Autoestima fuerte y positiva para vivir y mejorar la salud: cuando no te gustas, enfermas

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Encontramos multitud de libros, artículos, vídeos y cursos sobre cómo mejorar nuestra autoestima. Seguro que muchos son fáciles de leer y son interesantes, pero la verdad es que hay mucha lectura y poca realidad. Si todo fuera tan fácil como hacer lo que nos dicen, sería fácil el éxito. La realidad es que todo ello necesita entrenamiento, ir al gimnasio, probar y equivocarnos para poder conseguir el éxito.

La autoestima es cómo nos sentimos con nosotros mismos. Es la manera en que nos juzgamos y evaluamos. Consiste en todo el conjunto de creencias, valoraciones y pensamientos que tenemos sobre nosotros, y que hemos ido creando a partir de nuestras experiencias. Todos somos personas en constante construcción que podemos mejorar cada día y abordar grandes retos. Por eso me gusta la visión que plantea Eva Collado que dice que “Si no te pones tú en valor y confías en ti y en tus posibilidades, nadie lo hará”.
La autoestima tiene varias funciones como:
  • Satisfacer nuestra necesidad de sentirnos bien con nosotros mismos
  • Reducir el impacto de los rechazos que sufrimos en la vida
  • Protegernos del miedo y la incerteza
  • Motivarte a luchar por nuestras metas
Sin autoestima, nuestros temores nos encierran en la zona de confort, nos castigan y nos impiden luchar por lo que realmente queremos. Por ello, hay que tener claro que la falta de autoestima nos juega malas pasadas en momentos críticos de nuestra vida. Por ello, es necesario reforzarla y hacerla crecer para llevar al éxito nuestra vida personal y profesional. Y es que una baja autoestima nos vuelve vulnerables. Ante ello, es importante querernos, mimarnos, ponernos en valor, crecer y sumar buenos momentos, siendo conscientes de nuestras limitaciones y trabajando para ser más osados y disfrutando del camino.
Una sana autoestima nos puede ayudar a afrontar con mayor éxito un proceso de cambio. Y para ello, es necesario poder desarrollar nuestro potencial, cuidar las palabras que decimos para describirnos, basar el diálogo en el respeto y el afecto, aceptar nuestras emociones para ayudarnos a tomar mejores decisiones, comprometernos con nosotros mismos para mejorar en cada paso, asumir el riesgo de decidir, con personas que no nos contagian sus miedos y aprender a mejorar y disfrutar del camino, entrenando la alegría y haciendo todo aquello que nos permita sentirnos cada vez mejor.
Algunos métodos creados por grandes investigadores sí han demostrado ser capaces de mejorar nuestra autoestima. No son fórmulas mágicas, pero estas estrategias han ayudado a miles de personas a vivir mejor y pueden hacer lo mismo por ti.
Aunque hace relativamente poco se asoció las personas con alta autoestima con el narcicismo, la evidencia científica lo niega. Tener una autoestima sólida no implica ser prepotente o tener el ego subido, sino ser capaz de aceptar nuestras fortalezas y debilidades para reconocer nuestro propio valor.
Tampoco se nace con baja u alta autoestima: evoluciona a medida que vivimos nuevas experiencias. Los eventos que tienen mayor influencia suelen ser aquellos que marcaron nuestra infancia, como la manera en que nos trataron nuestros padres, profesores o amigos.
Por eso ciertas situaciones pueden causar un profundo impacto sobre nuestra autoestima:
  • Si ignoran nuestras ideas en lugar de escucharlas
  • Si abusan física o psicológicamente de nosotros en vez de respetarnos
  • Si recibimos indiferencia y no afecto
  • Si nos exigen todavía más en lugar de reconocer nuestro esfuerzo
  • Si nos culpabilizan por nuestros fracasos en vez de aceptarlos

Autoestima baja: ¿cómo nos afecta?

