Viernes, 20 enero, 2017

Un paraíso escondido en Granada | VÍDEO

Los Jardines de Siddharta cumplen su primer aniversario y han querido celebrarlo aunando cultura, gastronomía y automovilismo en un ambiente inundado de belleza y diseño

Cientos de asistentes se acercaron a los Jardines de Siddharta para celebrar su primer aniversario | Foto y vídeo: Javier Gea
Sarai Bausán García | @Sarai_Bausan


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La mirada de los presentes escudriñaba curiosa cada uno de los rincones del lugar. “¿Cómo hemos podido no venir nunca aquí? Si es maravilloso”, se escuchaba murmurar entre unos invitados cada vez más satisfechos por haberse desplazado hasta un emplazamiento que con su diseño y su presentación parecía sacado de un sueño lejano y paradisíaco. Con una vista que presentaba la mezcla perfecta entre juventud y sobriedad, los Jardines de Siddharta realizaban una celebración muy especial: su primer aniversario.

Así, gastronomía, música y motor se hacían uno dejando maravillados a los asistentes por haber hallado en “su Granada” un lugar tan espectacular como el que se presentaba ante sus ojos.

Con la llegada de la noche más profunda, la estancia recobraba una belleza casi mística. Colores y luces danzaban por los jardines del lugar confiriéndole un aspecto que lograba alcanzar el sueño de cualquier amante del diseño: un aspecto sencillo y cuidado que invitaba a perderse entre las ilusiones de sus rincones. Cascadas incesantes, palmeras inalcanzables y jardines repletos de los tonos más vivos hacía que el ambiente se convirtiese en uno distendido y elegante del que los asistentes no se querían desprender.

Y presidiendo todo ello se encontraban los coches de alta gama proporcionados por Nucesa. Así, el plata y blanco de las mejores carrocerías impregnaban los pensamientos de los asistentes, que no dejaban de comentar la necesidad imperante que les conmovía el querer hacer suyo no solo la estancia sino también uno de esos preciados coches.

Las conversaciones distendidas y joviales se iban incrementando con el baile de las bandejas repletas de los platos más exquisitos. “Nos parece un sitio precioso. Han acertado tanto con la música como con la comida -que está riquísima- y encima el estar al aire libre en noches como ésta es un plus porque podemos disfrutar del buen clima y de las maravillosas vistas. Estoy deseando tener un evento para celebrarlo aquí”, mostraba Ariadna, una de los asistentes a la celebración.

Pero para un momento tan importante como un primer aniversario, los fundadores de Jardines Siddhartha, Víctor de la Rosa y Juan de Dios Gómez, querían hacer del día uno especial y distintivo que mostrase la verdadera esencial del lugar: la innovación mezclada con las raíces de su tierra.

“Como uno de los creadores de esta locura es un orgullo ver la acogida que está teniendo el evento. En este día celebramos no solo que cumplimos un año, sino que ha sido un año realmente bueno. Así que lo único que buscamos es que todo el mundo se apunte a la fiesta”, señalaba Victor de la Rosa.

Y así fue. Con el paso de las horas, los jardines se encontraban cada vez más abarrotados. Los espacios libres se reducían. Los platos, desaparecían.Las sonrisas que enmarcaban las caras de los allí presentes se imponían con el uso de una de las exposiciones que se encontraban en el lugar: los tocados creados por Mar Cano. Ninguna de las presentes quiso perder la ocasión de ataviarse con una de las creaciones de la granadina para hacer de la estancia una aún más divertida y llena de juventud.

Y, de repente, todo se apagó. “¿Qué ha pasado? ¿Y ese humo?”, decían los asistentes inquietados por la situación. La música cambió de tercio. Los ritmos más callejeros empezaron a resonar por los altavoces. Y, de la nada, aparecieron. Rodeando a los maravillosos coches que adornaban la estancia se distribuían los bailarines de la compañía Regaliz haciendo que los presentes vieran en la imposibilidad de dejar sus pies sin mover.

Todos los asistentes estaban de acuerdo: con esta mezcla de sensaciones habían conseguido el objetivo que, tal y como mostraba Juan de Dios Gómez, perseguían: “hacer cosas distintas sin perder nuestras raíces mediterráneas”.

Así, con el sabor de una sensación hasta antes nunca vivida, los asistentes fueron despejando el lugar. Daba igual su edad, su procedencia o sus gustos personales, todos estaban de acuerdo: ésta velada había sido única que necesitaban volver a revivir.

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