El viejo y costoso anhelo de un ‘Gran Espacio Escénico’

La construcción del Palacio de las Artes, uno de los grandes objetivos del nuevo equipo de Gobierno en el Ayuntamiento de Granada, vuelve a ponerse sobre la mesa tras más de 20 años desde la proposición de un proyecto de estas características

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El solar ubicado en la carretera de Armilla continúa sin edificar tras 10 años desde su concesión al proyecto del Gran Espacio Escénico | Foto: Daniel Bayona
Álvaro HolgadoÁlvaro Holgado
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La creación de un Gran Espacio escénico capaz de acoger espectáculos de gran formato ha vuelto a ponerse en primera plana tras la llegada al poder de Luis Salvador en el Consistorio Municipal. Tras la primera reunión mantenida entre el nuevo alcalde de Granada y el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, en la enumeración de los grandes proyectos a realizar a lo largo de estos próximos cuatro años se encontraba, prácticamente en primer lugar, la puesta a punto de las grandes infraestructuras culturales de la ciudad, teniendo el citado Palacio de las Artes como uno de los principales reclamos a la hora de potenciar la candidatura granadina a la capital cultural de 2031.

La aspiración de Salvador no es nueva. Ya a comienzos de los 90, la Junta de Andalucía ya había planteado la necesidad de llevar a cabo un espacio de semejantes características. Presidida entonces por el PSOE, el gobierno autonómico venía a cubrir una de las deudas más evidentes que la potenciación de la cultura de los festivales en Granada durante los 80, tanto con el Festival de Teatro de Granada como con el Festival de Música y Danza, habían dejado en la ciudad.

Una Granada que se había convertido en un hervidero cultural, localizado ya a nivel internacional por artistas de todo el continente, pero que carecía en su totalidad de infraestructuras que avalaran el buen hacer de ambos festivales. Eventos, al fin y al cabo, que sólo congregaban una serie de reformulaciones en cuanto a espacios en principio no teatrales, pero que durante una semana hacían mutar la capital granadina, convirtiéndolos en escenarios improvisados, donde el marco patrimonial hacía las veces de escenario y atrezzo para cubrir las evidentes carencias. Malogrado el Festival de Teatro, aún en 2019, cerca de 40 años después, el Festival de Música y Danza, aún habiendo ganado terreno y prestigio en la cultura europea, sigue reinventándose con el mismo mecanismo.

A raíz de esta situación, se sugiere en el año 1991 desde la Junta, la creación del ‘Teatro de la Opera’, un espacio con la solidez estructural a nivel escénico que pudiese albergar aquellass producciones denominadas como de “gran formato”, utilizando ya entonces la misma terminología que Salvador en estos últimos meses desde la composición del programa electoral de Ciudadanos en Granada. Tras la primera sugerencia desde el Gobierno autonómico, no fue hasta 10 años después, en 2001, cuando el entonces alcalde Granada, José Enrique Moratalla propone un concurso de ideas para llevar a cabo un proyecto, que según anunciaba el presidente de la Junta en 2004, Manuel Chaves, estaría terminado “antes de que finalizara la legislatura”. Un año después, en 2005, el vicesecretario de Cultura de la Junta señala que “las obras comenzarán en 2008”.

Finalmente el Ayuntamiento de Granada cede a la Consejería de Cultura un solar ubicado a la espalda del Edificio Caja Granada, hoy Museo de la Memoria de Andalucía, tras tener que realizar una “modificación puntual” de la parcela  en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) 2000, con el fin, apuntaba Pedro Benzal, delegado de Cultura en Granada para entonces, de llevar a cabo “el mejor teatro posible”, cuya máxima no era otra que  “contar con la máxima edificabilidad posible y el máximo número de metros”. Esta superficie de 6.553,21 metros cuadrados situada en la Carretera de Armilla sigue aún en el mismo estado que en el momento, si acaso más deteriorada.

Esto no significa que no se realizarán sucesivas inversiones de dinero público en ello, pues el proyecto volvió a concretarse en fecha y más tarde en autor. En 2008, cuando las obras deberían haber estado ya terminadas, Chaves reaparecía con el tema para relanzar el espacio con la mirada puesta en la conmemoración del Milenio del Reino de Granada, un proyecto que según sus declaraciones, llegó a tener incluso un halo de objetivo personal para el presidente andaluz. El proyecto volvía a posponerse de cara al emblemático año 2013. Pocos meses antes, el concejal de Cultura del Ayuntamiento, Juan García Montero, aseguraba que Granada tendría un magnífico teatro de la ópera y que el complejo se encontraba en “una carrera que se ha puesto en marcha y que ya es imposible parar”.