Es como una profecía: si no nos sentimos valiosos, tarde o temprano vamos a terminar comportándonos de esa misma forma. Una baja autoestima puede cambiar la conducta de las personas para confirmar sus sospechas sobre su propio valor, creándose un círculo vicioso del que es muy difícil escapar.
No estar a gusto siendo quienes somos o no confiar en las capacidades tiene unas consecuencias terribles. Probablemente dejemos de atender encuentros sociales, probar cosas nuevas y enfrentarnos a retos que darían riqueza a nuestra vida.
Sabremos que sufrimos baja autoestima si nos suele ocurrir lo siguiente:
  • Nos sentimos inferiores a los demás
  • Nos desmotivamos con facilidad y no terminamos lo que empezamos
  • Evitamos cualquier situación en la que podamos fracasar
  • Nos seguimos culpando de nuestros errores del pasado
  • No creemos que haya nada especial en nosotros
  • No nos sentimos atractivos
  • Evitamos relacionarnos con los demás
  • No expresamos nuestras ideas u opiniones
  • Habitualmente sentimos ansiedad y una profunda tristeza
  • Somos muy perfeccionistas y no valoramos lo que conseguimos
  • Nos cuesta mucho tomar decisiones
  • Nos corroe la envidia cuando los demás consiguen algo
Por eso primero es necesario romper esos falsos mitos para que no volvamos a caer nunca más en los errores del pasado, y luego aprenderemos los métodos científicos con los que podremos dejar atrás nuestros miedos e inseguridades de una vez por todas.

4 mitos que no funcionan para conseguir una autoestima alta

1. Buscar siempre el lado positivo

Este sería un buen consejo si no fuera porque nuestra mente en realidad no está programada para hacerlo. Por ejemplo, ¿Qué ocurre si después de presentar un proyecto a cuatro personas, tres de ellas nos felicitan pero una nos dice que estaba lleno de errores? ¿Qué opinión creéis que va a pesar más sobre el estado emocional?
Los humanos estamos diseñados para valorar más lo negativo que lo positivo. Nos obsesionamos con lo malo y olvidamos lo bueno con mayor rapidez. El sesgo de negatividad es un fenómeno habitual en gente que sufre ansiedad o depresión, no como una elección consciente, sino algo que está profundamente grabado en nuestro interior para detectar amenazas, incluso cuando no existen en realidad.
La naturaleza nos programa para priorizar las malas noticias y detectar amenazas en fracciones de segundo. Este legado es el culpable de que desconfiemos de los extraños, de que a menudo tengamos la sensación de que la gente nos está mirando e incluso la explicación científica de los prejuicios raciales.
Por tanto, en lugar de buscar siempre el lado positivo, asumamos que nuestra mente está programada para presentarlo todo como una amenaza. Nos sorprenderá menos.

2. Luchar por ser feliz

Probablemente creamos que seríamos más felices con una autoestima alta. Vivimos sumidos en la cultura de la felicidad. Sin embargo, cuanto más nos esforcemos por ser felices, más infelices terminaremos siendo.
El motivo es que la felicidad es efímera. Podemos estar muy contentos durante una etapa de nuestra vida, pero eso va a durar poco. Porque los seres humanos siempre terminamos adaptándonos a las nuevas circunstancias.
Cuanta mayor importancia demos a la felicidad, peor nos sentiremos porque se ha comprobado que querer ser feliz y ser consciente de que no lo estamos consiguiendo nos hará todavía más desdichado.
Preocuparnos tanto por nuestro bienestar también termina afectando nuestra vida social. Un estudio del año 2012, relacionó la búsqueda de la felicidad con la soledad: cuanto más se esforzaron los participantes en ser felices, más solos se sintieron. Y no fue solo una percepción: sus niveles de progesterona disminuyeron como respuesta hormonal asociada a la soledad.

3. Marcarse grandes objetivos

Un consejo clásico de la autoayuda es que nos marquemos objetivos. Y hay que tener en cuenta que los objetivos ambiciosos tienen un lado muy oscuro. Pueden llegar a obsesionarnos tanto que nos resulte imposible imaginarnos sin ellos, sacrificando aspectos de nuestra vida que, en realidad, son más importantes.
Marcarnos objetivos es un grave problema si no somos capaces de reconocer que podemos fracasar. Entonces se transforman en algo que nos define, y por ellos serás capaces de sacrificar nuestra salud, amistades o familia.
 
Por tanto, pongámonos objetivos más pequeños pero alcanzables, y asumamos que fallar no significa el fin del mundo. Podemos volver a intentarlo las veces que queramos.

