“Es difícil saber si hemos llegado al pico de esta serie sísmica”

Gerardo Alguacil e Ignacio Arto, expertos en geofísica y edificación, desentrañan en #DirectosEnRedGD las claves para entender la sucesión de terremotos que vive Granada

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Miguel López RiveraMiguel López Rivera
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El episodio vivido la noche del pasado martes, cuando tres terremotos de más de 4 grados de intensidad sacudieron con virulencia Granada y el Área Metropolitana, ha generado un creciente interés entre los ciudadanos por obtener respuestas. Qué, cómo, dónde, por qué y, sobre todo, cuándo volverá a temblar la tierra. Por desgracia, esta última cuestión aún es imposible de predecir. Todas las demás han sido desentrañadas este miércoles por dos expertos en la materia como el profesor titular del Departamento de Física Teórica y del Cosmos en la UGR, e investigador del Instituto Andaluz de Geofísica, Gerardo Alguacil; así como Ignacio Arto: ingeniero de Edificación y secretario del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Granada.

De la mano del subdirector de este medio, Juan Prieto -conductor habitual de este espacio-, y el firmante de esta información en calidad de coordinador de Redacción, ambos han subrayado la importancia de “tratar de mantener la calma” ante estas “series sísmicas” para minimizar el impacto. Y tanto Gerardo Alguacil como Ignacio Arto han puesto de relieve una circunstancia que muy pocos tuvieron en cuenta el martes: “Salir de la casa durante un terremoto es lo peor que se puede hacer”. El primero, además, ha arrojado luz a la pregunta que se hace la mayoría. ¿Ha pasado ya lo peor? “Es un poco prematuro y, en realidad, difícil de saber porque en ocasiones estas series no tienen un pico, sino una plataforma. Son terremotos esporádicos, espaciados de forma irregular y de magnitudes muy parecidas”, ha expuesto.

En este sentido, el secretario del Colegio de Arquitectos ha ido mucho más allá al asegurar que “el sitio en el que estamos más seguros durante un terremoto es en la casa”. “Desde luego mucho más que en la calle”, ha aclarado tras ser preguntado por Juan Prieto sobre la capacidad de los edificios para soportar grandes sacudidas. “Lo están. Y, de hecho, cuando hoy (por este miércoles) revisas daños no ves ninguno de consideración. Han respondido de forma perfecta”, ha añadido en un claro tono tranquilizador con el que también ha aseverado que “es cierto que los edificios vibran, pero en el cálculo que se hace durante su construcción eso ya está previsto”. “La normativa actual es del año 2002 y es bastante exigente. Cuando se construye un edificio en Granada y alguien viene de Madrid a verlo, se sorprende de cómo se construye aquí, de la potencia que se utiliza en la estructura”, ha apostillado.

Referente a este asunto, Gerardo Alguacil no ha querido dejar pasar por alto la importancia del tipo de suelo sobre el que se asientan las edificaciones. “En El Serrallo, que es donde yo vivo, se sienten mucho menos que por ejemplo en La Chana o el Camino de Ronda. La diferencia es que en estas dos zonas el suelo es más sedimentario, reciente y cuenta con una capa freática mucho más superficial. A la hora de construir es importante prever cimientos adecuados para cada tipo de suelo y en un terremoto, este factor determinará que genere más o alarma o menos”, ha desarrollado antes de atribuir a esta misma circunstancia el hecho de que las viviendas más antiguas resistan pese a no haberse levantado bajo normativas antisísmicas modernas.

Para eso mismo, Ignacio Arto sostiene una teoría complementaria: “La normativa actual no es la única. Desde los años 50 todos los edificios vienen construidos desde una reglamentación sísmica que hace que sean resistentes. Y en los más antiguos te encuentras con estructuras en las que te das cuenta que los constructores sí tenían en su cabeza cómo había que hacer las cosas. Aunque no había una normativa, sí había un procedimiento. Eso no quiere decir que todos los edificios cumplan con la ‘ley’ actual, que data de 2002, pero sí son resistentes a terremotos como los de la otra noche”.

UNA SERIE Y NO UN ENJAMBRE SÍSMICO

El ingeniero de edificación también ha valorado el cambio de paradigma que para los granadinos supone esta nueva serie sísmica. “Generalmente en Granada hay un terremoto y no da otro en meses o años. El problema es cuando, como el martes, hay un terremoto y a los tres minutos otro. Y a los cinco, otro. Ahí no te da tiempo a irte y yo, cuando vi el segundo y el tercero, pensé que era muy peligroso porque el instinto de la gente es salir a la calle”, ha confesado. Alguacil también ha hecho un ejercicio de sinceridad al asegurar que “probablemente vamos a tener terremotos que se sientan durante una temporada”. El experto en geofísica ha rechazado la expresión ‘enjambre sísmico’ para explicar el fenómeno que está desarrollándose en Granada y ha preferido hablar de “serie sísmica”. Esto es, varios temblores de magnitudes algo más altas y muchos de magnitudes más pequeñas. “Afortunadamente, es típico de una zona muy fracturada como la nuestra. Al desplazarse una falla pone en marcha las adyacentes. La gente debe tranquilizarse porque, en principio, las casas están bien hechas. Puede haber defectos como en el terremoto de Lorca, aunque eso no es lo habitual”, ha apaciguado.

