Así vive un granadino el confinamiento en Lyon

Alejandro Ruz cuenta en primera persona cómo se está viviendo la pandemia del coronavirus desde el país galo

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Alejandro Ruz, granadino que reside en Lyon
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Hay que reconocer que no es nada fácil estar encerrado en casa durante un mes. En Lyon, ciudad desde donde escribo y vivo mi confinamiento, sí que puedo salir a hacer footing, por lo que se hace más llevadero el confinamiento.  Es cierto que sólo puedes estar fuera una hora, de forma individual y como máximo a un kilómetro de tu casa. Debes de llevar contigo un documento impreso, rellenado y firmado por ti, indicando la causa por la que estás en la calle. Aquí en Francia la situación no es mucho mejor que en España, de hecho el gobierno galo sólo cuenta las muertes registradas en hospitales, sin incluir por ejemplo los datos de muertes en residencias de ancianos. Son las mismas medidas que en nuestro país, a diferencia  de la que te permite salir individualmente, o con miembros de una misma familia (por ejemplo, un padre o madre con sus hijos). El confinamiento se produjo tan solo tres días después que en España: La gente aquí también aplaude desde sus ventanas o balcones a las ocho de la tarde, los supermercados restringen el aforo dependiendo del espacio del local y siempre manteniendo la distancia de seguridad, solamente trabajan aquellas personas consideradas de “trabajos indispensables”, y en los hospitales la situación no parece aún tan crítica como en nuestro país, pero si se denuncia falta de material.

El problema es que las personas no respetan el confinamiento, situación que empeora con creces los fines de semana, como si eso del estado de alarma no fuera con ellas. Durante mi  recorrido deportivo, veo parejas corriendo o simplemente paseando sin respetar la distancia, familias andando tranquilamente, grupos de jóvenes que hablan una lengua extranjera merodeando la salida del metro de la Guillotière para vender droga, o gente tomando el sol al borde del río. El Ródano, emblemático río francés y europeo, es mi circuito natural. Ha vuelto a su color de origen: el azul, transparente, claro; pues se ven hasta los peces. Pero al igual que ocurre aquí, pasa en los canales de Venecia, o en España, con los niveles de contaminación de las grandes ciudades, incluida Granada, reducidos a niveles casi históricos. Un mensaje que nos estaba enviando el planeta, para hacer una pausa global, y dejarle respirar. La globalización tiene parte de responsabilidad de la actual situación mundial.

En unos de estos días de  confinamiento, veía un ya viejo reportaje del programa de Jesús Calleja, en el que entrevistaba a Risto Mejide, en Sudáfrica. País por cierto en el que debería de estar llegando en estas fechas, donde iba a estudiar inglés, enseñar español a los autóctonos y practicar surf en las playas de Ciudad del Cabo. Pero como uno más de esos tantos españoles perjudicados por el Covid19, me quedé con el visado y el billete cancelado. Durante la entrevista, escucho una frase que llama mucho mi atención: “Fíjate Risto, estamos en África, y hay muchos blancos”. Un comentario algo particular, en un mundo tan globalizado como el actual. ¿Qué pasaría con ese comentario a la inversa en Europa? Por ejemplo, aquí en Francia, un país multicultural con más de ocho millones de inmigrantes, de los cuáles la mayoría provienen de África, con Argelia y Marruecos a la cabeza. El Coronavirus está relacionado con la globalización, de hecho ha sido la clave para su expansión.

Durante mi visita a la Alhambra en el pasado mes de febrero – ya con los primeros casos de coronavirus registrados en España,  pero aún sin saber la que se nos venía encima-, me quedé asombrado con la cantidad de turistas asiáticos que había en aquel momento, la inmensa mayoría con mascarilla. No daba crédito, no entendía por qué seguían viajando, haciendo turismo como si nada.  Claro que no era culpa suya. China sabía del coronavirus desde mediados de noviembre, y  no dio la voz de alarma hasta bien entrado enero. Lo irónico es que el Gobierno gaste millones en comprarles a ellos el material (defectuoso o no). Siglos atrás sería imposible pensar que una infección originada en un lugar remoto de China se expandiera a nivel global por los cinco continentes del mundo, afectando a más de 190 países, y dañando principalmente no a sus países fronterizos, sino a más de 8.000 kilómetros de distancia, al viejo continente, epicentro del turismo mundial, en especial  Italia, España y Francia, tres de los cincos países más visitados del mundo, según la organización mundial del turismo (OMT). Estos datos no son casualidad. Ya el pasado siglo la humanidad pasó por otra gran pandemia, la denominada gripe española, cuyo origen aún se debate entre EEUU o China, y su extensión territorial no fue de la misma repercusión que la actual, pero si su mortalidad.

Desde Francia sigo muy cerca la actualidad de Granada y de España. No es tiempo de reproches ideológicos;  ni la extrema derecha debió celebrar un mitin en Vistalegre, para los días posteriores dar positivo parte de la cúspide del partido, ni la extrema izquierda debió haber permitido las manifestaciones feministas, donde ocurrió los mismo con varias Ministras del Gobierno, incluida la mujer del Presidente, aunque no se lo contagió a Pedro. Parece ser que el líder del Gobierno ya tenía en cuenta eso del metro y medio de distanciamiento. Cada día que pasa es un día menos, para poder estar sentado en la terraza de un bar, con una cerveza fresquita y una buena tapa. Desde el exilio francés en Lyon, un enviado, que diga, un confinado especial.

 





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