4. Reprogramar la mente con autoafirmaciones positivas

Existe una corriente de pensamiento positivo según la cual nuestra mente crea lo que le decimos. A los seres humanos nos gusta imaginar que existen formas místicas de recuperar el control de nuestro destino. Pero por suerte, los libros que popularizaron este tipo de teorías han ido desapareciendo de las estanterías.
En Psychological Science se quiso comprobar la eficacia de este tipo de reprogramación. El resultado fue que los participantes que emplearon estas afirmaciones positivas no solo no mejoraron, sino que terminaron sintiéndose peor.
La razón es que cuando nos repitamos a nosotros mismos que somos excepcionales o maravillosos nuestro cerebro de inmediato se plantea una pregunta: ¿por qué? Nuestro cerebro no es ingenuo. Si no es capaz de encontrar la respuesta, no se va a creer lo que le estamos diciendo. Rechazará la afirmación y en consecuencia nos podemos sentir peor. Las autoafirmaciones positivas solo funcionan cuando entran dentro del rango de lo que es creíble.
Por tanto, no nos repitamos a nosotros mismos lo bueno que somos si no estamos seguros de que podemos acompañarlo con una razón.

Entrenar la autoestima es cuidar también la salud

Para ello, es necesario tener en cuenta aspectos como:
  1. Nuestro pasado nos acompaña, pero no nos define
  2. Somos más de lo que creemos
  3. Conozcamos nuestra brújula emocional
  4. Busquemos la excelencia
  5. Tomemos decisiones que nos hagan crecer
  6. Caminemos juntos a quien nos ayude a mejorar
  7. No dependamos de las opiniones de los demás
  8. Nuestras metas que nos permitan avanzar
  9. No nos tomemos a nosotros mismos tan en serio
  10. Mantengamos hábitos saludables
En la línea de lo planteado por Eva Collado

10 claves de cómo aumentar nuestra autoestima

No existe una única forma de conseguir mayor autoestima. Aunque cada uno de ellos actúa sobre un aspecto de nuestra personalidad distinto, los resultados que han demostrado son los mismos: más autoestima y seguridad en nosotros mismos.

1. Encontrar el origen de nuestra baja autoestima

No deja de sorprendernos la cantidad de autores que empiezan directamente dando consejos. Los problemas de autoestima suelen desarrollarse durante la infancia y sus causas pueden ser muy distintas.
Al haberse formado en la infancia, la falta de autoestima ha sido creada por la perspectiva de un niño y seguramente esté sesgada. Como no podíamos entender lo que estaba pasando realmente, es muy útil volver a buscar su origen y replantear nuestras creencias.
Para encontrar el origen de nuestra baja autoestima y someter nuestras creencias a juicio.

2. Intentarlo aunque sepamos que vamos a fracasar

El motivo es que se ha demostrado que el principal enemigo de nuestra autoestima es, sencillamente, no hacer nada.
Cuando nos sentimos amenazados nuestro instinto es buscar vías de escape porque creemos que así reduciremos nuestra ansiedad. Por eso cuando sentimos miedo o desánimo en lugar de enfrentarnos directamente a ellos intentemos esquivarlos.
Y es lógico: en el momento en que decidamos evitar lo que nos preocupa notamos una sensación inmediata de alivio. El problema es que esa conducta puede terminar convirtiéndonos en un hábito.
Evitar lo que tememos y actuar como un cobarde no es algo de lo que podamos enorgullecernos, y eso vuelve a cerrar el maldito círculo de la baja autoestima. Por eso cuanto más evitemos lo que preocupa, peor nos sentiremos con nosotros mismos.
La buena noticia es que la ciencia ha comprobado que la autoestima no depende del resultado de nuestros actos. Depende simplemente de que actuemos. Aumenta cuando nos enfrentemos a las circunstancias, y disminuye cuando las evitamos. Así de sencillo.
Dicho de otro modo, no intentarlo es el peor de los fracasos. Quedarnos escondidos sin exponernos a nada por miedo a fracasar y terminaremos sintiéndonos como un fracasado.
La autoestima no depende de lo que consigamos, sino de lo que intentemos. Solo enfrentándonos a nuestros miedos lograremos romper este círculo vicioso. Cuando aparezcan de nuevo nuestros miedos probablemente volvamos a tener la tentación de huir.