Los mimbres estaban puestos y el proyecto ganador para dar forma al anhelado espacio escénico, que en ese momento llevaba más de 15 años en boga y 7 con sucesivas promesas de construcción en el corto-medio plazo, era Kengo Kuma, un arquitecto japonés de reconocida fama internacional y que suponía un tanto para el nuevo proyecto ya que, en palabras de Bezal,  Kuma disponía de “una agenda muy apretada”, por lo que la llegada del arquitecto, que ya había expresado su interés por la Ciudad de la Alhambra tras su trabajo en la Expo del 92 en Sevilla, significaba, como mínimo, la puesta en marcha y los primeros planos, ideas y, sobre todo, partidas presupuestarias, para que el Gran Teatro comenzara a andar.

‘Granatum’, la crisis de 2008 y un solar impoluto

Infografía del proyecto de Kengo Kuma, ‘Granatum’ | Foto: Gabinete

Haciendo números, sólo la redacción del proyecto costó a las arcas públicas 200.000 euros. El estudio del arquitecto japonés se embolsaba dicha cantidad por un trabajo al que denominaron ‘Granatum’, aludiendo a la forma que tendría el teatro, con detalles sobresalientes, como se puede imaginar, a la manera del fruto granado. Un complejo lleno de terrazas al aire libre, con espacios y desniveles que favorecían una duplicidad de lugares, el adentro y el afuera, que tenían la joya de la corona en la eliminación del patio de butacas y la configuración de un enorme escenario que se podría observar desde más de 1.500 localidades.  Una obra faraónica, que tuvo un primer presupuesto de 34 millones, pasando luego a 40, y que más tarde se disparó hasta los 51. La fecha varió de nuevo, siendo incluso más optimistas que Chaves, y estipulando su inauguración para 2011.

Llegada la crisis económica de 2008 y con un presupuesto cada vez más en ascenso, el proyecto se paralizó. Las dificultades para llevar a cabo la moderna infraestructura de Kuma,  derivaron en que ya en 2010, con un ladrillo sin mover, Paulino Plata, consejero de cultura de la Junta entonces, apuntara que “el Gobierno autonómico era la única institución que estaba aportando dinero para la construcción del Espacio Escénico”, por lo que pedía ayuda económica al Ministerio de Cultura, que no llegó a ensuciarse las manos con ello. Hay que tener en cuenta asimismo que el consistorio granadino, al igual que parece va a ocurrir en esta ocasión con la propuesta de Salvador, tiene las manos atadas por la deuda acumulada, que aunque rebajada en el mandato de Cuenca, es un fantasma que sigue persiguiendo al Ayuntamiento hoy día.

La Junta comienza en el citado 2010 un baile de números. En febrero la Junta anuncia en el BOJA una partida de 1.530.000 euros para la redacción del proyecto básico y de ejecución y del estudio de seguridad y salud. Meses más tarde,en octubre y aún sin movimiento alguno, Teresa Jiménez, para entonces nueva consejera de Cultura, anuncia otra inversión de 8,7 millones de euros, de los que finalmente acaban consignados únicamente 461.000, para un sólo mes después, en noviembre, concretar que el Teatro de la Ópera “sólo se hará si una empresa privada invierte los 41 millones planteados en principio si una empresa privada lo invierte. Acto seguido se propone una comisión para “estudiar” un plan de viabilidad para ese proyecto público-privado para encontrar la fórmula jurídica adecuada. El estudio, por lo que se puede apreciar fue largo ya que llevó nada menos 4 años, pues sólo se tuvieron noticias del tema cuatro meses antes de las elecciones de 2015, cuando desde la Junta se rescató la promesa apelando a que el proyecto del Teatro de la Ópera “mantenía sus constantes vitales”. La sucesión de números, aunque algo confusa no repercute, y esto debe quedar claro, en una partida presupuestaria concreta, sólo en pequeños fogonazos, consignaciones y promesas de todo tipo.

Ya en la oposición, en 2016,  el Partido Popular de Granada critica todos estos hechos, de los que, como se puede apreciar párrafos más arriba, había sido  en muchos casos partícipe (no son pocas las veces en que, tirando de archivo, los populares insisten en la “alegría de que las instituciones vayan de la mano” con este tema). Cuando llega Salvador al consistorio, la propuesta vuelve a ponerse encima de la mesa, esta vez con otro nombre, el Palacio de las Artes, aunque compartiendo fondo y mecanismo: utilizar el mismo solar y depender en la puesta a punto del proyecto de la financiación de la Junta, aunque en este caso tenga otro color político.

