó otro par de tantos sobre la línea gracias a Toni.

En Granada, el gol hizo temblar los cimientos de Los Cármenes. "Se perdió mucha atención en el Recreativo para seguir lo que pasaba en el partido del primer equipo. Siempre se estaba pendiente de cuando el Carrusel Deportivo conectaba con el Bernabéu. 'A ver si nos han empatado, a ver si nos han empatado', se decía en la grada. Aquella cuenta atrás del partido en el estadio resultaba interminable", incide Ramón Ramos. No se vivió con más tranquilizante en Chamartín. "Hubo aficionados granadinos que se marcharon media hora de concluir el partido por sentirse incapaces de aguantar aquel inquietante y a la vez prometedor 0-1. José Antonio Pineda, delegado de Relaciones Públicas del club, fue uno de los que se marcharon y quienes le vieron deambulando por los alrededores del estadio debieron creer que estaba cazando moscas, según los gestos que hacía", escribió el diario Ideal el día 22.

"Un suplicio -prosigue la reseña en el periódico granadino- que mereció la pena soportar a cambio del premio". Sonó el pitido final como cánticos celestiales para los oídos rojiblancos. "La verdad es que no me lo creía porque nosotros íbamos allí a puntuar, pero como todos los equipos del mundo, que vamos a puntuar pero no esperábamos ganar 0-1. Tuvimos la suerte", celebra Lorenzo, emocionado. "¡Habíamos ganado al Madrid!", exclama. "Fue una fiesta. Esto es para toda la vida", reseña Izcoa en la misma línea. "En aquellos tiempos, nosotros estábamos bastante bien. Teníamos un buen equipo. Habíamos ganado también en San Sebastián y en Coruña", añade, aunque no por ello dejó de sorprender. "Son partidos que salen así. El otro día, el Almería le dio un meneo al Girona. Y dices 'pero bueno, ¿cómo puede ser esto?'. Eso es el fútbol", alarga. "Era difícil marcarnos goles. Teníamos una buena defensa. Bueno, era el conjunto. Éramos un grupo muy equilibrado", resalta Falito. En el momento, sintió "un orgullo indecible". 

Tercer acto: celebración, primas dobles y posteridad

Las reacciones al triunfo fueron dispares, en función de la trinchera en la que se preguntara. En el bando madridista había cundido la frustración. "Ocurre que la mala y la buena suerte son factores importantes en la vida. Así, el Granada ha tirado a puerta y ha marcado un gol. Nosotros también hemos tirado y sus defensas han sacado los balones de debajo de los palos", se encogió tras el encuentro Molowny, como recogió La Hoja del Lunes. Con ironía, Amancio restó méritos al conjunto rojiblanco al ser cuestionado sobre la dificultad que entrañaba enfrentarse a él. "Pss, como todos. Ha sabido aprovechar la ocasión", declaró, según apareció en Ideal

En el vestuario granadinista poco importaban las opiniones blancas. "Estoy muy satisfecho. Es la primera vez que, como entrenador, gano al Real Madrid en su casa, aunque ya había empatado una vez entrenando al Valencia. Cuando se gana al Madrid hay que estar contento, porque, si en ese momento no le asalta a uno la alegría… ¿cuándo lo va a hacer?", expresó Joseíto a la misma puerta del vestidor rojiblanco. En el interior, había comenzado una fiesta. "Todo el mundo estaba muy contento, encantado", señala Lorenzo. "Pensábamos 'joder, es que esto es para toda la vida'", añade Izcoa.

Los resultados de las visitas del Granada al Bernabéu posteriores al 20 de enero de 1974

Los resultados de las visitas del Granada al Bernabéu posteriores al 20 de enero de 1974

Entonces, Candi, presidente del Granada, bajó a festejar con sus jugadores. "Entró allí en la caseta y, claro, no esperaba que hiciéramos lo que hicimos, así que ¡nos dio doble prima!", narra el goleador. "Sería Rafa Jaén quien se lo propondría. Le diría que los chicos se habían portado muy bien. Siempre estaba con esa broma", sugiere Izcoa, pero Falito aclara lo sucedido en realidad. "Le dije que nos diera prima doble. ¡Unos aplausos que me dieron! ¡Y lo conseguí! Se me ocurrió en aquel momento y Candi se comportó. Me parece que eran 20.000 pesetas por ganar fuera y conseguimos 40.000", se congratula. 

La celebración fue en el autobús hasta Granada. "Y luego, durante toda esa semana, hasta que tuvimos que jugar el siguiente partido. Los periodistas locales y todos lo celebramos, lo pasamos bastante bien. Aunque fuese increíble, fue cierto. Disfrutamos más de ello porque no nos lo esperábamos", ahonda Lorenzo. "Los amigos, familiares y tal nos pusieron en un ángulo muy alto", puntualiza Falito, mientras que a Izcoa le embarga la nostalgia. "Recuerdo que… Tengo una foto de un abrazo con Chirri, uno de los futbolistas que, por desgracia, ya ha muerto. Había venido del Zaragoza conmigo", indica.

El paso de los años fue lo que terminó de escribir la leyenda de aquella heroica expedición rojiblanca que clavó la bandera de las franjas horizontales en el Santiago Bernabéu. En aquella misma temporada, pero en Copa del Rey, los de Joseíto volvieron al feudo blanco para iniciar la retahíla de derrotas que hasta ahora se extiende sin remedio. Son trece visitas al estadio madridista desde aquel 20 de enero de 1974. El Granada regresó de vacío en todas ellas, a pesar de apelar con cada viaje al espíritu del matagigantes que tomó Chamartín. Cayó también al fondo de un pozo profundo del que no hace tanto que logró salir, con lo que aquella gesta, todavía irrepetible, quedó en poco menos que un cuento de hadas que sus protagonistas mantienen vivo con emoción. "Aquí estoy viendo ahora mismo en el salón de mi casa un cuadro -alarga Lorenzo la llamada cuando estaba a punto de finalizar-. Antes del partido, me hice una foto con mi ídolo. Aquí está -se intuye la mirada vidriosa al otro lado del teléfono-: Lorenzo y Amancio. Tengo otra foto en la que estamos Benito y yo, pero esta es la más importante para mí porque es con mi ídolo. Y después, le ganamos 0-1".

Lorenzo posa junto a Amancio antes de la disputa del partido | Foto: GD

Lorenzo posa junto a Amancio antes de la disputa del partido | Foto: GD







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