3. Sustituir los objetivos por valores

Necesitamos algo sólido, que nos permita seguir adelante cuando nos sintamos cansados, ansiosos, deprimidos o desanimados. Algo tan poderoso que nos motive a salir de nuestra zona de confort para exponernos a aquello que tememos.
Tenemos lo que necesitamos.
Los valores son nuestra definición más fundamental, nuestra hoja de ruta. Nos marcan la dirección cuando creemos que nos estamos perdiendo y nos dan energía para seguir luchando.
Al correr una maratón, nuestros valores del esfuerzo, la perseverancia, la superación personal y la capacidad de sacrificio, aunque finalmente no fuéramos capaces de terminar la maratón, esforzándonos y sacrificándonos lograríamos igualmente permanecer fiel a nuestros valores. A diferencia de los objetivos, los valores siempre van a estar ahí para que los cumplamos y nos sintamos orgulloso de ello.
Gracias a los valores también podremos conseguir un plus de autoestima cuando más lo necesitemos.
Por tanto, cada vez que tengamos que enfrentarnos a un reto, saquemos el listado de valores, elijamos uno, y durante un par de minutos recordemos por qué es importante para uno. Aumentaremos nuestra autoestima y nos protegerá de la ansiedad.

4. Identificar nuestras verdaderas fortalezas

Además de los valores, para construir nuestra autoestima necesitamos convencernos de que hay algo bueno en nosotros. Y nos aseguramos que TODOS tenemos puntos fuertes, el problema es que las personas con poca autoestima no los saben identificar (mientras que los narcisistas los encuentran en exceso).
Para encontrar nuestras fortalezas pensemos en cinco logros que hayamos conseguido en nuestra vida. Luego pensemos qué características personales positivas son necesarias para conseguir cada uno de ellos.
Por tanto, cada vez que nos sintamos juzgados o cuestionados, repasemos mentalmente la lista de fortalezas y recordemos de dónde provienen. Está demostrado científicamente que así nos sentiremos más seguros de nosotros mismos.

5. Convertir nuestros pensamientos negativos en respuestas racionales

Ahora ya tenemos un conjunto de valores y fortalezas para empezar a creer en uno. Pero nuestras experiencias del pasado, incluso aquellas que ya no recordamos, continúan afectando nuestra vida en forma de “voz interior”.
En personas con una autoestima sana esta voz suele ser amable y reconfortante. Pero en aquellas con baja autoestima se convierte en su peor crítico, castigándoles por sus errores y despreciando sus logros. Este diálogo interno provoca ansiedad y nos recluye en nuestro círculo de confort, así que es clave que también seas capaz de superarlo.
El problema es que esa voz interior es irracional. Suele interpretar cualquier situación de la peor forma posible, incluso cuando no hay pruebas objetivas para llegar a tu conclusión.
Como esos pensamientos irracionales no necesitan ninguna base real para existir, debemos ponerlos a prueba para que nuestra razón los venza.
Por tanto, crear el hábito de identificar y cuestionar los pensamientos negativos y empezaremos a disminuir su efecto sobre nosotros.

6. Separarnos de nuestros miedos con aceptación y compromiso

Es posible que después de identificar y racionalizar nuestros pensamientos negativos todavía tengamos algunos miedos tan profundos que nos sigan bloqueando.
Para eso tenemos la estrategia de aceptación y compromiso, un método que ha demostrado una enorme eficacia científica para superar esas creencias.
La mayoría de gente, cuando hay algo que le preocupa, intenta no pensar en ello. Tratamos de bloquear nuestros pensamientos o distraernos pensando en otra cosa. Pero eso no solo ha demostrado que no funciona, sino que además provoca que los miedos vuelvan con más fuerza. En lugar de intentar ignorarlos, tenemos que aprender a desligarnos de ellos. El verdadero motivo por el que nuestros pensamientos nos bloquean es porque creemos que nosotros somos ellos. Les damos toda la credibilidad del mundo.
Por tanto, no intentemos bloquear nuestros miedos. Darles espacio y familiarizarnos con ellos hasta que los veamos como el típico compañero de viaje pesado. Así desaparecerán.