El Palacio de las Artes: un nuevo punto de partida que crea escepticismo en un sector cultural precarizado

Imagen del actual alcalde de Granada, Luis Salvador, durante la campaña electoral | Foto: Gabinete

Teniendo todo esto en cuenta y desechado el proyecto inicial de Kengo Kuma, Ciudadanos intenta resignificar el evidente fracaso que supuso el proyecto y poner en valor, aún así, el fondo de la idea que se intentó llevar a cabo. Un “Gran Espacio Escénico para espectáculos de gran formato” que empezaría de nuevo todos los trámites para construirse, con fechas aún por determinar, según apuntan desde el partido naranja, “pero que compartirían el mismo espíritu”. Un lugar que sería parte de un complejo de edificios culturales, si lo sumamos al Parque de las Ciencias y el Edificio Fundación Caja Granada. Allí, según las primeras ideas propuestas por Ciudadanos, se movilizaría también la Ciudad de la Música, otro proyecto en el que se congregarían los distintos conservatorios de la ciudad.

Con el jugoso objetivo de la capitalidad cultural a medio plazo, se entiende desde el consistorio granadino que este nuevo espacio garantizaría muchos puntos de cara a la candidatura. A falta de conocer el anunciado plan estratégico que el nuevo equipo de gobierno establecería como hoja de ruta para realizarlo, la simple idea de concretar un espacio de estas características, levanta ampollas entre buena parte de un sector cultural granadino, empobrecido desde finales de la primera década del 2000, y que a duras penas puede imaginar realizar a día de hoy espectáculos de gran producción.

Como ejemplo, la directora escénica contemporánea, Sara Molina, que en el último año ha llevado a término producciones dentro del marco del Festival de Otoño de Madrid, que ha trabajado en grandes espacios como Matadero y que en estos momentos se encuentra en plena fase de creación del que será el primer espectáculo producido por el Centro García Lorca, marca distancias con respecto a esta idea. “¿De qué sirve tener un espacio escénico inmenso si luego las condiciones de trabajo no son estables? Es una falta que no entiendo de dónde puede venir. Siempre he tenido la veleidad de una Granada que respirase cultura en una multiplicidad de espacios. Si bien eso a día de hoy parece impensable, más impensable aún creo que puede ser pensar que directores locales puedan producir en un lugar de esas características ¿Con qué dinero? Cuando era más joven pensaba en espacios donde soñaba con actuar. Se me quitó en el momento en que terminé el primer espectáculo en un lugar así, miré la taquilla y apenas nos daba para repartir entre la compañía”.

La pregunta sobre la financiación no es baladí, si tenemos en cuenta los números del consistorio, con una deuda viva de 188 millones según el portal ‘Transparentia’ de Newtral, y la falta de estabilidad política aún siguen siendo, como comentábamos, una losa que impide una apuesta sostenible y no dependiente de otras administraciones en lo referente al ámbito cultural. El miedo además se acrecenta por casos anteriores, como ya ocurre con el teatro Isabel La Católica, cuya gestión, a pesar de tener titularidad pública, es responsabilidad de una promotora privada y sigue manteniendo una programación deslavazada y regida por intereses, lógicamente, económicos. Incluso el mismo Teatro de Atarfe, que estimara su presupuesto en unos 50 millones de euros y el cual ya tiene la capacidad para llevar a cabo obras de “gran formato” y que se mantiene prácticamente vacío a lo largo del año.

A pesar del apoyo de grandes personalidades de la cultura granadina, como es el caso de Pablo Heras Casado, director del Festival de Música y Danza , que ya ha repetido en otras ocasiones la necesidad de ello y el lugar icónico que supondría para el evento (“El festival no tiene en su naturaleza la ópera porque no tenemos un espacio escénico que cubra sus necesidades”), queda por ver cómo se concretará la propuesta de Salvador. Este, aún así, parece haber puesto todo su empeño en el proyecto y plantea sacarlo adelante  intentar de paso corregir los errores pasados, siendo uno de los primeros temas de conversación en cada rueda de prensa, como fue el caso el otro día tras la conversación con Moreno, o su misma posición en el consistorio, teniendo en cuenta que es él mismo quien ostenta la responsabilidad en materia cultural. Un futuro lleno de dudas, con pocas ideas claras más que la puesta en marcha misma de la construcción del lugar y que se ciernen sobre un nuevo capítulo de una historia ya larga que parece tener una nueva oportunidad en este mandato.



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