Chiqui Fernández y la lucha de su familia por “humanizar” las medidas sanitarias en personas dependientes

Piden visibilizar el sufrimiento de este colectivo debido a sus necesidades especiales, y reivindican que los cuidados en centros granadinos no mengüen a pesar de la crisis del Covid-19

REPORTAJE CHIQUI - Dani B-3
Chiqui es tetrapléjica con una discapacidad del 98 por ciento desde hace 33 años, y su familia no deja de cuidarla tanto dentro como fuera de la residencia | Foto y vídeo: Dani Bayona
Ángeles LópezÁngeles López
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“Es muy difícil tomar decisiones, pero son líneas muy generales. Le están minimizando la vida a un colectivo que ya la tiene mermada de por sí”. Así ha valorado María del Carmen Fernández la situación que sufre su hija Chiqui, tetrapléjica con un 98 por ciento de discapacidad desde hace 33 años.

La familia de esta chica de 35 años cuenta a GranadaDigital que jamás hubiese pensado que la vida le daría un giro tan  radical al poco de nacer, y que conseguirían llegar hasta donde han llegado. A los 20 meses, Chiqui sufrió reacción a una vacuna derivando en tos y fiebre en las siguientes 48 horas. Tras valorar su estado en las urgencias de hospitales granadinos, le dijeron que podría tratarse de una faringitis sin riesgo alguno. Su madre cuenta que momentos más tarde, ingresaba a su hija en la UCI, sufriendo una parada cardíaca a los 5 minutos. “Como loca en ese pasillo del hospital esperaba yo a que el médico me dijese que todo había pasado. Sin embargo, fue salir el médico y decirme que estaba en coma y que, quizás, si la hubiese llevado un poco antes, hubiese podido salvarla”, narra entre lágrimas. Indicando, también, que aquel día no se despegaron de los servicios médicos en ningún momento y no entendía la situación ni el diagnóstico recibido.

En este punto, comenzó la lucha por hacer de la vida de Chiqui una vida plena y con todos los cuidados que requiere, con ayuda de centros y profesionales específicos; ya que ella no ve, no habla, solo tiene movimientos por impulsos como el dolor y la respiración, en ocasiones, se le complica. Más de una década de dedicación y cariño que llega hasta el día de hoy,

Centros, confinamiento y consecuencias

Para compartir el cuidado de Chiqui, su familia decidió acudir a una residencia de Granada con el fin de tenerla en buenas manos, además de recibir el calor de su entorno. Hasta declararse el estado de alarma, todas las tardes de lunes a viernes, María del Carmen o su marido, acudían a este centro para visitar a su hija; de viernes a domingo, podían tenerla en casa. Posteriormente, a partir de marzo le dieron como opción a las familias poder tener a sus miembros internos en su domicilio y vivir el confinamiento juntos. Durante este tiempo en casa, ellos han podido dedicarse en cuerpo y alma a su rutina diaria.

Tal y como la situación lo requería, se implementaron medidas sanitarias para controlar y gestionar las consecuencias de la presencia del coronavirus. “Están estudiando tanto minimizar los riesgos que no van a vivir. Igual que hay que tener responsabilidad con el ocio, estas personas también se merecen otras condiciones”, dice la madre de Chiqui.

Asimismo, suscribe la opinión de otros padres de usuarios, como es el caso concreto de una sordociega que solo responde ante el tacto. Piensa que nadie trata de hacerles daño imponiendo restricciones, pero sí que deberían estudiar cada caso; ya que no es lo mismo una persona mayor, con sus necesidades, que un dependiente que no ve ni oye, o que, además, como en el caso de su hija, no tiene movilidad.

Atenciones para dependientes y sus familias

Estas personas necesitan estímulos constantes como tomar el sol, escuchar los pájaros o, simplemente, salir a pasear. María del Carmen subraya que si hay centros que no disponen de jardines o amplias zonas al aire libre, e incluso tienen falta de personal, se tiene que dar una alternativa. “Todo ello, influye en su desarrollo. Nosotros notamos cuando la tenemos con nosotros y estábamos muy contentos con el personal tan competente de la residencia, pero ahora con las medidas y la reducción de servicios, tememos que entre en retroceso”, dice.

Actualmente, según se ha estipulado, las visitas al centro se distribuyen entre 6 familias por semana, a razón de 1 hora por cada una. Por tanto, a Chiqui pueden verla durante este tiempo cada dos o tres semanas.

A su vez, Ángela, la hermana de Chiqui e hija de María del Carmen, se emociona al contar lo que significa su hermana para ella y para el resto de miembros. “Hay colectivos que sí necesitan que se particularicen las medidas. Nosotros notamos que cuando mi hermana no sale, no toma el sol, no recibe fisioterapia, se le ha llegado hasta a caer el pelo; es más, necesita que se la acomode para que no se dañe con la silla o no se le queden las manos heladas; y entendemos que cuando no hay profesionales suficientes para cada persona, no se cae en esos detalles”, dice Ángela.

Hacen un llamamiento a todos los gestores de la crisis para que estudien cada centro y cada caso, ya que es perjudicial establecer medidas generales; sin dejar de lado todo tipo de medidas, muy necesarias en este tiempo de incertidumbre. María del Carmen quiere poder tener acercamiento a Chiqui y darle la vida que, por desgracia, le falta.





Comentarios

Un comentario en “Chiqui Fernández y la lucha de su familia por “humanizar” las medidas sanitarias en personas dependientes

  1. Grandísimo trabajo al enseñarnos como viven la crisis sanitaria los que ya tienen dificultades sin necesidad de ella.
    Enhorabuena 👏

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