7. Perdonarnos a nosotros mismos con la autocompasión

Apoyarnos en los valores, identificar nuestras fortalezas y racionalizar y desvincularnos de los pensamientos negativos es necesario, pero para conseguir una autoestima sana nos falta algo imprescindible: aprender a perdonarnos por nuestros errores, llamada autocompasión (Algo como “estoy sufriendo porque siento que he perdido el control de mi vida, es un momento difícil pero voy a luchar para salir de esta” puede ser un buen inicio).
Pues la autocompasión consiste en tratarnos con la misma empatía con la que trataríamos a un amigo. Significa dar apoyo y ser comprensivo, en lugar de criticar y juzgar. Implica aprender a calmar y reconfortar para volver a intentarlo, en lugar de castigar cada vez que cometemos un error.
Por tanto, cada vez que nos descubramos a nosotros mismos castigándonos, sustituir la voz crítica por esta voz compasiva. Nuestra autoestima lo agradecerá.

8. Aumentar nuestra confianza con las posturas de poder

La realidad es que nuestro lenguaje no verbal también influye en nuestro estado anímico. Pero es posible romper ese círculo vicioso. A este tipo de poses (cabeza elevada, hombros hacia atrás y manos apoyadas en las caderas) se les llama posturas de poder, y se ha demostrado que mantenerlas durante solo dos minutos ya es suficiente para sentirte más confiado y seguro de uno mismo.
Por tanto, podemos empezar por mantener una pose de poder durante un par de minutos, y también cada vez que tengamos que enfrentarse a un reto. Nos sentiremos más confiados.

9. Multiplicar nuestra autoestima con el ejercicio

Nuestro cuerpo tiene algo más que decir sobre nuestra confianza. Así, hacer deporte incrementa la autoestima a corto plazo. Además de que el ejercicio nos ayudará a sentirnos mejor con nuestro cuerpo, también somos capaces de incrementar la capacidad mental (estudio) incrementando el flujo sanguíneo hacia el cerebro, reducir la ansiedad (fuente) e incluso aumentar el autocontrol (estudio).
Por tanto, no olvidemos incluir una rutina diaria de ejercicios de 30 minutos de duración. Empezaremos a notar los resultados de inmediato.

10. Pensar menos en nosotros mismos y más en los demás

La espiral de la baja autoestima es un círculo vicioso. En nuestro afán por sentirnos mejor empezamos a chequear constantemente nuestro estado anímico. Eso solo crea mayor ansiedad.
Para sentirnos mejor deberíamos hacer todo lo contrario: dejar de pensar tanto en uno y centrar nuestra atención hacia fuera. Pensar solo en los problemas no nos hace ningún favor, tal y como se comprobó en un estudio de las universidades de Yale y California. En él, los participantes que realizaron acciones altruistas mantuvieron un estado anímico mucho más positivo que los que siguieron centrados en sí mismos.

Es que ayudar a la gente tiene efectos beneficiosos sobre nuestra autoestima

Empezar a hacer más cosas por los demás porque, en el fondo, también lo estarás haciendo para nosotros.
Gozar de una autoestima sana requiere esfuerzo y constancia. A pesar de que existe multitud de información sobre cómo mejorar la confianza en uno mismo, tan solo unos pocos métodos han demostrado su eficacia real.
Tampoco hay que ser alarmista. Todos experimentamos altibajos en nuestra autoestima. El problema es cuando nuestro estado anímico se convierte en una maldición permanente que nos hace sufrir. Para superarla es imprescindible conocerse en profundidad, pero sobretodo quitarse presión, guiarse por valores, aceptarse y aprender a perdonarse.
Todos tenemos algo único y valioso que aportar, incluso aunque solo sea nuestro propio esfuerzo. Porque nadie sabe en qué obra maravillosa puede terminar convirtiéndose, así que no nos neguemos nuestros dones quedándonos atrapados en nuestra baja autoestima. El mundo nos necesita porque como dice Eduardo Galeano: “Somos lo que creemos y lo que hacemos para cambiar lo que somos”. 


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