Mientras, Ignacio Arto ha recordado que los muros de carga “funcionan bastante bien” como barrera para evitar la caída de objetos, cornisas o ladrillos. “Es conveniente tener localizados puntos buenos como muros, pasos de puertas, columnas o pilares. Si no, debajo de una cama por si cae algún objeto. Los edificios están hechos para que la población pueda evacuarlos una vez termina el seísmo sin que se caiga. Que se agrieten los muros no es un problema porque eso lo que hace en realidad es liberar energía. Tendría que haber un terremoto tremendo para tirar un edificio en Granada”, ha abundado el experto.

Arto ha recordado que “todos los que fallecieron en el terremoto de Lorca lo hicieron por objetos de segundo orden, que no son estructurales, como cornisas, balcones y macetas o máquinas de aire acondicionado mal ancladas”. “Un pequeño trozo de ladrillo desde una séptima planta es mortal si alcanza a alguien. Por eso es tan importante recordar que durante un terremoto la gente tiene que permanecer en su casa. Dentro de la vivienda, como mucho se puede caer un trozo de falso techo, un jarrón, un libro o una estantería completa. Pero nada que ver como andar por calles estrechas, como vi yo este martes en el Realejo, que es donde vivo. Eso es mil veces más peligroso”, ha reiterado.

PROCESO DE EVALUACIÓN DE DAÑOS

Después de recordar los famosos terremotos de 1979, Gerardo Alguacil ha asegurado que “es un poco prematuro” pronosticar si ya se ha llegado al pico de esta serie de seísmos. “Y en realidad es difícil saberlo. En ocasiones, estas series no tiene un pico, sino una plataforma. Son terremotos esporádicos, espaciados de forma irregular y de magnitudes muy parecidas. No se puede hablar propiamente de un pico de actividad. Tenemos que estudiar en detalle la secuencia teniendo en cuenta los microterremotos que tenemos registrados. Muchos están solapados y no se pueden separar. Esto requiere un poco de tiempo y, de momento, sólo podemos hablar de posibilidades, lo que hace que sea muy difícil de predecir”, ha destacado.

Respecto a la evaluación de los daños, lo que se conoce como ‘intensidad’, el experto ha recordado que se evalúa de forma instrumental, “aunque la densidad de los acelerógrafos no es tan alta como la de la gente”. “La información que nos proporciona la gente es cualitativa” y se plasma en base a la Escala Macrosísmica Europea (Ms), “que es la que rige en toda Europa”. Dicha escala tiene 12 grados -expresados en números romanos, del I al XII- y mide el impacto del temblor sobre las personas, los objetos y los daños en los edificios. “Hasta el grado VI prácticamente no hay problema y a partir de ahí ya da un poco igual cómo lo sienta la gente porque hay que acudir a los daños. Se elaboran con un programa más o menos automático”, ha explicado al tiempo que ha puesto en valor la importancia de usar la aplicación del Instituto Geográfico Nacional (IGN) para ayudar con una sencilla encuesta a definir la intensidad cuando sentimos un terremoto.

EL MEJOR CONSEJO, DESOÍR LOS BULOS

En el tramo final de la entrevista, Juan Prieto ha acudido a la voz de los expertos para desterrar los bulos. Sobre el que circuló minutos después de las tres sacudidas del martes respecto a la posibilidad de una nueva de madrugada todavía mayor, Alguacil ha sido muy claro y contundente: “Se puede asegurar categóricamente: no es posible decir que a tal hora va a haber un terremoto”. “En el estado actual de la ciencia, y probablemente por mucho tiempo, no es posible predecir la ocurrencia de un terremoto. Sólo se puede hablar de probabilidades. En ocasiones hay ciertos indicios que permiten pensar que existe la posibilidad de que ocurra un terremoto, pero si alguien predice que va a haber un terremoto, será un vidente, pero desde luego no un científico”, ha zanjado.

El geofísico ha explicado que existe “un código de conducta entre la comunidad de sismólogos a escala mundial según el cual, si alguien tiene elementos de juicio o base científica para pensar que va a haber un terremoto tiene que comunicarlo a un comité que decida si esa base está o no justificada antes de darlo a conocer a la población”. Por otra parte, ha pedido “matizar” la idea extendida de que “muchos terremotos pequeños evitan uno grande”. “Muchos terremotos de 4 grados no quitan uno de 6. Uno de 6 grados libera tal cantidad de energía que harían falta miles de terremotos de 4 para liberar la energía correspondiente. Por cada número que aumentamos la magnitud, la energía se multiplica por 30”, ha sustentado.

“Particularmente, me preocupó que ocurrieran varios terremotos seguidos en poco espacio de tiempo si todos pertenecían a la misma falla. Poder comprobar que no era así me tranquilizó mucho. Si una única falla de repente empieza a aumentar la actividad, eso sí que puede ser un indicio de que ocurra uno mayor. Pero no es el caso”, ha matizado Gerardo Alguacil antes de incidir nuevamente en un consejo: “Salir de la casa durante un terremoto es lo peor que se puede hacer. En todo caso una vez que haya concluido, si no estamos seguros en casa, salir e irnos lejos de edificios. Pero nunca durante la sacudida”.

Por su parte, Ignacio Arto ha vuelto a subrayar nuevamente su idea de “mantener la calma por difícil que parezca”. “Nos enfrentamos a un suceso que no podemos controlar, así que lo mejor es tranquilizarnos, pensar y no dejarnos llevar por el instinto de huir porque el problema está en tu casa, en la calle, en la plaza o en cualquier sitio. Si vamos por la calle, intentar evitar las fachadas, quedarnos en la zona central o buscar una plaza; así como meternos en un portal o pegarnos a la propia fachada”, ha expuesto finalmente.







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